La estación espacial china: secretos de la base en Neuquén

Tras las idas y venidas que tuvo el convenio bilateral, el proyecto para explorar la Luna está en funcionamiento pese a las dudas sobre sus objetivos
Alan Soria Guadalupe
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13 de agosto de 2018  

A 20 kilómetros de la estación espacial china en Neuquén está Bajada del Agrio, un pueblo de apenas 2000 habitantes que ya no es el mismo desde que la potencia mundial se instaló en el medio de la nada y construyó una antena de última tecnología para observar el espacio.

Pese a la "curiosidad inicial" que generó allí el proyecto y a las dudas sobre los fines pacíficos o militares que llegaban desde el debate político de Buenos Aires, en el pueblo hoy mantienen un vínculo cercano con los chinos y afirman que la economía local se activó como nunca.

Las cenas compartidas con los vecinos en las casas del pueblo, las visitas del intendente a la estación espacial, el intercambio de obsequios y hasta la celebración conjunta del Año Nuevo chino cubrieron las sospechas y la incertidumbre con un manto de conveniencia y aceptación mutuas.

El intendente Ricardo Fabián Esparza, de Kolina (el partido liderado por Alicia Kirchner, dentro de Unidad Ciudadana), repite con insistencia que los chinos son "fiables" y que con ellos existe una "relación bárbara", que se nutre con la ayuda de un traductor al que bautizaron Domingo luego de los intentos fallidos para recordar -y pronunciar- su nombre chino. El funcionario cuenta efusivo en diálogo con LA NACION que visitó la estación incontables veces, que los técnicos tienen una residencia amplia allí, un gimnasio con cancha de básquet y hasta mesas de ping-pong.

Esparza también asegura que hoy no hay preocupaciones con respecto a la actividad en la estación, pero con un tono difícil de distinguir entre broma y advertencia sostiene que "con esa antena, si ellos quieren, ahora saben qué pasa hasta en tu casa".

Los cambios que produjo en su entorno la estación china, la primera construcción de ese tipo en la Argentina y que demandó una inversión de US$50 millones, no se dieron sin antes generar preguntas, rechazos y sospechas que aún hoy se mantienen vigentes no solo entre algunos vecinos de Neuquén, sino también en esferas políticas, diplomáticas y académicas.

Desde el gerenciamiento de la estación, que depende en una última instancia del ejército chino, y la tecnología "dual" de la antena -tiene la capacidad técnica para ser usada con fines militares- hasta las conjeturas geopolíticas sobre el avance de Pekín en América Latina por la aparente inacción de Estados Unidos en la región y las incógnitas sobre el presunto acuerdo secreto entre el gobierno de los Kirchner y el del Partido Comunista, el misterio detrás de la estación con la que China quiere monitorear el lado oscuro de la Luna todavía no encuentra una respuesta que deje conformes a todas las partes.

La preocupación de Estados Unidos sobre la presencia china en la Patagonia quedó expuesta hace pocas semanas en un extenso artículo de The New York Times, en el que se califica a la estación espacial como un símbolo de los planes de Pekín "de asentarse en la región" a través de una estrategia "celebrada por algunos y temida por otros".

Más allá del juego de mesa por el que a veces puede ser entendida la geopolítica, la principal preocupación en torno de la gigantesca antena de 35 metros de diámetro, 16 pisos de altura y 450 toneladas de peso que se levanta al noroeste de la provincia es la capacidad que el ejército chino tiene no solo para investigar los cuerpos celestes, sino también todo lo que orbita debajo.

"Ahí no hay un arma, pero sí está la tecnología para que se sepa qué satélites hay dando vueltas sobre el hemisferio sur y cuáles son sus recorridos. Y entre esos satélites están los de Estados Unidos también", explican en el Ministerio de Defensa, donde, sin embargo, aclararon que el Convenio sobre Cooperación Científica y Técnica que firmaron los gobiernos de la Argentina y de China -y que fue aprobado por el Congreso- especifica hoy que la estación debe ser utilizada únicamente con fines pacíficos.

"China tiene un programa lunar ambicioso y bien orientado hace años. Pero es muy difícil saber qué está observando. Se necesitaría hacer contrainteligencia", agregan.

Sin embargo, la hipótesis del uso militar no es compartida por algunos académicos. "No hay que ser exagerado. Hay algunos funcionarios del Departamento de Estado que mantienen un discurso de preocupación y de desconfianza históricas [frente a lo que hace China], pero actualmente la política hacia América Latina con Donald Trump se basa más en lo que pasa, por ejemplo, en la frontera con México", sostiene el profesor de Geopolítica de la UBA Julio Burdman.

Idas y venidas del acuerdo

El convenio que se firmó en la era kirchnerista y que aprobó el Congreso en febrero de 2015 fue renegociado en parte por el gobierno de Mauricio Macri. Poco después de asumir, el Presidente les encomendó a la entonces canciller Susana Malcorra y al embajador argentino en Pekín, Diego Guelar, la tarea de negociar el agregado de un artículo que especificara los fines pacíficos de la estación. Los chinos aceptaron.

Sin embargo, algunos puntos del convenio aún están sujetos a interpretaciones.

El artículo 3°, por ejemplo, señala que el gobierno argentino "no interferirá ni interrumpirá las actividades normales que se lleven a cabo" en la estación, mientras que en el artículo 6° del documento al que accedió LA NACION se indica que la Argentina no tendrá responsabilidad por lo que ocurra en ese terreno de 200 hectáreas cedido a China por 50 años.

"El gobierno de la Argentina no se responsabiliza, nacional o internacionalmente, en razón de las actividades del gobierno de China en su territorio vinculadas al proyecto", dice el acuerdo, que agrega que Pekín "mantendrá indemne a la Argentina de toda obligación que surgiere de reclamos de cualquier naturaleza, a pedido e instancia de terceros, como consecuencia de tales actos u omisiones".

Una construcción futura

"Los avances geopolítico y geoeconómico chinos son observados atentamente y, con seguridad, intentarán por lo menos neutralizarlos, si no es que toman una posición más activa como es la base humanitaria estadounidense que se construirá en la misma provincia", dice a LA NACION Pablo Kornblum, economista especializado en relaciones internacionales.

Así como los chinos se asentaron en Neuquén, los norteamericanos también anunciaron que pondrán un pie en la misma provincia. El proyecto de instalar un Centro de Operación de Asistencia Humanitaria y Desastres Naturales financiado por el Comando Sur (dependiente del Departamento de Defensa de Estados Unidos) despertó especulaciones sobre el objetivo de Washington de instalarse justo en la misma provincia que tiene a los chinos como inquilinos.

Pero la iniciativa había surgido años antes de la polémica desatada por la construcción de la estación espacial.

El emplazamiento del centro norteamericano se había planteado por primera vez, por pedido del gobierno neuquino, en 2009, mucho antes de que se comenzara a hablar de la estación espacial china. Pero los constantes contratiempos políticos entre el kirchnerismo y Washington frenaron la iniciativa. El proyecto recién se retomó con la llegada del nuevo gobierno y se terminó de confirmar este año, en mayo, cuando ingenieros viajaron al lugar, cercano al aeropuerto, para comprobar la aptitud del suelo.

Fuentes diplomáticas y gubernamentales desestimaron las sospechas de que el proyecto tuviera como fin vigilar la actividad china o que estuviera destinado a proteger los intereses norteamericanos en Vaca Muerta. El gobierno de Estados Unidos, que en el pasado ya ha donado equipamiento para emergencias, invertirá US$1,3 millones en la construcción del centro en los próximos meses.

Pese a las especulaciones sobre el acuerdo que surgió en el kirchnerismo y que mantuvo el macrismo, y al pedido de sectores de la oposición para que se revele la letra confidencial del convenio, nada indica que vaya a haber cambios en lo que ya está establecido y que está enmarcado en la "asociación estratégica integral" entre ambos países, en palabras del embajador chino, Yang Wanming.

En un mensaje que envió para el aniversario del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) el jueves pasado, el funcionario afirmó que "no cabe duda" de que el vínculo bilateral atraviesa "su mejor momento".

Las claves de un proyecto inédito

10% Uso diario

Según el acuerdo, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) puede hacer uso de las instalaciones por el 10% del tiempo del uso de la antena "para desarrollar proyectos propios"

  • Una estación que responde al ejército chino

La antena es utilizada por China como parte de su programa de investigación del lado oscuro de la Luna y está a cargo de la Agencia Nacional de Lanzamiento, Seguimiento y Control General de Satélites de ese país, un organismo que depende del ejército chino

  • Las incógnitas sobre la tecnología de la estación

La principal duda que genera la estación china en Neuquén es la capacidad técnica que tiene la antena de investigar no solo lo correspondiente al programa lunar chino, sino también de monitorear los satélites que orbitan la Tierra

  • Fines pacíficos

Poco después de asumir, el gobierno de Mauricio Macri instruyó a la entonces canciller Susana Malcorra y al embajador argentino en Pekín, Diego Guelar, a renegociar parte del convenio firmado para incluir un artículo que especifique que la estación sería utilizada con fines pacíficos

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