Retenciones: la vuelta del riesgo político para producir

Cristian Mira
Cristian Mira LA NACION
Los cambios despiertan incertidumbre en el sector
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14 de agosto de 2018  • 19:44

Con la decisión de suspender por seis meses la baja de las retenciones a la harina y al aceite de soja se suma un factor de riesgo a la producción agropecuaria. Acostumbrada a enfrentar los vaivenes del clima y la volatilidad del mercado internacional de granos, ahora debe agregar el "riesgo político" a sus decisiones de gasto e inversión.

Si el Gobierno modifica el esquema de retenciones después de decir que no iba a hacerlo, también puede volver a cambiar el cronograma de baja si la situación económica se complica, razona ahora más de un productor. Hay un daño a la previsibilidad.

El otro impacto de la decisión es sobre la industria oleaginosa, el principal complejo exportador argentino. La eliminación del diferencial de tres puntos en los derechos de exportación que regía entre la materia prima -poroto de soja- y el producto elaborado -harina y aceite- le quita a la industria procesadora uno de los pilares sobre los que construyó su competitividad.

Los exportadores argumentan que ese diferencial, que rige desde los años noventa, es una medida espejo a la protección arancelaria de los países importadores. Europa, por ejemplo, fija aranceles más elevados al producto elaborado que a la materia prima. Y China, para proteger a su industria procesadora, desalienta la importación de harinas proteicas y aceite.

Por ese diferencial arancelario y otras medidas, la Argentina se convirtió en el principal exportador mundial de harina de soja, el mejor producto para transformar proteínas vegetales en animales con el 43% del volumen global y ventas por 9300 millones de dólares, según datos de 2017.

Algunos productores, en cambio, cuestionan esa protección histórica a la industria local, que no gozan las industrias en Brasil o los Estados Unidos, porque impide la competencia entre los exportadores que compran el poroto de soja para procesar y los que solo lo quieren llevar al barco para venderlo en el exterior.

Más allá de ese debate, la eliminación del diferencial en los derechos de exportación alivia a China, el principal importador de poroto de soja del mundo. En el medio de la guerra comercial con Estados Unidos, por la que impuso un arancel de 25% a la soja norteamericana, sus fuentes de abastecimiento de poroto se estaban reduciendo a Brasil, el principal exportador mundial de soja sin procesar. Ahora tendrá una opción más competitiva con la Argentina.

Por ahora, puede ser una buena noticia para la producción que siga la rebaja de las retenciones a la soja hasta fines de 2019 y mantenga sus planes de siembra para la campaña 2018/19, que comenzará a sembrarse en octubre próximo. Pero el interrogante seguirá abierto.

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