Un partido que la Superliga debería esconder

Claudio Mauri
Claudio Mauri LA NACION
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12 de agosto de 2018  • 22:33

El pésimo estado del campo de Huracán lleva más de un año, desde los recitales durante seis noches de la Renga. En alguno de ellos, la lluvia ablandó el terreno y las estructuras de los escenarios provocaron hundimientos. El destino a veces juega con el doble sentido: justo la Renga dejó un terreno que no se puede transitar normalmente para jugar al fútbol, en el que es más fácil doblarse un tobillo que acertar un pase. La pelota no se desliza, va a los saltitos. Los jugadores se resbalan. La arena frena al balón en algunos sectores. Un aspecto tan deplorable como cuando pasó el seleccionado para despedirse antes del Mundial.

Si la Superliga quiere presentar un producto refinado debería ponerse seria con anomalías de esta naturaleza. No solo importan las cuentas de los clubes, sino también las imágenes que la TV lleva a todo el mundo. La pretensión de ganar nuevos mercados será imposible con canchas así, que afean aún más los partidos. La Superliga debe esconder estos 90 minutos porque no le servirán para ganar ni un cliente más. Así como está la cancha de Huracán, solo les conviene a los empresarios que organizan recitales.

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