Ganó un concurso de baile y decidió usar la fama para crear el zumba en silla de ruedas

Seis años de exposición televisiva le hicieron pensar que podía unir la danza y el éxito para crear un proyecto de baile en silla de ruedas
Seis años de exposición televisiva le hicieron pensar que podía unir la danza y el éxito para crear un proyecto de baile en silla de ruedas
Malen Lesser
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16 de agosto de 2018  • 00:21

Había una vez un ingeniero comercial chileno - Rodrigo Díaz- que a sus 24 años tenía una vida anónima y fuera de las pistas de baile, que hoy son su terreno favorito. Ocurrió que un día se presentó, sin demasiado conocimiento del asunto y sólo por el gusto que tenía por la danza, a un concurso de baile televisivo llamado Rojo fama contrafama. Por supuesto, no sólo ganó, sino que fue un suceso en toda la región. Y acá podría terminar esta historia sobre un giro en el destino de la vida de una persona, si no fuera porque Rodrigo iría por mucho más. "Sentí en esos seis años de éxito que fue el show de TV y después de tantas cosas lindas que me dio a mí el baile, que tenía que devolverlo de alguna manera", cuenta el instructor, bailarín y empresario, dueño de cinco escuelas de baile en Chile y un proyecto muy especial, el verdadero protagonista de esta historia. Un propósito a punto de convertirse en un programa mundial para formar instructores de zumba (una disciplina fitness basada en el baile) diseñado para personas en sillas de rueda. Con ustedes, una historia inspiradora que promete multiplicar su efecto positivo por todo el mundo.

"Que la fama sirva de algo"

Esto fue lo que pensó Rodrigo cuando vio estallar su popularidad y sintió el cariño del público. "Reflexioné sobre el poder que tiene la danza, sobre como más allá de las distintas experiencias, circunstancias, edades, el baile sana, hace bien, nos conecta con el disfrute", asegura. "Siento que a veces el baile encasilla a las personas, se cree sólo que los jóvenes esbeltos pueden bailar y nada más lejano a eso, el goce de la danza es para todos. Con todo esto, me hice bailarín e instructor de Zumba, porque siempre me gustó que personas de cualquier edad y condición puedan bailar, y entonces en ese momento de fama todo se unió. Vi que tenía entre manos los elementos para hacer algo que cambiara realmente un escenario que no siempre es justo. Me habían pedido que armara unas coreografías con niños en silla de rueda para el Teletón, un evento benéfico televisivo promovido por la fundación dedicada a la rehabilitación de personas con discapacidad. Y fue tal el éxito de lo que se llamó Ciclo Danza, que el taller se transformó en un programa permanente donde ensayámos todo el año para la presentación y la presentación se volvió parte infaltable de la emisión".

"La ignorancia es la madre de la discriminación"

"A partir de que empecé a trabajar con estos chicos en sillas de rueda, que van de los 13 a los 20 años, me di cuenta y empecé a mirar muchas cosas de manera diferente". Rodrigo señala que la falta de información es a veces la que provoca la discriminación. "Para mí ha sido un crecimiento enorme, porque no sabía ni como iban al baño, aprendí mucho más de ellos que ellos de mí, lo firmo, por eso trato de ser un vocero para visibilizar esto", subraya. Considera que conocer sus problemáticas es parte de la inclusión.

El ahora bailarín y coreógrafo relata: "Fui adaptando coreografías con mucho trabajo, me acuerdo que pedí una silla a mi casa, y sentado solo frente al espejo me caí y giré mal muchas veces antes de encontrar las maneras. Siempre quise perfeccionarme. Pero tuve que inventar técnicas, porque nadie enseña cómo dar clases a niños en silla de rueda y por eso, es que voy por mi sueño a Estados Unidos, a presentarlo como un programa oficial dentro de la marca Zumba, en la convención mundial que finaliza en septiembre, para lograr llegar así a todos los niños del mundo", cuenta con entusiasmo.

Zamba en silla de ruedas

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Inclusión y sueños compartidos

Como no podía ser de otra manera, Díaz comparte que el proyecto lo está trabajando junto a uno de sus ex alumnos. "Guillermo Grillo Aranguiz, como cada uno de mis alumnos, son mi inspiración, mi fuerza y mi motor diario. El es instructor certificado de zumba también, es el primer profesor de zumba en silla de ruedas, deportista, campeón de maratón en Santiago de Chile, orador mundial, hace master classes multitudinarias es una persona impresionante que tomó vuelo propio", se enorgullece.

Así, Guillermo y Rodrigo se unieron para crear lo que hasta ahora no existe, un método diseñado especialmente para formar instructores de zumba para niños en sillas de rueda. "Investigué mucho cuando quise perfeccionarme y sólo hallé un profesor alemán que daba clases pero orientadas a niños con discapacidades intelectuales, pero los míos son verdaderos bailarines en sillas de rueda, por eso fui creando a la par de verlos, experimentando, diversos ejercicios de acción y reacción, la mejor manera de agarrarse para girar a tiempo con la música y hasta transformamos la silla en una parte más de la danza, simulando ciertos movimientos de salsa de la persona de pie", detalla. La necesidad de poder masificarlo, nace además de los increíbles resultados que obtuvo con su método a partir de un ingrediente clave: el vínculo de sus alumnos de las academias de baile con este programa especial. "Me gusta mezclar a mis alumnos de las escuelas, para que la inclusión sea un hecho. Los hago tomar clases juntos y trabajar en una coreografía en conjunto. El resultado es impresionante, pasan cosas hermosas en la pista pero también afuera, incluso hubo romances entre ellos, me conmueve hasta donde logran empatizar, vincularse para aprender, enseñar y que aflore lo mejor de cada uno", resalta. "La verdadera inclusión es que se puedan generar estos lazos e historias preciosas de las que tuve el privilegio de ser testigo".

Los talleres de Ciclo Danza tienen la mayor taza de asistencia de todos los talleres de la Fundación y Rodrigo garantiza que cada alumno es una historia de superación inspiradora. "Al verlos pienso que no hay límites. Que la voluntad y el entusiasmo por disfrutar la vida va más allá de los obstáculos. Aprendo de ellos todos los días, no me canso de sus lecciones, espero haber aportado a sus vidas con esto tan sencillo que a veces funciona como una gran metáfora para los alumnos, su entorno y los que los admiramos. Vamos por más, siempre, como ellos me enseñan".

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