Barrera baja, una obra que aborda las dicotomías políticas y las resignifica con rigor

Escrita por Ricardo Halac y dirigida por Lizardo Laphitz, la propuesta se inscribe en la tendencia de ahondar en las contradicciones históricas que cruzan las distintas generaciones
Escrita por Ricardo Halac y dirigida por Lizardo Laphitz, la propuesta se inscribe en la tendencia de ahondar en las contradicciones históricas que cruzan las distintas generaciones Crédito: Patricio Pidal/AFV
Alejandro Lingenti
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11 de agosto de 2018  

El pasado como huella indeleble. Ese es el asunto que disparó la dramaturgia de Barrera baja, la obra escrita por Ricardo Halac y dirigida por Lizardo Laphitz que acaba de estrenarse en El Método Kairós (El Salvador 4530) con funciones los jueves, a las 21. Pero la revisión de aquello que ya ocurrió y es irremediable puede servir para construir un futuro distinto.

Es tan fuerte la convicción de estos dos artistas que ya acumulan cuatro trabajos teatrales en sociedad, que ahora pensaron en una historia ambientada en los 90, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, cuando los countries empezaban a ponerse en boga en la Argentina. En uno de esos espacios privados y rigurosamente vigilados se desarrolla la trama de Barrera baja, protagonizada por un exguerrillero que no termina de encontrar su lugar en un país con nuevas reglas y que para colmo se enreda en un intenso conflicto con su exmujer y su hija, una adolescente con la que tuvo durante años un contacto demasiado espaciado.

"Me acuerdo de cuando lo derrocaron a Arturo Illia, en 1966. Era un país sin desocupación ni deuda externa y con mucha libertad -dice Halac, veterano dramaturgo que escribe teatro desde los 60-. Yo tenía 31 años y no podía creer que a los jóvenes se nos bajara de ese modo una enorme barrera. Porque eso representaba la llegada al poder de un militar arrogante e inepto como Onganía. A partir de ahí, la Argentina empezó a caminar para atrás, como los cangrejos".

Protagonizada por Adriana Bernardotti, Alejandro Holm, Ariel Leyra y Tamara Liberati, la obra pretende, en palabras de Laphitz, "evitar los juicios y, en cambio, exhibir los resultados de aquellas experiencias políticas para que podamos volver a pensarlas, para ver con más claridad los errores que se cometieron".

Aun cuando ha sido un tópico recurrente en obras, películas y libros producidos en la Argentina en los últimos años, Halac sostiene que "este tipo de historias siguen escondidas bajo la alfombra". Para él, "ocultar el pasado siempre es un problema, y es justamente uno de los principales que sufre el protagonista, que a su vez niega el futuro de su hija. La obra reflexiona sobre el pasado y el futuro: nos preguntamos otra vez por qué existieron las organizaciones armadas simplemente porque ese interrogante sigue abierto".

Los desencuentros entre los integrantes de esa familia cargada de problemas que presenta Barrera baja delatan un conflicto irresuelto que a veces roza los límites del grotesco: "Son personajes con ideologías y formas de ver la vida completamente distintas -remarca Laphitz-. Pero en la obra hay más de una situación absurda que dispara el humor, aun cuando el tema es muy serio y muy dramático. No bajamos línea, contamos algo que ocurrió. Nos preguntamos qué paso con los ideales y las ilusiones de aquellos que fueron parte de un notorio fracaso".

Feliz con la respuesta inicial que obtuvo la obra (la demanda de entradas para las primeras funciones es alta), Halac insiste en la necesidad de abrir el debate: "Hay una frase muy famosa del filósofo estadounidense George Santayana: 'Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla'. Los argentinos debemos seguir preguntándonos por qué existió la fantasía del socialismo y por qué hubo jóvenes que para imponer sus ideas tuvieron que tomar las armas. Yo entiendo que Juan Domingo Perón tuvo una responsabilidad importante en este tema, porque él durante años alentó y protegió a las organizaciones armadas y más tarde, sin permitir ninguna discusión al respecto, las anuló, las borró de su movimiento político".

La convicción de que el teatro es una herramienta eficaz para reelaborar estas problemáticas tiene para Halac un fundamento histórico: "En su origen, el teatro funcionaba como un tribunal -explica-. Los griegos tenían un coro que opinaba sobre lo que iba sucediendo en escena y el público estaba en el escenario. Es evidente que el teatro fue siempre un espacio para reflexionar en sociedad, ese es su verdadero espíritu".

Laphitz comparte esa idea y apunta a la buena respuesta que viene obteniendo la versión de Un enemigo del pueblo, clásico del noruego Henrik Ibsen que se estrenó en el Regio y ahora tiene funciones en el Teatro Maipú de Banfield, como una señal de interés por este tipo de obras atravesadas por la política. "En esta época de gran intolerancia con los que piensan diferente, es muy oportuno estrenar una obra como Barrera baja -analiza el director-. Si no nos animamos a terminar con la rivalidad permanente, con este enfrentamiento que parece exportado del fútbol, no vamos a avanzar nunca. Ojalá esta obra sea un aporte en ese sentido".

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