Claudio Biaggio da pelea en San Lorenzo pese a que le venden jugadores hasta horas antes del debut

Claudio Biaggio, un piloto de tormentas en San Lorenzo Fuente: FotoBAIRES
10 de agosto de 2018  • 23:47

Claudio Biaggio logró imprimirle a San Lorenzo uno de sus genes más importantes: el amor propio. En el debut con Tigre padeció dos goles en 11 minutos -volea de Menossi y definición de Federico González tras un error de Navarro-, pero no se dio por vencido. Empató en una ráfaga y volvió a ser superado. Es un equipo ciclotímico que aún no muestra una idea definida. Sí, un par de certezas: extraña las épocas doradas, ésas de Mercier y Ortigoza en el mediocampo. Allí donde acaba de perder a Piris da Motta. Al final, el 2-2 fue un alivio y un castigo. Todo al mismo tiempo, en una etapa de transformaciones.

Piezas de rompecabezas. Armar y desarmar. La técnica del ensayo y error, ese método heurístico que consiste en probar una alternativa y verificar si funciona. En eso anda Biaggio en estos días, tras la partida de varios jugadores.

Si hay algo que se le reconoce al DT es su tesón, su empeño, el afán por cumplir sus sueños. Para el Pampa, dirigir a la máxima categoría de San Lorenzo después de haber trabajado 11 años en sus divisiones inferiores significa un posgrado. Y a esa balanza en la que también se le discute el bajo nivel futbolístico del equipo habrá que añadirle una nueva cualidad: la paciencia. Ayer, mientras el director técnico ajustaba los detalles para el debut en la Superliga contra Tigre, volvió a sufrir una baja: se confirmó la salida de Paulo Díaz -uno de los futbolistas más regulares- a Al Ahli, de Arabia Saudita.

El Ciclón estuvo más pendiente de que se concreten algunas ventas que de la posibilidad de sumar futbolistas de renombre, exceptuando los casos de Ariel Rojas y Pablo Mouche. Varios de los que hasta hace poco conformaban la línea de fondo ya no están: Marcos Angeleri, Matías Caruzzo y Paulo Díaz. A eso habría que agregarle que el plantel ya no cuenta con Leandro Romagnoli, Juan Mercier y Facundo Quignon. Sin un Nº 5 de renombre, anoche Biaggio se las arregló con el juvenil Franco Moyano, de 20 años. Para ocupar ese espacio, mientras aguardan que Franco Mussis se ponga físicamente al 100 por ciento, arribó en las últimas horas Gerónimo Poblete, el exfutbolista de Colón, que fue cedido a préstamo por Metz, de Francia. El resto son apuestas: Santiago González, que viene de jugar en Maipú de Mendoza, y Daniel Hernández, un volante creativo proveniente de Rionegro Águilas, de Colombia.

La dirigencia volvió a reflejar una posición que trajo fuertes contrapuntos con sus simpatizantes. Lo primero que se piensa es en vender para poder pensar en determinada incorporación. "No vamos a hipotecar la economía del club", le había asegurado Matías Lammens a la nacion semanas atrás. El negocio de San Lorenzo no solo pasa por desprenderse de varios de sus principales exponentes. También, aparece en el medio el sueño de la vuelta a Boedo. El mes pasado, el club le abonó a Carrefour la segunda cuota de un millón de dólares para la compra definitiva de los terrenos de Avenida La Plata.

Y mientras aparece una nueva grieta entre Boca y River por el cupo de extranjeros, lejos está San Lorenzo de preocupaciones como esas: con las partidas de Paulo Díaz y Robert Piris da Motta, su formación de anoche estuvo compuesta por once argentinos. Más allá de la tendencia, los dirigentes insisten en que la institución buscará formar un equipo competitivo para la triple competencia: Superliga, Sudamericana y Copa Argentina.

Mientras, Paulo Díaz ya es pasado. San Lorenzo recibirá tres millones de dólares por el 50% del pase que le pertenecía. Así, el polifuncional defensor volverá a ser dirigido por Pablo Guede, el entrenador que lo había pedido para el Ciclón. Un equipo que busca su destino.