Del Potro ya es el primero de los humanos

Sebastián Fest
Sebastián Fest LA NACION
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10 de agosto de 2018  • 18:45

No hay dudas de que Juan Martín Del Potro lo entenderá bien: en aquellos días en que conquistaba el tercer peldaño del ranking mundial, el español David Ferrer tenía una respuesta estándar a la inevitable pregunta acerca de cómo se sentía en esa posición. "¿Qué cómo me siento? Como el mejor de los humanos. Soy el primero de los humanos, porque Roger y Rafa son de otro planeta".

Pasaron cinco años de aquello y Roger y Rafa, es decir, Federer y Nadal, siguen arriba. El español como número uno y el suizo de escolta. Estuvieron, se fueron y volvieron. Ferrer ya no está en ese nivel, perdido en el puesto 69 del ranking mundial a los 36 años. La novedad es Del Potro, que de novedad tiene poco: en pocas semanas celebrará el noveno aniversario de su hasta ahora único título de Grand Slam, el US Open 2009.

Pero lo de Del Potro tiene algunos puntos de contacto con lo que le sucedió en estos años a Nadal y Federer, él también se fue y volvió, aunque, a diferencia de los dos mejores, creyó seriamente que nunca más volvería a jugar. Número tres del ranking desde el próximo lunes, tiene derecho a que se le erice la piel al mirar hacia atrás. No sólo hacia atrás en su carrera, en su vida: también en el contexto del deporte argentino.

Acaba de terminar un Mundial de fútbol en el que la Argentina se fue en octavos y cayó tanto con Croacia como con Francia, el finalista y el campeón. "Somos terceros", fue la broma amarga de muchos ante una selección que terminó décimo quinta, pero mucho más hundida en ese ranking que toma en cuenta otros aspectos clave además del resultado. En el fútbol se puede, al fin y al cabo, ganar sin ser el mejor. Sucedió en Italia 90, con el inolvidable 1-0 de la Argentina sobre un Brasil que la estaba arrasando en juego. Y al final, aquella selección fue segunda, fue subcampeona. ¿Era la segunda mejor selección del mundo? Seguramente no. ¿Lo era la subcampeona de Brasil 2014? Mucho más fácil decir que sí.

El tenis es diferente: es muchísimo más improbable ganar un partido que se mereció perder, casi siempre gana el mejor. Y no se llega al tercer puesto del ranking mundial de casualidad. Ahí estuvieron David Nalbandian y Guillermo Coria, también Gabriela Sabatini, y obviamente Guillermo Vilas, que llegó a ser segundo y tiene buenos argumentos para que eventualmente un día se le reconozca que durante un período fue el mejor de todos.

Pero no pudo ser tercero José Luis Clerc, no pudo serlo Gastón Gaudio, como tampoco el resto de La Legión. Ser tercero, en el deporte, implica subirse al podio, estar apenas un escalón por debajo del segundo y dos del tercero. Se es parte de la foto, se es parte de algo muy grande, mucho más si se habla de un jugador que, en febrero de 2016, solo 30 meses atrás, ocupaba el puesto 1.045 del ranking.

¿Qué viene ahora? Cualquier humano de 29 años que les esté respirando en la nuca a dos tipos que no son humanos sueña con más. Y mientras la muñeca descansa y se recupera, se acerca el Abierto de Estados Unidos. Del Potro ya sabe lo que es saltar de dimensión para ganarle en ese mismo torneo a Nadal en semifinales y a Federer en la final. Propio de un extraterrestre, aunque ocupe el primer escalón de los humanos.

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