Real Madrid-Atlético: de los 12 km de distancia a los casi 4000 de la final en la lejana Estonia

La última práctica de Real Madrid, sobre el césped del modesto estadio Lillekula, en Tallin
La última práctica de Real Madrid, sobre el césped del modesto estadio Lillekula, en Tallin Fuente: AP
Claudio Mauri
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15 de agosto de 2018  • 00:01

El significado de deslocalización refiere al traslado de una producción industrial de una región a otra. Desde hace un tiempo, el deporte también se ve sometido a este tipo de migración. La NBA y el Tour de France son dos actividades que ya salieron de su hábitat de origen y desarrollo para desembarcar en otros mercados. Y el fútbol lleva partidos más allá de las fronteras que les corresponderían.

¿Qué hacen Real Madrid y Atlético de Madrid jugando hoy la final de la Supercopa de Europa en Tallín, la capital de Estonia, a orillas del Mar Báltico y a 3816 kilómetros de Madrid, en un estadio con capacidad inferior a los 15.000 espectadores? En primer lugar, la sede que enfrenta al campeón de la Champions League con el de la Europa League lo designó la UEFA. Para vencer resistencias, la entidad incrementó los premios: ambos equipos tienen asegurados 3,5 millones de euros cada uno y el campeón será retribuido con un millón más. En la temporada pasada, Real Madrid embolsó cuatro millones por obtener el título y Manchester United se quedó con tres. Estas recompensas son acordadas entre la UEFA y la Asociación Europea de Clubes. Estonia, con una liga de diez equipos, recibirá por primera vez en su historia una final europea.

Esta definición en el Viejo Continente fue sufriendo transformaciones. Entre 1972 y 1997 se disputó a partido de ida y vuelta, de local y visitante. A medida que perdía interés para los clubes por la sobrecarga del calendario, la UEFA modificó el sistema: un único encuentro en el estadio Louis II, de Mónaco, como sede fija. Ese modelo permaneció durante 15 años, de 1998 a 2012. Había una cierta simetría entre un partido que no despertaba mucha pasión en los hinchas y el entorno aristocrático del Principado de Mónaco.

A partir de 2013, la sede del partido es rotativa y llegó a plazas no tradicionales, como Tiflis (Georgia), Trondheim (Noruega), Skopje (Macedonia) y ahora Tallín. Aparte de lo geográfico, otras novedades que hoy implementará la UEFA son las de permitir un cuarto cambio si hay suplementario, algo que ya se dispuso en el último Mundial, y la posibilidad de incluir doce suplentes.

Italia va a Arabia Saudita

Normalmente, las supercopas inauguran las temporadas oficiales a esta altura del año. Italia alterará su calendario, producto de un acuerdo entre la Serie A y el ministerio de Deportes de Arabia Saudita. Juventus y Milan se enfrentarán en enero en una ciudad de ese país asiático, tras refrendarse un convenio para los próximos tres años que a los equipos les deparará un aumento de cuatro a seis millones de euros en sus ingresos.

De esta manera, el calcio dejará atrás algunas experiencias en China, donde los partidos no despertaban demasiada expectativa entre el público y para los planteles representaban varios problemas logísticos.

En dos oportunidades, en 1993 y 2003, la Supercopa italiana se mudó a los Estados Unidos para acercarse a las grandes colonias de italianos radicadas en Washington y, sobre todo, Nueva York. Con los años, prevalecieron criterios más economicistas para definir los escenarios.

España, después de 34 versiones de la Supercopa programadas a doble partido entre el vencedor de la Liga y el de la Copa del Rey, este año pateó el tablero. El domingo, Barcelona se consagró en Tánger (Marruecos) tras vencer 2 a 1 a Sevilla. Para aliviar el calendario se hacía necesario reducir a un solo encuentro. El escenario surgió tras una propuesta del presidente de la federación marroquí, Fouzi Lekjaa, a su colega español, Luis Rubiales. "Tenemos buenas instalaciones y la respuesta de la gente está garantizada. En nuestra casa ya jugaron el año pasado Paris Saint Germain y Mónaco por la Supercopa de Francia", fue la invitación del dirigente africano. Barcelona aceptó de inmediato y Sevilla cedió en su reticencia inicial cuando le aseguraron un premio que superó en 900.000 euros al que le pagaban en España, la cobertura de los costos del viaje y 6000 entradas para los hinchas, ante quienes los dirigentes andulaces temían quedar mal por trasladar el partido a otro país.

Así está el fútbol de estos tiempos. Entre el Santiago Bernabéu y el Wanda Metropolitano hay 12 kilómetros de distancia, pero Real Madrid y Atlético aceptan encontrarse casi 4000 kilómetros más lejos.

La trayectoria del Cholo contra el debut de Lopetegui

Real Madrid, campeón de la Champions League, y Atlético de Madrid, monarca de la Europa League, se enfrentarán hoy, a las 16 de la Argentina, en Tallín (Estonia), por la final de la Supercopa de Europa. Mientras el Atlético llega con el trabajo continuado de Diego Simeone durante más de seis años y medio, su rival empieza la era post Zidane y Cristiano Ronaldo. El técnico argentino ya ganó este título en 2012, ante Chelsea, y Real Madrid es bicampeón vigente.

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