Un pájaro cualquiera: virtuoso e irreverente relato para desarmar a Chéjov

Leni González
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17 de agosto de 2018  

Un pájaro cualquiera / Dramaturgia: Patricio Ruiz / Elenco: Martín Amuy Walsh, Natalia Carmen Casielles y Armenia Martinez / Vestuario: Javier Mayer / Escenografía: Giselle Vitullo / Luces: Nadia Farías / Canción: Eduardo Barrientos / Producción: Martesnueve / Asistencia de dirección: Francisco Lachavanne / Dirección: Patricio Ruiz / Sala: Teatro del Pueblo (Diagonal Roque Sáenz Peña 943) / Funciones: viernes, a las 21 / Duración: 53 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Mientras los espectadores se sientan alrededor del escenario en forma de "u", en la sala pequeña del Teatro del Pueblo, las dos actrices merodean la puerta, observan si ya está todo listo, caminan sobre el piso en damero y dan vuelta a la única silla de la escenografía. Cuando termine de sonar la música de Eduardo Barrientos, empezarán a hablar: una, la que ocupa la silla, con un largo y monárquico vestido rojo, es una figura del espectáculo venida a menos; la otra, con solerito blanco y mochila, una principiante llegada del conurbano que busca su oportunidad en un casting publicado en internet.

Blanca ejerce su poder de productora selectiva que con desdén revisa currículums; Cecilia quiere el trabajo en "esa obra" y muestra lo que preparó, el monólogo de Nina en La gaviota, de Chéjov. Cuando aparezca Lucio, el director de teatro, hermano (o hijo) de Blanca, encerrado por haberse dado un pum en la cabeza, la alusión a la obra de Chéjov quedará planteada: Blanca/Irina, Cecilia/Nina y Lucio/Tréplev. Pero Un pájaro cualquiera no es un clásico adaptado. El autor y director Patricio Ruiz recoge el siempre fecundo guante de La gaviota para hablar sobre los límites entre la actuación y la vida, entre la tragedia de los deseos incumplidos y la absurda rutina de la infelicidad.

No es casual que Ruiz ponga en boca de Cecilia/Nina, un texto de la escritora y performer Angélica Liddell ("...me produce náuseas la dichosa gaviota, me produce náuseas el mundo tal como lo describe Chéjov, me producen náuseas las actrices debutantes, me producen náuseas las actrices consagradas, me producen náuseas los directores y los actores") porque es ese el espíritu que intenta buscar, el de un teatro que no encuentra las palabras justas pero se sobrecarga de definiciones como los crucigramas con los que mata el tiempo Lucio.

Es tentador pensar que si La gaviota fuera una sitcom, tendría la forma de Un pajaro cualquiera, por la brevedad, el ingenio, los guiños, las humoradas comiqueras y una desmesura casi amable. Sin embargo, hay una víctima. Las actrices, la experimentada y la debutante, sobreviven a sus angustias. Pero es el autor/director quien no puede salir de la trampa de aquello que no quiere nombrar ni escuchar.

Igual que en Chancha coraje, Ruiz muestra una gran precisión en el manejo de los actores. Los tres, Natalia Carmen Casielles (Cecilia), Armenia Martínez (Blanca) y Martín Amuy Walsh (Lucio) juegan con soltura la propuesta del director con quien habían trabajado el año pasado para el ciclo Divinas glorias, donde en versión breve tuvieron una primera aproximación a este material después desarrollado. Al lado de la sala en la que continúa su éxito eterno Terrenal, en un teatro histórico que pronto cambiará de barrio, Un pájaro cualquiera le falta el respeto al clásico y lo desarma sin prejuicios.

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