El futuro llegó con una pregunta: ¿hacia dónde marcha San Lorenzo?

Navarro, arquero de San Lorenzo Fuente: FotoBAIRES
17 de agosto de 2018  • 19:28

Abuelos con más de ochenta, con boina en su pelo entrecano contaban hazañas de "Mamucho" Martino. Padres con medio siglo de vida y bufanda en el cuello, rememoraban las hazañas de los "Matadores" del "Lobo" Fischer o de Jorge Rinaldi, cuando en su paso por la Primera B reventaban todos los estadios. Hijos veinteañeros que crecieron con VHS en su biblioteca deportiva, lagrimeaban y volvían a su disco rígido para repasar los goles del Beto Acosta. Nietos adolescentes que miraban en sus celulares los goles de Leandro Romagnoli ahora filman en tiempo real el sueño de San Lorenzo que atravesó a esas cuatro generaciones. Nadie quería que ese 13 de agosto de 2014 se terminara. Una lágrima inmensa, emocionada y húmeda recorría el Pedro Bidegain viendo como el sueño eternamente postergado de la Copa Libertadores de América se volvía una realidad palpable. Néstor Ortigoza ejecutó con maestría, como casi siempre, el penal del desahogo ante Nacional de Paraguay y con eso fue suficiente para que el equipo de Bauza hiciera cumbre en el continente.

Torrico; Buffarini, Cetto, Gentiletti, Mas; Villalba, Mercier, Ortigoza, Romagnoli; Matos y Cauteruccio. Luego ingresaron Verón, Kalinski y Kanemann y ellos más Ignacio Piatti, decisivo en varios pasajes de la competencia, fueron los actores estelares de un cuento encantado.

Han pasado solo 4 años. Es poco en términos generales, pero para el fútbol argentino es casi una vida. Solo Torrico sobrevive entre aquellos que inscribieron a perpetuidad su nombre en la historia y el comienzo de una nueva temporada invita al análisis y al descubrimiento del proyecto que parece forjarse en la actualidad.

San Lorenzo ha tomado una decisión fuerte, valiente y al mismo tiempo riesgosa. A diferencia de los otros cuatro grandes, su política de compras resultó austera y la relación entre las salidas (Caruzzo, Angeleri, Paulo Díaz, Piris da Motta, Mercier y Viola entre otras) y los arribos (Mouche, Rojas, Poblete como los más rutilantes) no marca ni por asomo un salto de calidad que invite a incluirlo ya no solo entre los candidatos al título, sino que a priori y en el resbaladizo mundo del fútbol en el que cualquier especulación puede desvanecerse con rapidez, tampoco podría garantizarse su lugar entre los que podría empujar con fortaleza desde un segundo pelotón.

Es tan cierto que en la temporada que pasó, su tercera ubicación en la tabla fue un premio gigantesco, como que la realidad en el campo mostró a un equipo con más puntos que fútbol. El ciclo de Diego Aguirre desgastado en el tiempo y con sobrevida solo por la continuidad en la Copa, escribió su lápida con la eliminación frente a Lanús y todo lo que vino luego con el interinato del Pampa Biaggio se transformó en un bálsamo, sino inesperado al menos sorprendente. Desde su lugar transitorio y con la nostalgia querible de su tiempo como jugador, el hincha solo agradeció la campaña con los puntos en la mano, dejando la deuda de juego como aspiración para el futuro.

El futuro llegó, Biaggio ya no es interino y entonces la mirada se posa en el entrenador con una lupa más aguda.

Ahora cada esfera tendrá que asumir el costo de sus decisiones. La dirigencia adoptó una política de compras buscando mantener equilibradas las finanzas del club, lo que deberá concientizarla de la realidad futbolística con la que tendrá que atravesar el presente inmediato y al mismo tiempo exigir en consecuencia. El entrenador sabe que la deuda de juego es evidente y aún con ausencias importantes (Belluschi, Coloccini y Mussis) la cohesión del equipo y el volumen de juego son materias que aún no están aprobadas. Y finalmente a los hinchas, en lo que implica un cambio cultural en el concepto de "quiero ganar todo, siempre y ahora mismo" les corresponde el ejercicio de aceptar que si realmente no sobra el dinero, desde su condición de asociados pueden verificarlo, deberán acompañar entendiendo la coyuntura.

La idea de equilibrar los números del club sin hipotecar el futuro parece sensata, pero las urgencias pueden desperfilar los objetivos. La clasificación frente a Temuco para la próxima instancia de la Sudamericana lograda con el reglamento y no con el juego, dejaron la antológica respuesta de Nicolás Navarro a la chauvinista prensa chilena y también a un equipo sin reacciones individuales ni colectivas. Sumado a un comienzo de temporada con empate ante Tigre con demasiados contrastes, el horizonte futbolísticamente inestable plantea todo tipo de interrogantes. Nadie sabe hasta dónde llegara la paciencia, ni cuanto puede mejorar el equipo con los refuerzos, ni mucho menos cuánto tardarán en recuperar su mejor versión los lesionados que lentamente irán volviendo al equipo.

Será fundamental que quienes guían el proyecto tengan clara la dirección. Hoy, cuando la imagen del manager Romagnoli reemplazó a la del capitán campeón de América, en este 17 de agosto pero cuatro años después, queda flotando la pregunta que se impone por su propio peso: ¿hacia dónde marcha San Lorenzo?