El adiós de Fernando Alonso: un desperdicio que la Fórmula 1 lamentará

Xavier Prieto Astigarraga
Fernando Alonso
Fernando Alonso Fuente: AFP - Crédito: ANDREJ ISAKOVIC
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14 de agosto de 2018  • 16:53

Dos mil uno. Pésimo año para la Argentina; estupendo para el futuro de la Fórmula 1. Entre otros, llegaron a la categoría Juan Pablo Montoya, con Williams; Kimi Räikkönen, con Sauber, y Fernando Alonso, con Minardi. El colombiano resultó 6º en el campeonato, con 31 unidades; el finés, 10º, con 9, y el español, 19º, con... 0. Un sondeo por internet preguntó cuál era el mejor debutante. Pues, aun sin puntos y con el peor auto de la grilla, Alonso se presentó superior al resto. Proporcionalmente, claro. El tiempo lo demostraría pronto: a los 22 años el asturiano se convirtió en el más joven ganador de un Gran Premio (Hungría 2003), y a los 25, en 2006, se coronó bicampeón, con un Renault muy competitivo pero no monopólico.

Los dos títulos mundiales y 15 de sus 32 victorias (casi 47%) tuvieron lugar en esos primeros cinco años de Fórmula 1 (no corrió en 2002). En los once y medio siguientes, 17 triunfos y ninguna corona. El talento no se pierde, por supuesto. ¿Y el hambre? A veces, sí.

Tal vez la interminable malaria desanimó a Alonso. En la pista no mostraba tal cosa, por cierto. Luego de 2006 fue subcampeón en tres ocasiones y una vez tercero (a un punto del primero), y nunca contó con el auto más dotado de la grilla salvo en 2007, cuando tenía por compañero a un crack naciente, Lewis Hamilton, y estaba peleado con él. "Los mejores se demuestran sin necesidad del mejor coche", se puede argumentar. Y es verdad. Pero en esta categoría es casi imposible reinar sin la mejor máquina.

Alonso tiene 37 años, dos más que el último Michael Schumacher campeón. En las últimos dos décadas nadie se volvió monarca siendo más viejo. ¿Está acabado el español, que desde hace tres años y medio lucha a bordo de un McLaren por raquítico puntaje en cada fecha, y que, por ejemplo, llegó a calificar como "regalo divino" un 13er puesto en la prueba de clasificación de China 2017? No puede estar jugando tiempo adicional un piloto que en carrera siempre está delante de su compañero. No puede ser cosa del pasado un corredor que gana las luchas rueda a rueda con los rivales de su estatura o algo más (los Toro Rosso, los Force India), entre agresividad que habla de ambición y tijeras y barridas que hablan de experiencia. No debería ir tramitando la jubilación un competidor que, cuando se interpone la lluvia -igualadora de potenciales-, gana posiciones en cantidad, como en aquel Shanghai, cuando llegó a marchar 6º en siete vueltas tras largar 13º.

Fernando Alonso
Fernando Alonso Crédito: Sportphoto/Christopher Neun

Por las dudas, en los últimos años él se encargaba de hacer notar su vigencia, con autoelogios que contrastaban con la prudencia del resto de su trayectoria. "He empujado como un animal", subrayó por radio a su equipo aquella vez. "Fueron de las mejores vueltas que he dado en mi vida. Un segundo milagro en dos carreras. Me siento cómodo manejando y capaz de empujar al máximo", declaró a la prensa por entonces. "Que Bottas no me pasara por dos o tres giros fue de las cosas más surreales que me han pasado", aludió al conductor de un poderoso Mercedes.

El problema es que Alonso, desde 2008, nunca estuvo en la escudería correcta en el momento oportuno. En su segunda etapa en Renault el auto francés no era el mismo; sus cinco años en Ferrari transcurrieron a la sombra de los Red Bull pergeñados por Adrian Newey; el regreso a McLaren ha sido deprimente, indigno. Y si tiene un defecto el asturiano es no saber manejarse bien fuera de la pista. En 2007 estuvo implicado en el espionaje de McLaren a Ferrari y se peleó con Lewis Hamilton, y entre los dos sirvieron en bandeja el título al auto rojo de Räikkönen. Donde él estuvo no revolucionó positivamente a la escudería, como sí lo hizo Schumy al llegar al cavallino rampante. Y quejarse del coche por radio ante millones de telespectadores, como cuando afirmó que el McLaren de 2015 era "un auto de GP2", no es exactamente diplomático. Es cierto que los motores Honda 2015-2017 fueron una caricatura de aquellos avasallantes de fines de los ochentas y que el Reanult 2018 estaba lejos de ser el de los noventas... tanto como que si Alonso quiso volver a un equipo de punta debió ser más prolijo en sus formas.

En el asfalto hizo todo lo posible. Con casi nada hace -todavía- poco. Y eso es mucho.

En el asfalto hizo todo lo posible. Con casi nada hace -todavía- poco. Y eso es mucho.

Mucho para una Fórmula 1 que procura recuperar el interés, y que entendió que los auto a auto del pelotón medio también sirven para la televisión. Alonso ha sido protagonista central de eso, padeciendo los sábados en las pruebas de clasificación y rascando puntos (séptimos y octavos puestos a granel este año) los domingos. Se va un coloso bicampeón que está en las mismas alturas que los tetracampeones Hamilton y Sebastian Vettel. Dicen que no correrá en 2019; dejan abierta la puerta para más adelante. No lo parece. Volvería en ese caso a los 39 años, demasiados para una categoría que desde hace un tiempo recluta adolescentes carentes de licencia de conducir o casi. Y que ni siquiera le dio una herramienta acorde cuando el asturiano exhibió que es un fenómeno para el que las dos coronas que tiene se quedan cortas.

Lo dijo Ross Brawn, el hacedor del Ferrari arrasador de la era Schumacher, hace cinco meses: "Si un piloto como Alonso no gana una carrera en cinco años, algo se está haciendo mal". Algo hizo mal Fernando, y algo los que desaprovecharon semejante talento.

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