Los chicos quieren hacerse ricos diseñando videojuegos

Una vista de los clásicos personajes de Roblox, que permite que los usuarios creen mundos y niveles con su motor gráfico
Una vista de los clásicos personajes de Roblox, que permite que los usuarios creen mundos y niveles con su motor gráfico
Javier Cortés
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20 de agosto de 2018  • 00:51

Fue un amigo quien introdujo a Joshua Martheze en Roblox cuando tenía 14 años. "Al principio simplemente disfrutábamos con juegos populares, pero enseguida comenzamos a probar Roblox Studio y a crear nuestros propios mapas", confiesa. "A medida que aprendía a utilizar esta herramienta adecuadamente, empecé a diseñar juegos. Unos dos años más tarde, publiqué mi primer juego popular".

Para quienes no la conozcan, Roblox es una plataforma online que, como se deduce de lo anterior, ofrece a sus usuarios la oportunidad de crear y compartir juegos con la comunidad, pero además les paga por ello. Concretamente, repartieron más de 26 millones de euros solo en 2017 entre sus jóvenes desarrolladores. La actividad de estos proactivos usuarios ha impulsado el crecimiento de la compañía. El pasado diciembre, más de 50 millones de niños y adolescentes visitaron Roblox, más usuarios jóvenes de los que suman los que estuvieron en YouTube, Netflix y Facebook en este mismo periodo de tiempo, según Comscore.

El peso de los desarrolladores en los números de la empresa ha sido posible gracias a la sencillez de las herramientas que ofrece Roblox para crear juegos: cualquiera puede diseñar uno. El año pasado, más de dos millones de usuarios crearon 11 millones de títulos, de los cuales 1500 superaron el millón de partidas jugadas. La comunidad gamer alrededor de este universo es extensa; el número de diseñadores de videojuegos menores de edad que ha producido este fenómeno, nada desdeñable.

El grueso de los ingresos de Roblox procede de la venta de Robux, una moneda digital con la que los usuarios pueden comprar mejoras para los juegos de la plataforma. Los jóvenes desarrolladores eligen la forma de monetizar sus creaciones y la compañía les premia con el 18% de los ingresos que generen, según reconocía en una entrevista a Forbes su CEO, David Baszucki.

Martheze, de 19 años, se limita a compartir que ha recibido ingresos constantes durante el último año, pero uno puede hacerse una idea basándose en el éxito de sus creaciones: Roblox Egg Hunt 2018, su juego con más visitas para cuyo desarrollo contó con un equipo de 15 personas, supera los 57 millones de partidas jugadas. Invierte una parte en desarrollar nuevos juegos -contratar a gente para ciertas áreas del juego como el modelado 3D- y utiliza el resto para sus gastos. Aunque no se queja de sus números, confirma que conoce desarrolladores de la plataforma que ganan más de 200.000 euros mensuales.

No parece que sea el caso de Jackson Munsell, quien también rechaza dar detalles de sus ingresos. "Puedo decir que gano suficiente para pagar mis facturas y trabajar en Roblox a tiempo completo", expone. "Esta es una opción de carrera viable para mucha gente". En los 10 años que hace que descubrió la plataforma, con tan solo 9, ha creado seis juegos y actualmente lidera un equipo constituido por cinco empleados y cuatro colaboradores.

El repositorio de juegos en Roblox incluye contenido creado por programadores de cualquier edad
El repositorio de juegos en Roblox incluye contenido creado por programadores de cualquier edad

La punta del iceberg

Pero Roblox no es la única plataforma a través de la cual un menor de edad puede ganar dinero diseñando videojuegos. Unity, Unreal, GameMaker y Godot son algunas de las herramientas que permiten crear juegos desde cero sin saber demasiado de programación. Steam, Itch.io, Desura -ahora parte de GamePlay- y Kongregate, algunas de las plataformas y tiendas digitales que permiten distribuirlos.

Cristina García, fundadora de la academia de programación para niños Silicon Vall, defiende que la mejor opción para abrirse camino es el ecosistema de videojuegos indie. Mediante las herramientas mencionadas, los jóvenes pueden dar sus primeros pasos poniendo a prueba sus juegos, recibiendo feedback de sus jugadores y compartiendo dudas en la plataforma. "El indie también se puede profesionalizar a través del crowdfunding", añade. "Si eres conocido en la comunidad y planteas un proyecto más ambicioso, encontrarás gente deseando pagar por adelantado por tus juegos".

Y el sector todavía ofrece más posibilidades. "Si eres bueno modelando en 3D, puedes hacer mesas, coches, sillas o árboles y venderlos en las tiendas de Unity o GameMaker a gente que quiera comprar estos elementos para los juegos que estén diseñando", añade Samuel Molina, diseñador de juegos en Herobeat Studios, profesor en ENTI y youtuber. Esta opción existe en plataformas de creación de juegos, pero también dentro de algunos títulos. Molina pone como ejemplo Minecraft, Dota o Team Fortress 2. Los tres han abierto un mercado de pago que permite a quien diseñe armaduras, personajes u otras mejoras para el juego cobrar un porcentaje de las ventas de sus diseños. "Roblox está de moda porque es fácil y los jóvenes están familiarizados con eso. Pero no es ni de lejos la única opción que tienen para hacer dinero en el sector".

En términos laborales, Molina afirma que en los acuerdos que firman los diseñadores cuando se dan de alta en plataformas para desarrollar juegos no hay una restricción de edad. "Será necesario que un tutor legal firme por el menor, pero, en la práctica, este puede ser el beneficiario", sostiene. Opina que estas empresas reducen su responsabilidad por medio de sus términos y condiciones de uso y lamenta que la mejor solución para controlar esta situación sea que los padres sepan en todo momento lo que están haciendo sus hijos.

El dinero no lo es todo

Las razones que llevan a un niño a empezar a diseñar videojuegos van, por supuesto, mucho más allá de lo meramente económico. Antolín García, fundador de la academia de programación Conmasfuturo, defiende que "algunos chicos que académicamente no son brillantes, encuentran en la programación una actividad con la que se sienten capaces y seguros, mejoran la visión que tienen de sí mismos y, a veces, incluso el rendimiento escolar".

La fundadora de Silicon Vall lo expone con detenimiento. Sostiene que, cuando un niño crea un juego desde el principio, tiene que trabajar en la plasmación imágenes en movimiento en un entorno de dos o tres dimensiones. Eso implica utilizar las matemáticas, la geometría, el álgebra, la física. "Es una forma perfecta de poner en práctica conocimientos que a veces solo se adquieren aplicados a ejemplos abstractos", aclara. "Creando un sencillo videojuego de naves espaciales como Space Invaders, puedes ver como el teorema de Pitágoras funciona en tiempo real para predecir la distancia entre dos puntos en un triángulo basándose en las coordenadas y detectar si tu bala ha impactado en el marciano o si has colisionado con un asteroide".

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