Fortalecer la Organización Mundial del Comercio, ¿un desafío para la eficacia del G-20?

Félix Peña
Félix Peña PARA LA NACION
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16 de agosto de 2018  

En el discurso que pronunció en la apertura de la sesión ministerial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), realizada en París el pasado mes de mayo, el presidente francés, Emmanuel Macron, planteó la necesidad de introducir reformas profundas al sistema multilateral global del comercio internacional, institucionalizado en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Señaló que se deben aportar reformas pragmáticas que permitirán al sistema comercial multilateral funcionar y dar una respuesta eficaz y real a los desafíos contemporáneos. Propuso, concretamente, encarar una negociación que se iniciaría con los Estados Unidos, la Unión Europea (UE), China y Japón, y que se extendería luego -en su visión- a los países del G-20 y a los de la OCDE. Agregó que, para ello, se debería contar rápidamente con un diagnóstico convergente sobre los disfuncionamientos del actual sistema, y expresó su deseo de que de la Cumbre del G-20 en Buenos Aires pudiera surgir una primera hoja de ruta conducente a las necesarias reformas.

Tras la propuesta de Macron hubo desarrollos posteriores. Por un lado, el 25 de julio se reunieron en Washington el presidente estadounidense, Donald Trump, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y acordaron constituir un grupo de trabajo compuesto por "asesores cercanos" para abordar, entre otras, cuestiones relacionadas con las reformas de la OMC.

Hicieron especial referencia a aquellas vinculadas con prácticas injustas de comercio, robo de propiedad intelectual, transferencia obligada de tecnología, subsidios industriales, distorsiones creadas por empresas públicas y la sobrecapacidad. A su vez, el presidente de la Comisión Europea había acordado, durante su reunión el 16 de julio en Pekín con el Primer Ministro de China, Li Keqiang, la creación de un grupo conjunto de trabajo sobre la reforma de la OMC, a nivel de viceministros. Y en su reunión en Johannesburgo, los días 25 al 27 de julio, los jefes de estado del grupo de los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), abordaron la cuestión del fortalecimiento del multilateralismo y de la OMC, haciendo especial referencia a reformas del sistema que permitirían, entre otros cambios, reconocer un papel mayor para los países emergentes y en desarrollo, y un orden internacional más justo y representativo.

Los cuestionamientos a la OMC que se observan en la actualidad, especialmente en los Estados Unidos, estarían basados en la constatación de que es un sistema de reglas proveniente de una realidad económica internacional que ha sido superada y que muchas de ellas podrían considerarse obsoletas. Por lo demás, limitarían la posibilidad que un país tiene de defender sus intereses nacionales en el comercio mundial.

Los cuestionamientos a la OMC se sustentan en que es un sistema que proviene de una realidad económica internacional que ha sido superada

La Declaración final de la Cumbre del G-20 en Hamburgo, en julio del año pasado, si bien procura equilibrar las distintas posiciones en ese momento existentes, no brinda ninguna indicación acerca de cómo encarar la cuestión de la preservación de un sistema de comercio orientado por reglas que tiene más de siete décadas de existencia, ni de cómo abordar la cuestión del rediseño de las reglas más cuestionadas.

Debe tenerse en cuenta que otros cuestionamientos a algunas de las reglas del sistema del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) y luego de la OMC, provienen incluso de sus momentos fundacionales y que, en su mayor parte, fueron efectuados por los países en desarrollo incluyendo, por cierto, varios latinoamericanos.

Por todo ello, sería difícil imaginar que la cuestión de las reformas que permitan fortalecer la OMC no esté presente en la Cumbre del G-20 a finales de noviembre en Buenos Aires. Se podría abrir en tal oportunidad, tal como lo planteó el presidente Macron, el camino que conduzca a una nueva etapa de rediseño del sistema y de sus reglas, basada en el reconocimiento explícito de que instituciones y reglas que sean efectivas son necesarias para la eficacia del sistema y, en especial, para garantizar condiciones que contemplen la realidad de las diferencias de grados de desarrollo y de poder relativo entre las naciones.

Los aportes que se puedan efectuar desde la región latinoamericana, con ideas e iniciativas que contribuyan al cada vez más requerido rediseño de las reglas de juego e instituciones del sistema multilateral del comercio internacional, pueden ser útiles. De los ocho países de la Alianza del Pacífico y del Mercosur, cuatro participarán de la cumbre. Podrían incluso, si así se lo proponen, reflejar intereses y puntos de vista de un grupo amplio de países latinoamericanos.

Las dos principales preguntas a responder en una perspectiva latinoamericana podrían ser las siguientes: ¿cuáles son los rediseños del sistema multilateral del comercio internacional y de sus reglas, que puedan ser más relevantes en la perspectiva de los países de la región, especialmente teniendo en cuenta sus estrategias de inserción comercial en el plano global, los requerimientos de sus propios procesos de integración regional, y los de sus respectivos procesos de desarrollo económico y social? ¿En qué aspectos del rediseño podrían articularse posiciones con otros países miembros o grupos de países de la OMC?

En todo caso, la Cumbre de Buenos Aires puede ser un momento oportuno para que los países del G-20 -y que además son miembros de la OMC- logren puntos de equilibrio entre, por un lado, la necesidad política de reconocer la importancia de un sistema multilateral del comercio mundial basado en reglas, cuyo cumplimiento no quede solo librado a la voluntad de cada nación soberana y, por el otro, la de rediseñar mecanismos institucionales y reglas de juego que los países miembros consideren más necesarias.

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