Viajar con un objetivo: detrás de las mejores fotos de vida salvaje

El detrás de escena de aquellos que ponen el ojo en lo natural y viajan con un objetivo
El detrás de escena de aquellos que ponen el ojo en lo natural y viajan con un objetivo Fuente: LA NACION
Julieta Bilik
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19 de agosto de 2018  

Emilio White

Más que fotógrafo, naturalista. Para Emilio White, "la naturaleza es lo primero y la fotografía, una excusa".

Todo comenzó cuando tenía 21 años y viajó al Gran Chaco formoseño para trabajar en un proyecto sobre conservación de los monos nocturnos mirikiná. Luego, permaneció en la región colaborando con una investigación sobre la anaconda amarilla o curiyú y trabajó como asistente de campo en varias series televisivas de la BBC. Esa experiencia en documentales lo impulsó a considerar la fotografía como una forma de transmitir su pasión.

Radicado en Misiones, ha publicado tres libros sobre la Selva Atlántica. El último, Parque Nacional Iguazú: Maravilla de la humanidad, reúne en 264 páginas imágenes de la flora y la fauna de la reserva, Patrimonio de la Humanidad desde 1984.

"A lo largo de cinco años busqué mostrar la selva en su intimidad. Es un ambiente muy diverso y complejo. Siempre hay algo entre el lente y lo que se está intentando fotografiar", explica White, ahora embarcado en un proyecto igual de ambicioso: un libro sobre el yaguareté. Y cuenta que en La Rioja, tras varias jornadas de 10 horas de espera en una cueva, logró una toma del felino cuando se presentó durante -calcula- 20 segundos.

Por eso, siempre aconseja tener tiempo. Para aquellos que quieran hacer safaris fotográficos, recomienda viajes de -al menos- una semana. "Averiguar la fauna que hay en el lugar y aprender los comportamientos del animal para retratarlo en la actitud que más lo representa. Esperar el momento del año adecuado y elegir el horario de la toma. La paciencia es clave", confirma.

Como destino posible para esas expediciones propone Iberá para retratar garzas y carpinchos, ya que están muy adaptados a la convivencia humana.

Desde adentro, la selva le parece un lugar más complejo por las luces y sombras, y la cantidad de estímulos visuales que contiene. Aunque reconoce: "Una foto de una calandria en la plaza de cualquier pueblo puede ser tan buena como la de la especie más extraña. Depende de la imagen que se logre, no del animal".

Cuando se puede, recomienda pernoctar en los parques nacionales para acceder a los horarios mágicos de la luz: el amanecer y el atardecer. Pero advierte que al acampar hay que tomar los recaudos necesarios, como cargadores solares o baterías de repuesto si no hay electricidad. Otro tip que aporta es conocer la flora. "Si encontrás flores que pueden atraer picaflores está bueno quedarse a esperarlos".

En cuanto a los elementos, aconseja llevar trípode y un lente gran angular para los paisajes. Y si se está a la caza de fauna, un teleobjetivo. Las guías de fauna y flora sirven para el estudio previo. Además, hay aplicaciones como la de Aves Argentinas que incluyen glosario, fotos y hasta los cantos de cada especie.

Estar provisto de la indumentaria adecuada le parece fundamental: llevar sombrero, ropa de camuflaje, mangas largas para protegerse del sol y los insectos, protector, repelente y buen calzado. También, botiquín. Una vez lo picaron unas hormigas y le dio una reacción alérgica por lo que se tuvo que inyectar un decadron. Así que recomienda, con conocimiento, especial atención en este punto.

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Cynthia Bandurek

Su libro "El mundo de lo pequeño" se financió colaborativamente
Su libro "El mundo de lo pequeño" se financió colaborativamente Fuente: LA NACION

Al comienzo, la fotografía fue un método que le servía para tener registro de las especies que investigaba como ecóloga y naturalista. Pero ahora es su pasión. Cynthia Bandurek tiene 41 años y hace más de diez que saca fotos de naturaleza. "Empezó como una herramienta, pero me enamoré de la disciplina y me fui formando como autodidacta al practicar".

Hoy, además de aprovechar las reservas más cercanas a su casa en zona Norte -como la de Vicente López; la de Rivera Norte y Costanera Sur- sus vacaciones se dedican exclusivamente a sacar fotos. Siempre por Argentina y este verano, por primera vez, en Costa Rica, Cynthia viaja con su equipo a cuestas -a veces lleva 10 kilos en la mochila- y se adapta a dormir en carpa, refugios, albergues o lo que sea necesario.

El esfuerzo da sus frutos. Por eso este año en Ecoturístico La Tarde, una finca privada en las afueras del Parque Nacional Corcovado, en la península de Osa (Costa Rica, considerada una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta) consiguió una de las imágenes que había ido a buscar: la de la rana de ojos rojos.

"Aunque fui en temporada seca la encontré después de una tormenta. Hay que tener mucha paciencia", reconoce. Y nada mejor que su libro El mundo de lo pequeño para demostrarlo. Fruto de diez años de trabajo como fotógrafa y otros tres entre selección, edición, compaginación y redacción, fue editado el año pasado gracias a una campaña de financiamiento colectivo.

Dedicado al universo de los insectos, presentes en el planeta desde hace 350 millones de años, el libro posee un punto de vista evolutivo y, más allá de la diversidad de especies que presenta, se centra en las adaptaciones y las características más llamativas de cada una.

La mayoría de las tomas, realizadas con lentillas o lentes de macrofotografía (que permiten enfocar a pocos centímetros de distancia de la cámara) requieren, según explica Cynthia, precisión y actitud estoica. "Apenas respirás o el viento mueve la hoja, la imagen se va de foco. Además, muchas veces los insectos vuelan muy rápido -más que el obturador- y las fotos salen vacías. Sumado a lo difícil que es encontrarlos porque suelen ser milimétricos".

Mucho más que una técnica que permite ver detalles que de otra manera no veríamos, para Cynthia, la fotografía es construcción artística. "Se hacen parte de la imagen las emociones y la sensibilidad del fotógrafo por lo que resulta una excelente herramienta para transmitir valores y conocimientos, en mi caso acerca de la importancia de nuestro entorno natural".

Cynthia admite que entre sus pendientes figura viajar a África para fotografiar a los grandes mamíferos y a Ecuador para conocer la selva de Chocó. Además, quiere sumar a su colección la figurita difícil local: el yaguareté que, cuenta, pronto irá a buscar con sus equipos y. como ya es costumbre, su paciencia a cuestas.

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Gabriel Núñez

Consiguió la foto del Kakuy, un pájaro muy difícil de ver
Consiguió la foto del Kakuy, un pájaro muy difícil de ver Fuente: LA NACION

Primero se dedicó al avistaje de aves y desde hace unos años, se animó a la fotografía de naturaleza. Con la pretensión de retratar la avifauna salteña desde una visión artística, recorre la provincia y organiza viajes para fotógrafos de todos los niveles: amateurs, profesionales y también principiantes.

Guía habilitado y fotógrafo formado de manera autodidacta, Gabriel Núñez propone travesías que recorren la compleja geografía salteña a través de sus rutas provinciales 40, 34 y 9. Con la capital como punto de partida, suele organizar safaris de entre 3 y 5 días a parajes que atraviesan paisajes como el Salar de Arizaro, el Cono de Arita, las Lagunas del Toro y la Cuesta del Obispo en el camino a Molinos.

Según Núñez, uno de los más requeridos es el que tiene como destino Tolar Grande, a 350 kilómetros de Salta. "Se sale temprano, así se pueden hacer tomas del amanecer. Buscamos la combinación de un lugar lindo con la luz indicada. En general vamos por tres días y podemos pasar la noche en una hostería municipal muy bien equipada o un albergue que, con habitaciones compartidas, es mucho más económico".

La ventaja, en estas salidas, es el asesoramiento. "Aportamos nuestra experiencia, la información sobre los lugares y sus mejores horarios". Y, como resultado, "buenas fotos".

Para Núñez no es fácil decidir cuál es su foto favorita porque cada una tiene su historia, su momento. "Tengo una de una vicuña a contraluz que me gusta mucho. Y varias de flamencos volando. Algunas de pájaros carpinteros y la del Kakuy".

Suele dar clases de fotografía en su provincia, Formosa y Buenos Aires, y resume la clave de su actividad en la necesidad de "ser uno con el medio ambiente". Para él, esa es la sensación que persiguen todos los fotógrafos de naturaleza. Y que, por fortuna para el resto, queda plasmada en sus imágenes.

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Belén Etchegaray

El papá de Belén Etchegaray era fotógrafo así que -alguna manera- ella heredó la profesión. "Todos los años viajábamos en carpa a un rincón diferente de la Argentina. En ese entonces era el encargado de registrar esos viajes y, en el 95% de los casos, sólo había imágenes de los paisajes que habíamos visto".

Cuando cumplió 24, Etchegaray hija empezó a dedicarse con seriedad al asunto. Para ella, hacer fotografía de naturaleza es un desafío constante, donde casi todo está supeditado a la suerte. "Uno puede planificar al detalle un viaje, contar con el mejor equipo, pero lo concreto es que cuando llegás al lugar, es muy factible que poco salga como lo tenías planeado: el clima puede no acompañar, la especie que estás buscando puede no aparecer o, si lo hace, que no sea en las mejores condiciones".

Es la directora de FNA, una iniciativa privada que nació en 2003 como el primer espacio dedicado a la fotografía de Naturaleza en la Argentina y Latinoamérica.
Es la directora de FNA, una iniciativa privada que nació en 2003 como el primer espacio dedicado a la fotografía de Naturaleza en la Argentina y Latinoamérica. Fuente: LA NACION

Ambiciosa y perfeccionista, para Etchegaray su foto más preciada es aquella que aún no sacó. "Eso es lo que me mantiene activa, aprendiendo, mejorando con cada intento, queriendo más y siendo consciente de que, si aun no la logré, la madre naturaleza me dará la oportunidad más adelante". Y entre las que si logró destaca la del ciervo de los pantanos para cuya toma se dieron muchas condiciones al mismo tiempo: la tranquilidad del animal, la luz del momento y como bonus: el Picabuey en el lomo.

Su lugar en el mundo para hacer fotografía de animales es la Reserva Natural Iberá, en Corrientes. "Suelo viajar varias veces por año desde hace una década, ya sea sola o guiando grupos; conozco el lugar, las especies y creo tener el registro de la mayoría de ellas; sin embargo, llevo esa misma cantidad de años intentando obtener una buena imagen del Lobito de río. Si bien lo vi infinidad de veces y llegué a fotografiarlo, aún no logré la toma que tengo en mi cabeza".

Eso es, para ella, lo más apasionante de la fotografía de naturaleza: no se trata solo de estar en el lugar adecuado, de tener el mejor equipo y presionar el disparador de la cámara. Son muchos los factores -ajenos- que se tienen que conjugar juntos para lograr esa imagen soñada. "Una buena fotografía te puede salir de casualidad, pero con una sola no hacés mucho. Hay mucho trabajo, paciencia, pasión y suerte detrás de cada buena fotografía de naturaleza", opina.

Etchegaray también es emprendedora. En abril de 2003 creó FNA -Fotografía de Naturaleza Argentina ( fnaweb.org)-, una organización mediante la cual realizan actividades como exposiciones, charlas, concursos, expediciones fotográficas y, además ofrecen cursos, talleres y workshops con los más destacados fotógrafos en diferentes zonas del país. Y por si todo esto fuera poco, desde 2016 lleva adelante Ediciones Aitue, un emprendimiento que intenta cubrir un hueco editorial en nuestro país, publicando guías y manuales sobre fotografía de naturaleza.

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Jorge Emir Llugdar

Nació en La Banda, Santiago del Estero, una ciudad ubicada a 8km de la capital provincial. Hace 41 años aprendió a sacar fotos ¡por correo!, gracias a las entregas de la Escuela Fotográfica Sudamericana. Hoy, se desempeña como fotógrafo de la dirección de prensa de la Municipalidad y tiene vocación de archivista.

Jorge Emir Llugdar, de 60 años, viaja al monte -cada vez que puede- con un propósito: registrar la flora y fauna de su provincia. Y se lo toma en serio: cuenta con una muestra itinerante que pasea por escuelas, universidades y centros educativos con la aspiración de hacer pedagogía entre la nuevas generaciones.

"En mi vida, viajes y fotografía se combinan como un placer y una pasión". Primero, con un Renault 4L modelo 66, después con un Renault 6 del 74 y ahora con un Ford Fiesta del 96, Llugdar viaja y registra. Sin camionetas ni jeep -lo más adecuado para los terrenos del monte- todas sus travesías son a pulmón.

Calcula tener imágenes de 600 animales, en su mayoría aves, y alrededor de 100 variedades de vegetales
Calcula tener imágenes de 600 animales, en su mayoría aves, y alrededor de 100 variedades de vegetales Fuente: LA NACION

Con el correr de los años ha ido sumando a su colección, tanto registro de especies (calcula tener imágenes de 600 animales, en su mayoría aves, y alrededor de 100 variedades de vegetales) como herramientas que facilitan su tarea. Provisto de binoculares, cámaras trampa (que ubica en el monte y deja agarradas al tronco de un árbol para que se ocupen de filmar y fotografiar todo lo que se cruce delante de ellas porque tienen sensores de movimiento que se activan cuando se les cruza algo), microcámaras, cámaras sonda que mete en cuevas y en hormigueros, un dron para filmar el monte desde el aire y a las aves en la laguna, y un submarino a radiocontrol para registrar el andar de peces. Experto en invisibilizarse, también usa equipos de camuflaje como redes que le permiten estar varias horas a la orilla de una represa para fotografiar aves.

Aunque conoce casi toda la provincia y recorrió los campos aledaños a Santiago, La Banda, Frías, Río Hondo y Quimilí, tiene como pendiente viajar al Copo, en el límite con Chaco.

La foto por la que siente más orgullo -al igual que Núñez- es la del Kakuy, un ave de coloración críptica que se "funde" con el lugar donde se posa -erguida y tiesa-, y pasa a ser invisible para sus presas y enemigos. Camuflada y todo, el ojo atento de Llugdar logró inmortalizarla junto a su pichón. Todo un hallazgo.

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