Jueces, policías y fiscales, en un "juego de roles" para ensayar acciones contra la violencia de género

En el Instituto de Violencia participaron también miembros de las fuerzas de seguridad, asistentes sociales y psicólogos, entre otros integrantes del proceso judicial de la violencia de género
En el Instituto de Violencia participaron también miembros de las fuerzas de seguridad, asistentes sociales y psicólogos, entre otros integrantes del proceso judicial de la violencia de género
Brenda Struminger
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16 de agosto de 2018  • 00:27

NEUQUÉN.- Lejos del glamour de Villa Langostura y San Martín de los Andes, un doble femicidio en un pueblo de 3000 habitantes sacudió a esta provincia el verano pasado. El encargado de una escuela primaria de Las Ovejas, Lorenzo Muñoz, asesinó a puñaladas en la calle a su expareja, Karina Apablaza, y a la hija de ella, Valentina, y se fugó. Las fuerzas de seguridad lo buscaron por semanas, incluso en Chile, mientras los neuquinos seguían el caso como una novela.

Lo hallaron 23 días después. Su cuerpo estaba a metros del lugar del crimen y las pericias descubrieron que se había suicidado horas después de cometer los asesinatos.

La investigación del caso "Las Ovejas" despertó una fuerte polémica en la zona por las fallas en la pesquisa del asesino, pero especialmente porque Karina Apablaza había avisado un mes antes a la Policía y a la Justicia que estaba amenazada de muerte por Lorenzo Muñoz. El femicida estaba imputado por violencia de género, pero no se le había dictado prisión preventiva. Hoy está en curso un jury contra el juez Carlos Choco y el fiscal Ricardo Videla, que intervinieron en el caso, así como el Defensor de los Derechos del Niño y Adolescente, Ezequiel Chiavassa. Además, se investigan las actuaciones de las fuerzas de seguridad (que admitieron faltas) y el fiscal general, José Gerez, enfrentó un pedido de juicio político (que fue desestimado).

Karina y Valentina, madre e hija asesinadas en Las Ovejas, Neuquén, por la expareja de la mujer, Lorenzo Muñoz
Karina y Valentina, madre e hija asesinadas en Las Ovejas, Neuquén, por la expareja de la mujer, Lorenzo Muñoz

Seis meses después del doble femicidio en Las Ovejas, se celebra esta semana en la capital de Neuquén un "Instituto de Violencia", donde 70 jueces, fiscales, psicólogos forenses, peritos, gendarmes, policías, prefectos y funcionarios participan de un juego de roles donde las jerarquías y rangos se hacen a un lado para trabajar sobre la violencia de género. Es el segundo evento de este tipo que se celebra en la Argentina (el primero fue en Tucumán hace dos años), y ya se hicieron unos 20 en Brasil, Sudáfrica y Gran Bretaña, entre otros países, por iniciativa de las ONG Fundación Avón y Voces Vitales.

Todos los participantes intervienen a diario, de alguna forma, en casos de violencia de género a nivel local en Neuquén y Río Negro. Ambas provincias se encuentran entre los primeros puestos en porcentajes de muertes por femicidios, según las últimas estadísticas de la ONG La Casa del Encuentro. En lo que va de este año, seis mujeres fueron asesinadas en Neuquén. Las dos primeras, en Las Ovejas.

El "expediente Julieta"

Empieza el juego. Los participantes, divididos en dos grupos de 35, están al tanto del ficticio "caso Julieta", sobre una estudiante de 19 años que se atrevió a denunciar a su novio, "Lio", después de sufrir una agresión física en el marco de una relación marcada por distintos tipos de violencia de género.

Juezas, fiscales, asistentes sociales compartieron desde su experiencia la mejor forma de tratar casos de violencia de género
Juezas, fiscales, asistentes sociales compartieron desde su experiencia la mejor forma de tratar casos de violencia de género

Uno de los participantes toma el rol de la víctima, otro el de su abogado, otra el del juez de la causa, otro el del fiscal, y así sucesivamente. Comienza la dramatización. Con asesoramiento de un coordinador, sentados frente a mesas redondas con manteles blancos y los papeles del caso entre las manos, jueces, fiscales, policías y psicólogos sociales recrean situaciones típicas de un proceso judicial: la víctima le cuenta lo ocurrido a la trabajadora social; la policía le toma testimonio a la víctima; la fiscal la entrevista; el abogado la asesora; y la jueza toma las primeras medidas frente a la denuncia. Todos participan y se escuchan entre sí.

Pero el juego se vuelve tenso. Los "actores" se cuestionan entre sí sobre las intervenciones en el caso. Basados en sus experiencias se recriminan actitudes que, en la vida real, podrían terminar en un femicidio. Como en Las Ovejas.

Una asistente social le marcaba ayer a una jueza que, además de dictar una medida cautelar contra el agresor, debería asegurarse de que tenga un sustento económico de manera rápida y efectiva. "Esta mujer es dependiente económicamente del novio. Después de denunciar, va a necesitar sí o sí un ingreso para subsistir. Sin eso, es probable que vuelva con él por necesidad", le espetaba a la magistrada. Mientras una psicóloga le señalaba a una policía que acababa de "tomarle la denuncia" a "Julieta", sobre la importancia de transmitirle a la víctima que creía en su testimonio.

"No la podés mandar a un refugio si vive en una zona rural donde justamente no los hay y se tiene que ocupar de sus hijos", le decía una asistente social a un fiscal.

Sebastián Scolamiero, psicólogo en la Policía de Seguridad Aeroportuaria, se sorprendió durante el juego al descubrir "la laguna que hay entre las distintas fuerzas". "La parte legal, la forense, la médica se pasaban la pelota, decían que tenían las manos atadas. Es necesario que entrelazemos las acciones. Sino, el Estado se transforma en el segundo victimario, desde lo institucionaly la víctima termina perdiendo dos veces".

"Me sorprendí cuando desde el Tribunal de Justicia me invitaron a un evento que organizaba una empresa de cosméticos, pero la actividad nos permite, por primera vez, trabajar de manera interdisciplinaria", dijo a LA NACION la jueza de garantías de Viedma, Itziar Soly, durante uno de los recreos de las jornadas. "Me tocó hacer de jueza en el caso de Julieta y pude ver cómo trabajan los equipos colaterales de la Justicia. Cómo asesoran a la víctima y al imputado. Comparto mesa con agentes de la Prefectura Naval Argentina y de Gendarmería Nacional y descubrí varias cosas que no sabía, como que tienen equipos para trabajar casos de violencia al interior de las fuerzas".

Ana Inés Álvarez, responsable del área de violencia de género de Fundación Avón, trabajó por años en el área de urbanización de villas de un municipio bonaerense. Hasta que decidió "pasarse" al sector privado. Hoy defiende la labor de las compañías en temas de violencia de género: "Aprendí mucho con mi trabajo en el sector público, pero en el privado se trabaja de manera más concreta, direccionada y efectiva. En temas de violencia de género se puede hacer mucho, tanto al interior de la empresa como hacia fuera".

Para muchos de los participantes era la primera vez que tomaban un curso sobre perspectiva de género aplicada a sus profesiones, a pesar que lidian con esa problemática a diario en una provincia donde ya se produjeron en lo que va del año, seis femicidios. Y contando.

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