Sweetener: Ariana Grande y su disco más ambicioso

Ariana Grande - No tears left to cry - Fuente: YouTube

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17 de agosto de 2018  • 16:04

Ariana Grande logró convertir uno de los momentos más difíciles de su vida -el atentado a minutos de que terminara uno de sus shows en Manchester- en iluminación. La ídola pop de 26 años acaba de lanzar Sweetener, su cuarto álbum de estudio. El mismo está producido por el sueco Max Martin y los estadounidenses Pharrell Williams y Savan Kotecha y es, sin duda, el más ambicioso y experimental de su carrera. Aunque no todos los temas son iguales, y existe una disparidad entre canciones que son realmente una rareza con otras que podrían estar dentro del catálogo de típicos temas pop, éste es su disco más maduro.

"Es como llevar la luz a una situación, a la vida de alguien, o que otra persona ilumine la tuya", había adelantado la cantante. Y es un poco lo que logró con las 15 canciones que componen el disco. Con colaboraciones de Nicki Minaj, Pharrell Williams y Missy Elliott, Ariana saca su costado más osado y explora su identidad, con el sello de uno de los productores más volubles y talentosos de la escena que la llevó a tomar ciertos riesgos sonoros que la colocaron a otro nivel.

Desde el primer corte del álbum, "Light is coming", Ariana da muestra de una sólida prueba de que el pop puede ser disruptivo. No hace falta usar sonidos verificados para crear un tema prefabricado y que funcione, también se pueden correr riesgos y esto hizo Grande. Con un arranque distorsionado y, de fondo, un loop con un audio de un informe del noticiero, silbidos, y algunos recuerdos emotivos con la clásica musiquita de los videos juegos de los ochenta, canta: "The light is coming to give back everything the darkness stole" (La luz está viniendo para devolver todo lo que la oscuridad robó). Con la colaboración de Nicki Minaj, Ariana pasa del rap al hip hop, y recorre matices que, por momentos, ilustran el apocalipsis y la expulsión de la oscuridad. Deja atrás lo sucedido en Manchester.

En "Borderline", que tiene algunos puntos en común con un tema electrodance, la voz de Ariana levita y sale airosa y se fusiona con la de Missy Elliot.

Se trata de un disco mucho más ambicioso que cualquier otro del pop promedio.Tiene canciones bailables y emotivas (como "No Tears Left to Cry") , a cargo de los suecos, y melodías extravagantes con ritmos extraños, de Pharrell, que gusta de correr por caminos vertiginosos. En estas últimas no hay estructuras de coro en verso, sino distintas influencias musicales que logran escapar del cliché como "R.E.M".

Algo que no se siente tan así en "God is a woman", una canción más estándar que termina de entenderse con el video de Dave Meyers, en el que además de poner el foco en la mujer también hay un mensaje irónico con respecto a la sexualidad. Basta ver a Grande tomando algunos trucos de Madonna. En tanto en "Succesful", Ariana canta "Se siente tan bien ser joven y divertirse y tener éxito" y muta entre su melodía y algunos registros que pueden linkear con sonidos más expansivos del soul de la década de los 70. Lo que parece una frase egocéntrica en realidad plantea una pregunta concreta y existencialista ¿qué es ser exitosa? Y también aborda, en algún punto, una temática muy actual: una mujer empoderada y joven.

Hay otros temas donde Ariana se anima a hablar de cosas más oscuras como "Everytime", donde hace referencia a una relación tóxica, "Breathin", y, la última canción del disco, "Get Well Soon", en donde Ariana, sobre sintetizadores analógicos, parece hablarse a sí misma sobre sus ataques de pánico. En esta canción, que Pharrell acompaña con el piano, Ariana es más la Ariana Grande que todos esperan y no la que resurgió de las cenizas tras Manchester.

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