Y todos me miran, me miran, me miran

19 de agosto de 2018  

Voyeur, vacaciones, adolescentes, morenas, delgadas, estudiantes, cámaras ocultas, 14 ángulos: estas son algunas de las etiquetas que el fisgón usa para promocionar sus videítos. Detrás de los enchufes, las lámparas o los espejos de la casa que él alquila a familias para que pasen sus vacaciones, un arsenal de camaritas registra cada mohín o franeleo, en un Gran hermano con participantes ignorantes de la exhibición. Jadeante y gutural, el fisgón graba todo y lo comparte en internet, para el éxtasis de otros mirones como él. Y así, la trama de la película 14 cameras (que acaba de estrenarse en los cines de los Estados Unidos y acá puede verse en el mismo lugar que tantos videos robados a vacacionistas incautos: en internet) actualiza el género del terror con un miedo de la época: que se filtre una grabación inconveniente y eso arruine el bien más preciado de hoy, la reputación.

¿Cómo valorarías tu experiencia? Con el sistema de puntaje robado a los críticos de cine, nuestras actividades están perpetuamente calificadas entre malas y excelentes: de una a cinco estrellitas. "Parece buena gente", dice la madre de familia cuando mira el retrato de la dueña de casa en un sitio tipo Airbnb (el perfil es falso, pero las redes sociales nos vuelven crédulos). Y allá van madre y padre con tres adolescentes, a pasar una semana de vacaciones en un caserón con pileta pero sin cable ni wifi. "No es que ese lugar vaya a matarte", responde la madre a las quejas de la hija (esa mujer es infalible en el error: pifia en todos sus pronósticos). Enterados del fisgoneo, los huéspedes temerán por lo que pueda haberse filtrado de ellos y entonces se adivina que el descanso idílico mutará en experiencia de terror. En hora y media, 14 cameras exprime el subgénero del gore tecnológico o del psicópata con módem, como si Norman Bates hubiera tenido wifi. La tecnología (su acceso o su negación) es más inquietante que un loco con un cuchillo. "¡El Uber más cercano está a 45 minutos!", se desespera la hija ante la dificultad del escape.

"Un voyeur está motivado por la expectativa", escribió el veterano periodista Gay Talese en su libro El motel del voyeur, donde documenta la historia verídica de un hombre que compró un hotel para instalar una plataforma de observación a través de la que espiaba a sus clientes: "En silencio invierte infinitas horas con la esperanza de ver lo que espera ver". ¿Acaso no es esa la lógica que manda en las redes sociales, los reality shows o el circuito cerrado que muestra lo que registran las camaritas de seguridad del edificio?

En 14 cameras, cuando una de las adolescentes se prepara para la ducha los espectadores suben de a cientos, o miles: la expectativa por el desnudo inminente no entiende de espejos empañados, ángulos ciegos o fallas de conexión. Escondido en el anonimato, el mirón tiene una ansiedad que corre por banda ancha. Y aunque hoy, más que nunca en la historia, todas las alternativas de una vida puedan transmitirse en vivo y en directo, la pulsión por espiar es vieja como el mundo: si hay gente que observa los pájaros, y gente que observa las estrellas, hay gente que observa a los demás.

LISTAMANÍA: CINCO PELÍCULAS DE VOYEURS

1. 14 cameras, 2018. Secuela de 13 cameras, la película recién estrenada en los Estados Unidos retoma el personaje de Gerald, un fisgón que alquila casas de veraneo para espiar a sus huéspedes.

2. Voyeur, 2017. Un documental de Netflix basado en el libro de Gay Talese sobre Gerald Foos, el dueño de un motel en Colorado que, al espiar a sus pasajeros, fue testigo de un asesinato.

3. El voyeur, 1994. El maestro italiano Tinto Brass adaptó la novela de Alberto Moravia sobre "el hombre que mira", un atormentado profesor obsesionado con la vida íntima de su esposa.

4. Silver, 1993. Después de Bajos instintos, Sharon Stone siguió con el suspenso erótico: acá, como la vecina de un departamento neoyorquino que es espiada a través de cámaras múltiples.

5. Psicosis, 1960. El clásico indiscutido: Anthony Perkins en la piel del perturbado Norman Bates, eterno fisgón de las mujeres solitarias que quieran darse una ducha en mitad de la noche.

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