Por qué Claudio Chiqui Tapia todavía no entendió lo que es presidir la AFA

Claudio Tapia durante el Mundial, en la concentración argentina
Claudio Tapia durante el Mundial, en la concentración argentina Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco
Claudio Cerviño
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10 de agosto de 2018  • 20:32

Las imágenes se cruzan en cuestión de minutos. Contrastan. Ambas provienen de Gran Bretaña y están relacionadas con la Argentina.

Se lo ve algo contrariado a Marcelo Bielsa en la conferencia de prensa cuando su traductor, que debe estar viviendo una de las experiencias más increíbles de su vida, le traslada la inquietud de los periodistas. El asistente le aclara una y otra vez. El tema, insólito, es el taburete donde el DT rosarino a cargo del Leeds se sienta a ver los partidos. Le explica, haciendo un enorme esfuerzo por no soltar una sonrisa, que la gente está sorprendida y que habla del taburete. Y le consulta a Bielsa qué piensa sobre eso. "¿Qué me parece que la gente hable mucho del taburete? Me sorprende", responde. Todos sonríen. Son las preguntas a las que está expuesto un entrenador cuyos movimientos o actitudes disparan extrema curiosidad en aquellos que todavía no le tomaron el pulso.

En otra rueda con los medios, el afamado Pep Guardiola , con desafíos mayúsculos con Manchester City en la Premier League y en la Champions League , cambia el semblante cuando Sam Lee, de Goal.com, lo interroga sobre los dichos del presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia , acerca de lo caro de sus servicios, del contacto que se hizo desde la entidad argentina para proponerle ser el sustituto de Jorge Sampaoli . "Estoy decepcionado con Tapia por haber hablado de mi salario, de que no podía contar conmigo por lo que cobro. Para hablar de mi dinero, primero tienen que saber cuánto cobro. Nadie de Argentina se contactó conmigo ni con mi entorno. Tengo contrato aquí y quiero completarlo. El presidente de la AFA no sabe nada de mi situación. Por otra parte, dirigir una selección es diferente. Y el entrenador debe ser argentino. Hay muy buenos". Lapidaria respuesta de técnico que revolucionó el fútbol en los últimos tiempos. El que mejores respuestas en la cancha obtuvo de Lionel Messi, con 2 títulos de Champions League, 2 de Mundial de Clubes, 3 de Liga, 2 de Copa del Rey y 3 de Supercopa de Europa. Un palmarés que merece respeto. En todo sentido.

Lo que dijo Pep Guardiola

No es habitual que en una conferencia de prensa de un equipo europeo se hable de la AFA. Menos que se trate de mentiroso a su máxima autoridad. Días antes, Chiqui Tapia, por TyC Sports, cuando le preguntaron si realmente habían hecho gestiones por Guardiola, contestó con humoradas. "Muy difícil, billetera gorda", "Averiguamos, sí, lo hablamos; después bueno, había una imposibilidad muy grande", "Tenés que tener un buen respaldo". No eran frases de quincho, post asado con amigos, sino de una entrevista televisiva en la era de las redes sociales.

Guardiola gana mucha plata, entre 18 y 20 millones de euros por año, según publicaron medios ingleses. Si hay dueños de clubes poderosos que se lo paguen, hizo méritos. Es más que un técnico de fútbol: hasta brinda charlas a empresarios. Es un gentleman, altamente capacitado y con inquietudes que van más allá de una cancha.

La AFA arrastra enormes problemas en diferentes ámbitos. Los tenía con Julio Grondona y los sigue teniendo hoy. Estructuralmente está tratando de rearmarse después de la debacle del Mundial Rusia 2018 y la pulverización del semillero que hace más de 20 años armó José Pekerman con su grupo de trabajo. No necesita papelones internacionales dentro ni fuera de la cancha.

Desde que asumió su cargo, en marzo de 2017, ungido por los votos del ascenso, Tapia está acomodándose a un hábitat superior cuyo cénit es Messi. Fútbol argentino, con sus avatares. Lo que le acaba de suceder con Guardiola no es casual. No es la primera vez que no entiende el escenario.

Tapia puede decir hoy "el DT es Bauza" y echarlo a las 24 horas. Puede expresar "Sampaoli tiene contrato" y paralelamente forzarlo a irse, hasta directamente resolver su salida cuando advirtió que no renunciaría. Es quien conduce la AFA y en todo caso sus procederes le otorgarán credibilidad o lo transformarán en un hombre de palabra relativa. Lo que no puede, aún hoy, con 50 años, es desconocer el escenario. Ya le pasó cuando se mostró en selfies en el cumpleaños de Tevez la noche del polémico Boca-San Lorenzo. Le volvió a pasar cuando, al justificar la no participación del seleccionado en el amistoso en Israel por pedido de Sampaoli y el plantel encabezado por Messi, habló de su contribución con "la paz mundial". Le pasa cuando se viste con la ropa del seleccionado sin ser jugador. Es dirigente.

Que un entrenador de la talla de Guardiola pierda 2 minutos de su vida desmintiendo públicamente en Europa, a los ojos del mundo, una ocurrencia del presidente de la AFA es un mazazo que el fútbol argentino no necesitaba. Nunca, en rigor. Pero especialmente en este momento, cuando está como un boxeador groggy, tomándose de las cuerdas y tratando de recuperar la vertical.

La prioridad N° 1 de Tapia no debe ser Guardiola, sino comprender de una vez por todas el escenario en el que toca transitar: el de ser presidente de la AFA.

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