Insistir en el error

En vez de procurar la reforma de la Constitución de Santa Fe en su beneficio, el gobernador debería acatarla y ocuparse de luchar contra el narcotráfico
En vez de procurar la reforma de la Constitución de Santa Fe en su beneficio, el gobernador debería acatarla y ocuparse de luchar contra el narcotráfico Fuente: Archivo
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12 de agosto de 2018  

El gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz , señaló que impulsará la reforma constitucional de su provincia hasta el último día de su mandato. Y no declinó su intención de buscar una reelección que la actual Constitución no le permite, aun cuando aclaró que ese no es el objetivo más importante. Sin embargo, apremiado por el calendario electoral, su partido ya convocó a una sesión especial de la Legislatura para tratar ese cambio el próximo 29.

Resulta penoso que el mandatario santafesino no valore una Constitución como la de su provincia, que en lugar de objetarse debería ser cumplida y reivindicada, al igual que la de Mendoza, por escapar de una corriente que instaló una ola de reelecciones que resultaron nefastas detrás de planteos supuestamente progresistas y modernizadores.

Como hemos señalado en otras oportunidades, las sabias constituciones de Santa Fe y de Mendoza, que no permiten la reelección inmediata de los gobernadores, no deberían ser reformadas, sino imitadas.

Está visto que prácticamente todas las reformas constitucionales que han tenido lugar en la Argentina en los últimos tiempos han tenido un objetivo central, que no fue otro que permitir una reelección inmediata que hasta entonces no estaba contemplada en las respectivas cartas fundamentales. El resto de las reformas fue casi siempre un pretexto para justificar aquel propósito fundante.

Lamentablemente, las constituciones son para algunos dirigentes políticos una suerte de juguete en el que se mueven simples ambiciones personales de quienes aspiran a eternizarse en el poder. Por el contrario, las constituciones deben servir para limitar a los gobernantes en el ejercicio del poder y las tendencias personalistas que tanto daño le han hecho a nuestra república. Nuestros problemas no radican en nuestras cartas fundamentales: más allá de las conceptualizaciones estilizadas, lo que muestra la realidad es la formidable transferencia de recursos de los sectores productivos a la política, cuyos representantes han florecido a todas luces en términos de ingresos.

Antes de pensar en modificar la ley, habría que cumplirla. Lo revolucionario en un país con una fuerte patología sociocultural de anomia sería cumplir la ley de una vez por todas.

Sería deseable que el primer mandatario santafesino archive un proyecto reformista que ni siquiera parece gozar de consenso suficiente y deje de insistir en el error. Especialmente en momentos en que su provincia atraviesa una ola de atentados originados en grupos delictivos asociados al narcotráfico. Nada de lo que está pasando en Santa Fe actualmente ni la lucha contra el crimen organizado se resolverá con reformas constitucionales, sino con políticas de Estado sustentadas en la madurez de su clase política y en la indispensable búsqueda de consensos.

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