Qué queso y qué vino

Joaquín Hidalgo
Joaquín Hidalgo LA NACION
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19 de agosto de 2018  

No hay nada mejor que volver a casa al cabo de un día largo sabiendo que hay ricos quesos en la heladera. En ese caso, justo antes de ponerse a cocinar o a ver algo en internet, con premeditación y alevosía se arma el platito con el o los quesos. Y, como si eso fuera poco, una copita de vino es la antesala perfecta para el regreso definitivo al hogar.

En ese plan, el amante del queso y del vino tiende a obrar como un frío y calculador hombre de negocios. El fin de semana compra los quesos previendo el cambio de rumbo de la semana y, por la tarde, en un rapto de diletantismo, se manda a la vinoteca o al súper y deja todo listo para ese regreso que aún no sucedió. En mi humilde opinión, hace lo correcto.

Pero más correcto sería aún tener claro qué quesos y qué vinos comprar. Veamos, por ejemplo: un queso de cabra madurado unos 45 días, tipo chevrotin o pirámide, es placer que se duplica con una tostada y quintuplica con un buen chardonnay sin mucho roble y alta frescura. Entre los primeros, son preferibles los quesos de Piedras Blancas y Santa Olalla, y entre los segundos, los mejores para ese mimo entre semana es Killka (2017, $195), La Linda Unoaked (2017, $250) y Altos del Plata (2017, $185). Frutales y de rica frescura, acompañarán la intensidad de los quesos.

También funcionarán para un mini brie maduro como los que llegan ahora de Ile de France o un Atuel, Santa Rosa, aunque por su perfume moderado también funcionarán con los tintos que siguen.

Pero si el plan pasa por los quesos duros, como un Lincoln, grana o italiano, por ejemplo de La Suerte, Adrianita o Santa Agueda respectivamente, es mejor tener a mano un tinto de expresivo perfume frutal y boca ligeramente apretada, como pueden ser los siguientes malbec: Famiglia Bianchi (2016, $320), La Celia Pioneer (2016, $299), Callejón del Crimen Malbec (2016, $310) y Alto Sur (2017, $220).

Hay otros quesos y otros vinos, claro, estos son ejemplos nomás. Pero cualquiera sea el caso, una cosa es segura: a la hora de darse un gusto, lo mejor es no improvisar nada.

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