Cinco bosques encantados, de la Patagonia a Japón

19 de agosto de 2018  

1. Villa la Angostura: Arrayanes y disney

El bosque de aquellos árboles de corteza fría y color canela es una de las grandes atracciones de la región del Nahuel Huapi, destino de una clásica salida embarcada desde Puerto Pañuelo (en la Península Llao-Llao, a 25 kilómetros del centro de Bariloche). Se cruzan las aguas del lago hasta la Península Quetrihué, en cuya punta está el parque nacional creado especialmente para preservar uno de los únicos bosques de arrayanes del planeta.

El sendero empieza desde el muelle mismo y tiene pasarelas para proteger las nuevas plantas, que crecen muy lentamente. La caminata culmina delante de una cabaña de troncos, conocida como la Casita de Disney. El creador de Mickey visitó la región y -dicen- se enamoró del paisaje del bosque ,que le inspiró los bocetos de la película animada Bambi. ¿Verdadero o falso? Lo cierto es que el paisaje es de una belleza y una singularidad únicas porque los arrayanes son allí más numerosos y más altos de lo habitual.

La manera más cómoda para llegar es por vía lacustre hasta el desembarcadero de Puerto Arrayanes. Por tierra, una senda cruza toda la península Quetrihué desde Villa la Angostura. Tiene unos 12 kilómetros de largo y la caminata tarda de tres a cuatro horas. La entrada al parque cuesta $ 140 para argentinos. La Casa de Disney es en realidad una confitería abierta al mediodía. www.parquesnacionales.gob.ar

2. Kyoto: la música de los bambúes

El bosque de bambú de Arashiyama es una de las postales de Japón y uno de los lugares más visitados de la antigua ciudad imperial junto al Pabellón Dorado de Kinkaku-ji y el Pabellón de Plata de Ginkaku-ji, los cientos de torii (puertas rituales) del templo de Fushimi Inari y el barrio de Gion, con sus casas medievales de madera.

El bosque de bambú de Arashima, un paseo imperial Fuente: LA NACION

Se llega al bosque y a un parque natural donde vive una colonia de monos cruzando el puente Togetsukyo, en la periferia noroeste de la ciudad. Es más bien chico pero muy llamativo. Los bambúes son gigantescos y altos como árboles. Sus troncos rectilíneos forman un paisaje fuera de lo común, que se puede disfrutar a lo largo de un camino de medio kilómetro que lo cruza de par en par.

No es el único en su tipo pero sí el más visitado. En el pasado el bosque de Arashiyama (también conocido como bosque de Sagano) era un lugar de descanso para la corte imperial. Al igual que lo hacen los visitantes de hoy, los familiares del emperador podían apreciar la delicada música que provoca el viento cuando mece los troncos y los hace chocar suavemente.

La mejor manera es llegar en bus o en tren (vía Hankyu hasta la estación de Arashiyama). El bosque está a unos 15 minutos caminando. La entrada es libre y el sitio está siempre abierto. Es posible recorrer el bosque y los alrededores a bordo de un rickshaw por US$ 50 por persona. La visita se realiza todo el año aunque siempre es mejor en primavera para aprovechar la vista de los sakuras en flor y en otoño para los colores del follaje. www.kyototourism.org

3. Nueva Zelanda: tierra de goblins

El Parque Nacional Egmont y su bosque de los Goblins, en Nueva Zelanda Fuente: Archivo

El monte Taranaki o Egmont es un volcán cuya última erupción se registró en 1775. Sin embargo, los vulcanólogos creen que podría volver a entrar en actividad en cualquier momento. Mientras tanto, su cumbre dormida domina el Parque Nacional Egmont desde 2500 metros de altura. El área natural dibuja un círculo digno de una clase de geometría alrededor del volcán, como se aprecia en las fotos satelitales.

El verde oscuro de los bosques contrasta con los tonos más claros de las pasturas de la región. Hay varios senderos para caminar por el parque: el más popular es el Kamahi Loop, que atraviesa el Bosque de los Goblines, donde los árboles y el paisaje parecen creados para el set de filmación de alguna película fantástica como El Señor de los Anillos o la ochentosa Laberinto (en la que David Bowie es justamente el Rey de los Goblins). Los troncos están cubiertos de musgos y las ramas son bien tortuosas.

No hacen falta efectos especiales para agregar dramatismo: durante parte del año, el bosque está envuelto por la neblina.

La entrada es gratuita. Hay que tomar en cuenta algunas recomendaciones antes de salir a caminar por los senderos al pie del volcán: chequear las condiciones climáticas; calzar zapatos cómodos y llevar abrigo impermeable; avisar a terceros. El loop tiene un largo total de 600 metros y se estima que puede llevar 15 a 30 minutos recorrerlo con tiempo para sacar fotos. El sendero empieza a la altura de la Stratford Mountain House, km 15 de la Pembroke Road. El kamahi es uno de los árboles más emblemáticos de Nueva Zelanda. www.doc.govt.nz

4. Polonia: los pinos de Pomerania

Esta curiosidad natural se encuentra en Gryfino, en Pomerania Occidental, cerca de la frontera con Alemania. No es muy grande pero se ha convertido en una de las mayores atracciones naturales de Polonia. Un centenar de pinos deformados repiten la misma silueta, totalmente antinatural. Sus troncos se doblaron a unos 40 cm por encima del suelo. Luego de este codo, los árboles volvieron a crecer normalmente y dibujan un 4, uno al lado del otro. Tal curiosidad dio pie a muchas teorías; algunas haciendo intervenir a los alemanes que ocupaban la región en los años 30, cuando los pinos fueron plantados.

¿Fuerzas magnéticas en el suelo, experimentos científicos nazis o prosaicos ensayos para optimizar trabajos de carpintería? El bosque de Gryfino no reveló su secreto, aunque algunos vecinos creen que solo se trata de pinos que fueron cortados en épocas de Navidad y volvieron a crecer desde la base del tronco.

El Bosque Torcido (Krzywy Las, en polaco) está en las afueras del pueblo de Nowe Czarnowo. Es la única atracción local y los vecinos están acostumbrados a indicar cómo llegar a los turistas de paso. El sitio está siempre abierto y no se cobra entrada. www.poland.travel

5. Italia: la foresta en la Puglia

La Foresta Umbra, uno de los últimos bosques primarios, en el sur de Italia Fuente: LA NACION

Un bosque primario es aquel que llegó a nuestros tiempos tal como lo generó la naturaleza, con poca o nula intervención humana. Lo menos que se puede decir es que quedaron muy pocos. Sobre todo en Europa. La Foresta Umbra, en la península del Gargano, en el sur de Italia (Puglia), es uno de ellos. Está dentro del Parque Nacional del Gargano y su nombre viene del latín y significa sombra. Como en tiempo de los antiguos romanos, hoy el bosque sigue igualmente espeso y oscuro. La reserva natural está dividida en zonas, con varios sectores intangibles y de acceso prohibido para que lo que queda del bosque primario pueda seguir siéndolo. Además, el parque es un importante hábitat para la fauna local -ciervos, lobos, liebres y 170 especies de aves- y una reserva natural que concentra un tercio del total de la flora italiana. Forma parte del Patrimonio de la Humanidad desde el año pasado.

Se entregan mapas en el centro de visitantes, pero el bosque es muy espeso y es fácil perderse. Se recomienda tomar precauciones y tratar de ubicarse al caminar por los senderos. Las localidades de Foggia y San Severo están conectadas por tren con el resto de Italia. Las oficinas del Ente del Parque están en Via Sant'Antonio Abate, 121, en Monte Sant'Angelo. www.parcogargano.gov.it

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