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Corré contra la depresión

Daniel Tangona
Daniel Tangona PARA LA NACION
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19 de agosto de 2018  

Una escena de una película famosa lo ejemplifica muy bien. En Lo que ellas quieren, el publicista -interpretado por Mel Gibson- propone para una marca de ropa deportiva una publicidad en la que una mujer corre dejando atrás todas sus preocupaciones. Con cada paso se derrumban los prejuicios, los problemas y hasta la forma en la que los otros la ven. Y aplica para ella, pero también para todos los corredores que, al calzarse las zapatillas, encuentran el mejor método de catarsis para sus dilemas diarios.

Es que entre todos los beneficios de la actividad física, uno de los mayores es la incidencia en el ánimo y la autoestima.

Hablando con el neuropsicólogo Sergio Lotauro decidí preguntarle qué dice la ciencia al respecto de este postulado. "Hay mucho de verdad -me contestó-. La actividad física no solo ayuda a llevar un mayor caudal de sangre y oxígeno al cerebro, algo crucial para su óptimo funcionamiento, sino que además hay investigaciones que demuestran que el deporte está asociado a un mayor número de células NK, linfocitos que forman parte del sistema inmunológico y que defienden al organismo de la invasión de virus y bacterias, al tiempo que atacan y evitan la proliferación de células cancerígenas ante la aparición de un tumor".

Ahora bien, ¿esto aplica para cualquier tipo de deporte? Según el especialista, lo que se investigó es la actividad aeróbica, específicamente la caminata enérgica o el trote ligero. Y lo que se observó es que las personas que salen con regularidad a correr presentan una mayor aptitud para hacerles frente a las enfermedades y a las vicisitudes generales de la vida, como puede ser una ruptura amorosa o la muerte de un ser querido.

"El esfuerzo aeróbico sostenido más allá de los 15 o 20 minutos por día bloquea la aparición de pensamientos negativos y ayuda a potenciar la capacidad de disfrute de la persona", alienta Lotauro. Lo contrario, en cambio, es una condición llamada anhedonia, que consiste en la dificultad para experimentar placer, y que junto con la tristeza profunda y persistente es uno de los síntomas principales de la depresión.

Así, lo que estamos diciendo se resume en una idea vital: salir a correr puede ayudar a combatir esta terrible enfermedad.

"En un estudio se contrastó la eficacia de un antidepresivo llamado sertralina, con el trote ligero. Se tomó a un conjunto de personas deprimidas y se las dividió en dos grupos. A los miembros del primero le recetaron este remedio y, a los del segundo, se les asignó un personal trainer", ilustra el doctor.

Cuatro meses más tarde, se constató con este estudio que el beneficio sobre el estado de ánimo era el mismo para todos. Sí, los síntomas de la depresión habían cedido por igual. Y aunque parecía que la sertralina hacía efecto más rápido, la actividad cardiovascular ofrecía una mejor protección a mediano y largo plazo: los del segundo grupo recayeron muchísimo menos que los del primero. Sí, la felicidad está al alcance de la mano. Basta abrir el ropero y agarrar las zapatillas.

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