¿Y si Scioli fuera presidente ahora?

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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12 de agosto de 2018  

Varios episodios trascendentales, que tuvieron lugar la semana pasada, difícilmente se habrían producido si hubiese ganado las elecciones Daniel Scioli, en lugar de Mauricio Macri.

La mayoría de ellos sucedieron en el ámbito judicial: la condena a Amado Boudou, por el caso Ciccone, y las derivaciones en curso y cada vez más espectaculares por los cuadernos de las coimas que LA NACION reveló. Fundamentalmente, el inédito desfile de poderosos empresarios por los tribunales federales de Comodoro Py, las explosivas declaraciones autoincriminatorias del exjuez Norberto Oyarbide; el primer reconocimiento por parte de un relevante miembro del staff del gobierno anterior, Juan Manuel Abal Medina, de haber recibido dinero negro y las detenciones anteanoche de exfuncionarios kirchneristas y de otros relevantes empresarios.

Aparte de todo lo anterior, otro poder del Estado, el Legislativo, fue foco casi excluyente de la atención de la opinión pública durante el miércoles, y hasta la madrugada del jueves, con el rechazo, por parte del Senado, de la media sanción de Diputados al proyecto de legalización del aborto.

Cuál habría sido la dinámica concreta de ser hoy presidente Scioli es imposible precisarlo, simplemente porque no sucedió, pero se puede deducir que si Cristina Kirchner y sus huestes hacen sentir con fuerza sus distintas estratagemas de hostilidad hacia la gobernabilidad de Mauricio Macri, no es difícil imaginar que de haberle dado el exgobernador bonaerense el triunfo al Frente para la Victoria, la presión de la expresidenta y actual senadora habría sido tal vez mucho mayor y desde adentro. ¿Podría haberse establecido una relación similar a la desigual y tóxica que ejerció, en 1973, Juan Domingo Perón sobre el fugaz presidente Héctor J. Cámpora, que solo pudo mantenerse en la cumbre del poder apenas 49 días? Nunca lo sabremos.

¿Habría Scioli abierto, como presidente, el debate del aborto? Consta que como legislador votó en junio a favor de su legalización en Diputados. Pero a cargo del Estado, ¿habría mantenido el statu quo en esa materia para no dejar mal ni contradecir lo que había hecho su jefa como presidenta? Como es público y notorio, la ahora senadora, que mañana será indagada por la causa de los cuadernos, esta vez votó a favor de la legalización del aborto, algo que evitó en sus ocho años de gobierno, aun cuando contaba con mayorías legislativas absolutas propias para imponerla.

Y la Justicia Federal, habitualmente tan sensible a la impronta del Poder Ejecutivo de turno, ¿habría estado menos briosa en la causa que llevó tras las rejas a Boudou? ¿Hubiese llegado a la sentencia? ¿Y se habría animado, en ese caso, a dictarle la prisión de inmediato cumplimiento como sucedió ahora en cuanto se dio a conocer la condena?

El distinto clima de época que habría inspirado Scioli, con un kirchnerismo más empoderado y amenazante, tal vez hubiese inhibido por temor a Jorge Bacigalupo a entregarle los minuciosos cuadernos del remisero Oscar Centeno a Diego Cabot. Pero de haberse dado, de todos modos, esa situación, ¿qué habría hecho Cabot?

Le planteo al colega ese ejercicio contrafáctico con la condición de que me conteste lo primero que se le venga a la cabeza al respecto. "Centeno habría seguido siendo chofer de Baratta", responde con enorme sentido común.

Arremeto: pero sí, de todos modos, los cuadernos hubiesen llegado a tus manos, ¿los habrías llevado finalmente a la Justicia? Piensa unos segundos. "Me habría costado más -me responde-; se hubieran potenciado mucho las dudas que tuve". ¿Y qué es lo que cambió tanto ahora?, insisto. Respuesta: "Que una cosa es tener el poder y la plata y otra muy distinta es contar solo con la plata. Sin poder, las lealtades se resquebrajan".

Un colega que prefiere el anonimato, y que escucha la conversación, deja caer otro atendible razonamiento: "Cristina no entregó a nadie, pero Macri ya entregó a su primo". Aludía a Ángelo Calcaterra, que se presentó espontáneamente el lunes, reconoció pagos y quedó libre. Más que entregarlo, el Presidente no interfirió en el libre devenir de los acontecimientos aun con todo el cariño que dice que le tiene. "A mi primo lo quiero mucho y lo puedo entender, pero yo no puedo meterme", deslizó Macri el fin de semana anterior cuando Calcaterra se aprestaba a declarar.

Durante la teórica presidencia de Scioli, ¿se hubiese desarmado el circuito de sobreprecios en la obra pública? ¿Se habría asistido al desfile de empresarios privados reconociendo pagos indebidos? Pregunta incómoda para los poderes actuales (Judicial y Ejecutivo): los pagos bajo cuerda "para las campañas", ¿se dirigían exclusivamente hacia el kirchnerismo? ¿Ni un peso, siquiera de Calcaterra, para la campaña de su primo?

Queda una noticia trascendental más de la semana en el tintero: los nuevos brincos del dólar y la trepada del riesgo país. ¿Habría Scioli podido conjurar la nueva "tormenta"? El temblor de los mercados emergentes, ocasionados esta vez por el desplome de la lira turca, también lo habría afectado. Cómo lo hubiese encontrado parado respecto del cepo, los holdouts, las tarifas y el financiamiento eficiente del Estado quedará para siempre como una incógnita.

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