Los directivos de Electroingeniería quedaron divididos: Neira se arrepintió; Ferreyra, no

Gerardo Ferreyra, socio de Electroingeniería
Gerardo Ferreyra, socio de Electroingeniería
Ambos declararon ayer ante el juez Bonadio, pero siguieron estrategias diferentes
Hugo Alconada Mon
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11 de agosto de 2018  

A contracorriente del tsunami empresario que buscó "arrepentirse" en masa ayer, Gerardo Ferreyra, uno de los socios de Electroingeniería, la firma cordobesa de notable expansión durante el kirchnerismo, mantuvo su posición. Declaró ante el juez federal Claudio Bonadio durante horas, pero no se plegó al régimen del "imputado colaborador".

La decisión de Ferreyra contrastó con el camino que siguió ayer mismo uno de sus principales lugartenientes en la empresa, Jorge Guillermo Neira, quien sí arribó a un acuerdo con el fiscal Carlos Stornelli para convertirse en arrepentido y contar lo que sabe en la investigación sobre los cuadernos de la corrupción , lo que ahora deberá ser aprobado por el juez Claudio Bonadio.

El exchofer del Ministerio de Planificación Federal, Oscar Centeno, anotó en sus cuadernos que Neira, por ejemplo, le entregó dinero a Roberto Baratta, la mano derecha del entonces ministro Julio De Vido, en septiembre y octubre de 2008, como así también en agosto de 2013, mientras que las alusiones a Electroingeniería, por su domicilio, se acumularon.

Por el contrario, Ferreyra se mostró firme, según adelantaron sus allegados a LA NACION. Tal y como se mostró ante las cámaras de televisión, la madrugada del 2 de agosto, cuando tras pasar su primera noche detenido, lo trasladaron a los tribunales federales de Comodoro Py.

"No hubo sobreprecios. Jamás pagué coimas. Estoy fiscalizado por la máxima autoridad de la AFIP", dijo mientras dos policías lo escoltaban.

"No pagué coimas. Es un show mediático", desafió, al punto de que antes de subirse al auto discutió con uno de los policías que lo custodiaban: "¡No me empuje! Ustedes me pusieron delante de los periodistas".

Militante de izquierda forjado en los años 60 y 70, Ferreyra fue varias veces detenido por la policía y pasó años en prisión durante la dictadura, donde afrontó vejaciones, según él mismo solía recordar.

Ya como vicepresidente y socio de Electroingeniería, la empresa logró expandirse durante la última década, cuando llegó a facturar millones de dólares al año en obra pública y se expandió a otros rubros, como los medios de comunicación, y a ocupar el sillón más importante de Transener, la administradora de las redes eléctricas de alta tensión en todo el país, que luego debió vender

En la cárcel, Ferreyra conoció al luego secretario de Legal y Técnica durante la presidencia de los Kirchner, Carlos Zannini, y fue allí donde aprendió varias lecciones de vida: "Me enseñó dos cosas. Salvo una muerte, nada de lo que te pueda pasar en libertad es peor que estar en la cárcel. Y como estuve mucho tiempo mirando una pared, aprendí a llevarme bien conmigo mismo. Era eso o volverme loco".

Décadas después, Ferreyra volvió a dormir tras las rejas, pero mantiene la misma actitud, aunque pidió licencia como director y vicepresidente de la compañía.

"Tomo esta decisión a fin de evitar que los ataques y las acusaciones de las que estoy siendo objeto en el orden personal trasciendan a Electroingeniería SA, que no ha sido sometida a proceso y que me ha honrado con dichas designaciones", argumentó Ferreyra en la nota dirigida desde el lugar de su detención al presidente de la empresa, Osvaldo A. Acosta, y se remitió a la Comisión Nacional de Valores.

Ayer, transcurridos nueve días desde su detención, y a diferencia de otros empresarios, que jamás pasaron por una celda, Ferreyra mantuvo su posición ante el juez Bonadio.

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