Un refugio de diseño que captura la esencia del Delta

16 de agosto de 2018  

Abierta, cerrada; opaca, transparente; cubierta, al sereno; sostén y mirador. A pesar de toda su modernidad y su contrapunto de abstractos, esta cabaña aterriza en una isla del Delta para demostrar que solo le está siguiendo la corriente.

Una geometría amable muestra y protege. La cobertura parcial de la terraza, divinamente dibujada, da la libertad de correrse a la sombra o sentarse al sol. Crédito: Santiago Ciuffo

Tomar la eternidad del Delta y proponerle a ese paisaje un agregado sintético y actual. Y, al mismo tiempo, proponerles a sus habitantes un modo amplio de habitar el entorno sin hacerlos sentir invasores ni extranjeros; todo lo contrario: los pone en franca convivencia con él, pero dándoles sucesivos momentos de privacidad en solo 36 metros cuadrados. Eso lograron (y por ello fueron premiados) los arquitectos Lucía Hollman y Agustín Moscato, de estudio AToT, cuando respondieron al pedido de hacer un refugio delteño que pudiera acomodar a cuatro personas.

Los pilotes de cemento y el revestimiento de metal se convierten en un blando interior de madera que lo toma todo, pero se abre en ventanales de piso a techo que no cortan la fuga.

Sobre la mesa, Vajilla lisa y jarra ‘Queen’ (Falabella). Simple. Crédito: Santiago Ciuffo

En el living, almohadones de lana de alpaca y, superpuestas, dos alfombras tejidas a mano en telar en pura lana de oveja (todo de Elementos Argentinos). Sobre el banquito con asiento tejido (Arredo), toallón gris (Falabella). Lo enfrenta una banqueta de madera que corre de un ventanal a otro. En el primer sector puede convertirse en los tirantes de una cama extra; en el comedor enfrentado a la cocina, en asiento frente a la vieja mesa redonda de patas torneadas, hoy con una leve pátina blanca que la hace gris.

Con los únicos cerámicos fuera de la vista, la mesada toma el lateral de la estrecha cocina. Crédito: Santiago Ciuffo
Hay espacio suficiente para una bacha y un hornito eléctrico: Acompañan un secaplatos de bambú color natural y una bandeja de madera (todo de Arredo). Crédito: Santiago Ciuffo
Del living al dormitorio en dos pasos, y por eso mismo, sin interrumpir la estética ni el clima. Solo las guías en el piso recuerdan que hubo una obra, rápida, limpia y eficiente por demás. Crédito: Santiago Ciuffo

Cálido, el único dormitorio está revestido en madera y tiene una cama de dos plazas del mismo material. Sobre ella, almohadones con fundas de algodón y de rafia tejida color gris (todo de Arredo).

Perfiles de hierro y chapas. Y un ventanal que toma la mitad del frente, opuesto a uno idéntico. Paso libre, grande, a la vista y la luz. Crédito: Santiago Ciuffo

Están los pilotes que mantienen las crecidas a prudente distancia sin alejarse tanto del río, la madera, la chapa, los elementos que conectan con lo tradicional, pero en una planta cuadrada que explota el uso de cada metro disponible y los duplica en una terraza que es lugar de encuentro y que alienta una nueva subida. Para adivinar el agua entre las agujas de las casuarinas que buena parte del tiempo tienen los troncos sumergidos y gozar de un cielo celeste que limpia la mirada.

Un camino que baja y no se pierde, un elemento esencial que lleva desde la casa radiante hasta el ecosistema abigarrado de lirios, musgo y finos pastos de laguna, de eterno color Esmeralda. Crédito: Santiago Ciuffo

En la terraza, muebles sencillos de madera rústica que la intemperie se encargó de colorear de gris. Para que la charla se alargue, hay que agregarles un poco de abrigo mullido. Chalina hecha a mano (Elementos Argentinos), toallón ‘Faro’ azul (Falabella), almohadones de lana de alpaca (Elementos Argentinos) y de rafia tejida (Arredo). Más allá de un aguacero, no parece haber límite para lo que puede durar en esta terraza cualquier sobremesa.

Esta nota forma parte de nuestro último especial Refugios Mínimos.