Canelo vs. Golovkin: la lengua burda no suma

Álvarez y Golovkin, más cerca del segundo capítulo
Álvarez y Golovkin, más cerca del segundo capítulo Fuente: AFP
Osvaldo Príncipi
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17 de agosto de 2018  

Falta menos de un mes para que el kazako Gennady "G. G. G." Golovkin, campeón mediano del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) y la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), y el mexicano Saúl "Canelo" Álvarez, ex bicampeón, vuelvan a combatir en Las Vegas, tras empatar en una de las mejores peleas de los últimos tiempos, el 16 de septiembre de 2017. Pero algo cambió en esta historia. En ellos y en el público. Por lo cual el éxito - deportivo y de consumo- que pueda tener este desquite es hoy todo un acertijo.

Las agresivas declaraciones de mal gusto vertidas por uno sobre el otro tras la postergación de esta revancha, prevista en primera instancia para el 3 de mayo pasado, decepcionaron a los simpatizantes que siempre admiraron la gallardía, la honorabilidad y el respeto que ambos se habían tributado. Y ello fue clave para el éxito integral del enfrentamiento anterior.

Golovkin, de 36 años, y su equipo ofendieron a Canelo al tratarlo como a un drogón vulgar ante la opinión pública, tras desaprobar los controles antidopaje por consumo de clembuterol. G. G. G. redobló su conducta asombrosamente agresiva definiendo al mexicano como "el rival más sucio y descarriado" que tuvo en su carrera.

Álvarez, de 28 años, culpó al kazako y a su entrenador, Abel Sánchez, por el desprestigio que le causaron con los peores calificativos. A modo de contraataque lingüístico puso en duda la valía real de la mayoría de los retadores de Golovkin, que convirtieron a este en un noqueador espectacular, vencedor de 38 combates, con 36 KO. "He perdido todo el respeto que sentía por él", manifestó el mexicano.

Sin embargo, toda la ira expuesta frente a los medios y a quien se dignó a escuchar ambos no encendió la expectativa de este combate como se esperaba. Contrariamente, lo apagó. Resulta densa y cargosa, hasta molesta, la utilización permanente de la grosería burda y la descalificación inesperada por parte de quienes han trazado carreras destacables. Y al habitué del boxeo lo saturó. Lastimaron la imagen de su pelea.

La empresa Golden Boy, que preside Oscar De la Hoya, inversionista principal de esta reunión que se llevará a cabo 364 días después de aquella, el 15 de septiembre próximo, en el T-Mobile Stadium de Las Vegas, captó rápidamente el sentir de los expertos y programó en esta cartelera a tres figuras del boxeo capacitadas para remover esta sensación fastidiosa. Ellas son el nicaragüense Román "Chocolatito" González, excuádruple campeón mundial; la noruega Cecilia Braekhus, campeona unificada welter y ganadora de sus 30 cotejos, y el mexicano Jaime Munguía, campeón mediano junir de la Organización Mundial (OMB) y noqueador del momento. Un respaldo que fortalece un desquite opacado tras los fracasos de Canelo contra las probetas y los laboratorios.

Darán vida a un duelo de estos tiempos. De los últimos y los valorados. Aquellos que ameritan no tener falencias de origen. Por eso irrita este contorno barato, de embestidas ordinarias e inesperadas que quisieron dar un tinte bélico a un desafío que con base en estrategia, entrega y calidad gestó el empate muy bueno de hace casi un año.

Costó mucho volver a confiar en un clásico del ring luego de la frustración que gestaron Floyd Mayweather y Manny Pacquiao en 2015. Canelo y G. G. G. hicieron lo suficiente con sus puños valientes para recuperar parte de la credibilidad perdida. Que sus lenguas sosas no empañen el sitial reconquistado.

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