Gilberto Gil: "No le tengo miedo a la muerte, pero sí tengo miedo de morir"

A los 76 años, la leyenda que revolucionó la música brasileña habla sobre su presente tras su enfermedad y el show que dará en el Colón
A los 76 años, la leyenda que revolucionó la música brasileña habla sobre su presente tras su enfermedad y el show que dará en el Colón
Gabriel Plaza
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12 de agosto de 2018  

Durante 2016 la vida de Gilberto Gil se vio conmocionada por el diagnóstico de una insuficiencia renal crónica que lo obligó a hospitalizarse en cuatro oportunidades. Tras su recuperación, el sabio de la tribu musical brasileña regresó a una etapa de hiperactividad: salió de gira con Gal Costa y Nando Reis; grabó canciones para un futuro disco de Roberta Sá; relanzó el disco Refavela de 1977; empezó un programa de televisión donde entrevista a figuras del medio brasileño; y grabó un álbum de nuevas canciones llamado Ok Ok Ok, que subió a las plataformas digitales.

"Estoy recuperado totalmente. Me siento bien. Los controles médicos demuestran que estoy viviendo normalmente. Esta es una etapa que quiero disfrutar de la oportunidad de estar vivo", dice Gilberto Gil con un tono calmo, del otro lado del teléfono, antes de su nueva visita para actuar el próximo lunes 20 en el Teatro Colón como parte del ciclo LN Cultura.

"Me sorprendió la propuesta y sentí un gusto muy grande por esta invitación a presentarme en el Colón. Tengo un cariño muy fuerte por el público de Buenos Aires y este es un teatro que tiene una riqueza muy grande para la vida cultural de la ciudad, con una historia muy larga de conciertos históricos. Para mí, poder llegar con mi música a este teatro es muy importante", cuenta el músico bahiano, que viene a presentar el espectáculo Voz e violão.

La última vez que Gilberto Gil estuvo en Buenos Aires fue en 2015 en el concierto Dos amigos. Medio siglo de música junto a Caetano Veloso. En esa oportunidad, durante una entrevista previa con LA NACION, el propio Caetano confesó que Gilberto Gil fue su maestro de la juventud. "Para mí Gil tenía toda la música en sí -dijo Caetano Veloso-. Yo admiraba cómo tocaba. Quería entender cómo secuenciaba esas posiciones en la guitarra y los sonidos en el oído que lograba. Así que aprendí más de musicalidad con él".

El artista nacido en Salvador el 26 de junio de 1942, hijo primogénito de Claudina Passos y el médico José Gil Moreira, tiene el don de la música desde los dos años, como le contó su madre. Gilberto marcó a sus contemporáneos gracias a una producción de sesenta discos y quinientas canciones que resumieron el sincretismo cultural de la música brasileña: los sonidos folclóricos del nordeste que introdujo Luiz Gonzaga; la revolución de la bossa nova de João Gilberto; la identidad afrobahiana; y la influencia pop y psicodélica The Beatles.

"Muchas canciones transformaron mi mundo y encaminaron mi música en varias direcciones. La música brasileña toda ella, con su riqueza del samba, el baión, el choro; los grandes maestros como Luiz Gonzaga y João Gilberto; y tantos músicos, instrumentistas del Brasil. También otras cosas internacionales como el tango, la música europea, italiana y la música americana con el rock y toda su presencia universal. Todo eso me tocó mucho y me continúa transformando hasta ahora", resume el artista.

A los 76 años, este ícono cercano a la leyenda, que revolucionó la música brasileña en la década del sesenta con el Tropicalismo, regresa con el espectáculo Voz e violão, donde despliega todo su arte minimalista, la sabiduría musical inmanente en la guitarra y esa forma de cantar que es la expresión de libertad de un país formado por esclavos, como señaló el poeta Oswald de Andrade. "Este es un concierto donde hago un repertorio de canciones que son más antiguas, temas más conocidos por el público y otras recientemente grabadas que son una novedad. Voy a mezclar todo, mi pasado y mi presente", adelanta el músico.

-¿Qué posibilidades le ofrece el formato de voz y guitarra?

-Cuando estás solo en el escenario con la voz y un instrumento sencillo como la guitarra todo es más directo y las canciones están más desnudas. Es como si estuviéramos haciendo la presentación de la misma forma en la que componemos y escribimos las canciones en nuestra casa. Como si la gente fuera parte de ese momento cuando nos llegan las palabras.

-¿De alguna manera se genera algo más ceremonial que evoca en el inconsciente cosas más antiguas como los bardos de la antigua Europa?

-Es probable. Esto evoca la intimidad y la relación cercana con el arte, a través de la voz y la guitarra. Trae viejas evocaciones de tiempos antiguos que están cerca de la ancestralidad y la tradición, pero también de la actualidad, del ahora, de lo que está pasando en nuestras vidas en ese momento que estoy cantando. Es como una instancia evocativa de varios tiempos y de varias dimensiones de la existencia al mismo tiempo.

-¿Que temática aborda en las canciones nuevas que adelantará en el Colón?

-Son canciones que compuse cuando volví a la actividad plena después de un tiempo de hospitalización. Durante 2017 aparecieron todo un grupo de temas que son reflexiones sobre la vida, la salud, los afectos y que conectan con varios modos de ver a las personas que me rodean. En diez días había compuesto ocho canciones nuevas y después compuse otras cuatro. El repertorio del disco ya estaba hecho. Lo único que tuvimos que hacer fue grabarlo y ya teníamos un álbum listo para salir.

-El tema de su hospitalización le dio un contacto con la cercanía de la muerte. ¿Qué reflexión le generó esa situación?

-Ya había escrito sobre ese tema en "Não tenho medo da morte", donde aparecen estos sentimientos sobre el pasaje a la muerte, sobre la finitud y las dificultades que tenemos de lidiar con estas cosas.

-El primer verso de esa canción es muy valiente. Dice: "No tengo miedo a la muerte".

-Uno relativiza el tema por este entusiasmo caluroso cuando tenemos vitalidad y hacemos como si la muerte no existiera y no fuera algo fundamental en la vida. Es verdad que no tengo miedo a la muerte, pero sí tengo miedo de morir, como dice la canción.

-Hay una frase de Caetano que decía que él no creía en Dios, pero creía en usted que creía en Dios. ¿Sigue siendo creyente?

-Eso ha cambiado un poco. En la vida de Caetano muchas situaciones en su vida lo hacen una persona más creyente. Al contrario, para mí, muchas visiones cerradas de concebir la divinidad y el mundo desconocido cambiaron. Me despegué mucho de esa dimensión clásica de Dios hacia otra cosa. Mientras Caetano ha llegado un poco más cerca de una creencia yo estoy más lejos de las creencias religiosas.

-Dentro del grupo de canciones nuevas más existencialistas aparece "Ok Ok Ok", que es una canción más política sobre la actualidad del Brasil

-Esa es una canción sobre la conmoción general que vivimos ahora en nuestro país y en todo el mundo, que forma parte de las grandes dificultades de las sociedades modernas y contemporáneas. Sobre todo en Brasil, donde las cuestiones políticas, sociales y económicas pasan de una manera dramática. Me puse a pensar sobre todo eso y a sentir estas cosas y como creo que debo hablar de ellas sin necesariamente hablar sobre ellas. Es hablar a la distancia de como me veo yo mismo frente a estos temas y especialmente también la nueva manera de reacción que el público presenta en las redes sociales, donde se propaga mucho odio.

-Hay una frase que dice: "Unos piden que grite, otros que me quede quieto". ¿Usted se siente un poco así?

-Es que a muchos de los personajes públicos de la música o de la cultura se les cobran las posiciones que toman en sus vidas y en sus expresiones. No es solo sobre mí, pero si lo que represento yo en el medio cultural intelectual brasileño.

-¿Cree que un artista tiene que tomar una posición desde el arte?

-Esto es muy relativo. Toda la gente que hace hip hop, que utilizan una poesía contundente para denunciar males sociales cumple esta función de lucha y participación directa. Para otras generaciones como la mía, que en otros tiempos participamos de esas luchas, somos un poco más reflexivos y más intimistas. Hay otras cosas en la vida que ocupan nuestros espacios psíquicos, nuestra alma, nuestro interior y que cabe representarlas en la música que hacemos y que son territorios más personales.

-¿Que cosas son las que ocupan su cabeza hoy?

-Ya tengo 76 años de edad y empiezo a encontrarme con mi vejez. Ese es un lugar muy importante de mi vida personal, la vida de la casa, con la familia, los hijos, los nietos, los amigos. Esto ocupa mucho los pensamientos y las emociones de alguien como yo. Un artista es todo, entonces mi música debe ser en parte personal.

-El otro día subió a cantar en el Festival Lula Libre con Chico Buarque. ¿Por que sintió que tenía que hacerlo?

-Subí con muchas ganas a cantar porque soy un ciudadano con sus deberes políticos y sociales de representar sentimientos colectivos desde el arte. En Brasil hay un sentimiento muy fuerte de solidaridad. Una gran parte de la población brasileña se conmueve con la situación del expresidente Lula. Hay gente que siente que tiene que defenderlo y apoyarlo. Por eso lo hice.

-Dijo en una entrevista que confiaba en el poder transformador de las canciones. ¿Qué impacto tiene para usted una canción hoy?

-Ese es un rol natural de las artes. Especialmente en la música, que es un arte de vibración inmediata y de un alcance directo que toca las cabezas y los corazones y que trata sobre las emociones. En la música la potencialidad transformadora es inmediata y actúa en las personas. Despierta sentimientos, formas de pensar nuevas y es natural que así sea. La acción del arte siempre es transformadora.

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