Los arqueros son noticia en la Superliga también cuando dan seguridad y atajan muy bien

Ariel Ruya
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13 de agosto de 2018  • 23:59

Guido Herrera tiene 26 años, es cordobés y empezó a volar en Deportivo Río Cuarto, una pequeña entidad de su ciudad. Partió a Belgrano, pero apenas en dos partidos integró el banco de los suplentes en la temporada 2012/2013. Impetuoso, enérgico y arriesgado, quería probarse los guantes en donde sea. Por eso, se inclinó por la propuesta de Defensores de Belgrano de Villa Ramallo. En 2016, Talleres le abrió la fortaleza, como suplente de Mauricio Caranta, durante la pequeña gran revolución del club cordobés, desde las entrañas del ascenso más profundo hasta el cielo de primera. Por una lesión de su colega, se encontró con la oportunidad de su vida. Fue un mago del arco: hasta estuvo 701 minutos con la valla invicta, antes del salto final a la máxima categoría. Zurdo, excéntrico, hasta marcó un gol: un penal que selló el 2-2 con Olimpo por la fecha 27 del torneo anterior. Siempre marcado por el ojo clínico de Frank Kudelka -un docente que perdió el fútbol argentino-, hoy en la Universidad de Chile.

Por su estilo, se asemeja al volcánico Jordan Pickford, revelación de Inglaterra y crédito de Everton. Herrera (casi, casi) clausuró el arco de Talleres frente a Boca, en la derrota por 1 a 0, por un tanto de Cristian Pavón, que en realidad se concretó por un pequeño desvío en Leonardo Godoy. Antes y después, exhibió seguridad y guapeza: le contuvo un penal a Carlos Tevez -sensiblemente adelantado-, le tapó un mano a mano al mismo delantero y otro a Wanchope Ábila y no se encogió -en la Bombonera repleta- frente a un contrapunto con Nahitán Nandez.

Herrera no está solo. Es uno de los arqueros que se destacaron en la presentación de la nueva temporada de la Superliga, maquillada por pésimos estados de campo de juego, discretos partidos y muy pocos goles. Sin contar el encuentro de Racing de anoche, hubo tres 0 a 0 y cinco 1 a 0. El promedio de gol, un suplicio: 1,36. Sin embargo, no siempre los datos reflejan la realidad. El contexto exhibe esa otra verdad. La que explica que muchos de los arqueros fueron determinantes. Las figuras de siempre, las promesas que crecen y los experimentados que no bajan la guardia jamás.

Hay que darle tiempo al nuevo escenario: el 42 por ciento de los equipos tiene un nuevo guardián, si se espía la temporada pasada. De ellos, dos arcos de equipos grandes: Esteban Andrada en Boca y Gabriel Arias en Racing, que vendió a Juan Musso a Udinese. Más allá de los cinco millones, el conjunto xeneize hizo una suerte de enroque deportivo con Lanús, que ahora tiene a Guillermo Sara. ¿Otros casos? Leonardo Burián dejó Godoy Cruz y pasó a Colón; Alexander Domínguez dejó Colón y pasó a Vélez; Alan Aguerre dejó Vélez y pasó a Newell's y Luciano Pocrnjic dejó Newell's y pasó a Aldosivi. Hubo, también, sorpresas, como la llegada de Augusto Batalla a Tigre, tras su estadía en Atlético Tucumán.

Más allá de algunos espectáculos deslucidos, los arqueros evitaron varias caídas sorprendentes. Un tiro libre imposible que Marcos Díaz, de Huracán, le sacó a Nacho Scocco. Un remate de Bogado que Franco Armani, de River, evitó con la ayuda de un poste. Ezequiel Unsain, de Defensa y Justicia, sensacional, se interpuso ante Lodico. Arboleda, de Banfield, tuvo una gran reacción frente a Marco Ruben. Y hasta Andrada resolvió con clase un estupendo tiro de Ramírez. Todos fueron decisivos.

Como César Rigamonti y Luis Ardente en un falso empate sin goles entre Belgrano y San Martín, de San Juan: taparon cuatro situaciones nítidas cada uno. Sebastián Bértoli, de Patronato, voló como si se tratara de un juvenil: el 16 de octubre próximo cumplirá 41 años. Es el más veterano, en un club -el de los arqueros- que derrocha sapiencia. Cristian Lucchetti, de 40, volvió a atajar en Atlético Tucumán. Nereo Fernández, un histórico de Unión -es su tercera temporada, en casi 10 años como profesional y superó el récord de 175 partidos que tenía Nery Pumpido-, tiene 39. Es un puesto que exige experiencia y personalidad. Pero también le abre el juego a los más jóvenes.

Roberto Ramírez, de las inferiores de Godoy Cruz, saltó en la cancha con 22 años, la misma edad que Arboleda, uno de los extranjeros que brillan desde el fondo de la cancha. Colombiano, hizo las divisiones menores en Deportivo Pasto, antes de ser parte del salto final del semillero de Banfield, con apenas 17. ¿Otros casos? Alexander Domínguez, hoy en Liniers, es ecuatoriano y una de las piezas que suelen ser observadas para el futuro del seleccionado. Burián tiene un recorrido mayor: el uruguayo surgió en Nacional y fue subcampeón en Godoy Cruz.

Hay vida más allá de Armani y Andrada. Símbolos, como Martín Campaña (también uruguayo) en Independiente y Mariano Andújar en Estudiantes. Y una certeza imprescindible, que Andrada no olvida. Ni en Lanús ni en Boca: "Los arqueros tenemos que brindarles confianza a los compañeros". Al menos en la primera vuelta de la Superliga, sellaron el candado.

Por: Ariel Ruya

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