Stand-up confesional: el género va más allá de la risa fácil

Hanna Gadsby trastocó totalmente las reglas del género
Hanna Gadsby trastocó totalmente las reglas del género Fuente: LA NACION - Crédito: Netflix
Nacho Sigal
(0)
17 de agosto de 2018  • 18:02

"Construí mi carrera con chistes autocríticos y no lo quiero seguir haciendo más. Porque ¿ustedes entienden lo que implica la autocrítica para alguien que ya existe en los márgenes? No es humildad. Es humillación". La frase la dice Hannah Gadsby en Nanette, el especial de Netflix que la puso en el foco de los medios de todo el mundo. Y allí la comediante australiana se despide (en vivo) de una práctica que viene llevando a cabo desde hace diez años: la comedia.

Es que esta estrategia humorística que -desde Woody Allen hasta David Letterman- fue dando forma a la corriente autorreflexiva del stand-up, es especialmente problemática para alguien que, como Gadsby, se considera parte de dos minorías culturales: las mujeres y las lesbianas. Por un lado, en su vida diaria debe aceptar los ataques de los que se encuentran ubicados en una posición más conveniente que ella y, además, en su show, tiene la obligación de atacarse a sí misma con sus chistes. Y todo eso, ¿para qué? Para evitar que el público se sienta incómodo sobre ciertos temas dolorosos como su coming out o las violaciones que sufrió a los 17 y 20 años. "Esta tensión es de ustedes y yo no los voy a ayudar más -dispara Gadsby-. Tienen que aprender lo que se siente porque eso es lo que las personas no-normales llevamos dentro todo el tiempo".

Claro que no es la única. Si bien su caso es, tal vez, impactante por la crudeza con que se dirige al público, algo similar sucede con otros comediantes que, al igual que Gadsby, encuentran la forma de introducir en sus monólogos momentos dedicados a experiencias dolorosas sin aliviarlas por medio del humor. Experiencias que siempre formaron parte del repertorio del stand-up, pero que se encontraban sepultadas bajo las reglas del formato, el timing y la preeminencia del punchline.

Uno de ellos, por ejemplo, es Neal Brennan, un comediante conocido por su afiliación con pesos pesados del género como Dave Chappelle y Chris Hardwick. En su último espectáculo, 3 mics, retoma una práctica que ya había utilizado en shows anteriores y que consiste en dividir su performance en tres formatos diferentes: uno, dedicado al stand-up propiamente dicho; otro, donde a modo de haikus humorísticos concentra todo su ingenio en una frase única y un tercero -al que llama "cosas emocionales"- que utiliza para narrar situaciones personales en tono confesional. "Básicamente, todo surgió porque no tenía ganas de ser otro comediante sabelotodo en escena", contó Brennan en una entrevista que brindó a LA Weekly. "Es una imagen más amplia de mí mismo".

En el ámbito local, otro de los que se aventuran a la exposición personal sin la coraza del humor es Sebastián Wainraich. En su espectáculo Frágil (Teatro Liceo), el conductor de la Metro hace convivir su estilo eufórico y vertiginoso, con momentos donde el ritmo se detiene para dar paso a reflexiones sobre momentos difíciles, como la muerte de su hermano o el final de la vida de su abuelo. Enmarcados a través de una sugerente iluminación azul, esos momentos se exhiben como pequeñas lagunas privilegiadas sobre el resto de su repertorio. "Por un lado, hay una decisión un poco egoísta, personal, de abrir un diario íntimo y cerrar algunos duelos, y después hay un desafío artístico de meterme en lugares no tan cómicos y salir de ahí con la mayor elegancia posible" dijo Wainraich a la nacion.

Muchos ven en la coincidencia entre estas búsquedas y movimientos confesionales como el #MeToo una resonancia o espíritu de época y, quizás, no sea tan errado. Sin embargo, el cuestionamiento sobre la forma en que el arte y, particularmente, la comedia deben posicionarse frente a las tragedias individuales y colectivas, es un tema de difícil solución y que, lejos de estar cerrado, se actualiza periódicamente. Los debates que generaron películas como The producers, de Mel Brooks -otro histórico del stand-up-, The day the clown cried, de Jerry Lewis -nunca estrenada por pedido expreso del director- y La vita è bella, de Roberto Begnini, son la prueba palpable de que la antigua noción de que "el humor es la mejor medicina" no es tan fácil de aceptar sin un planteo crítico acorde.

Al humor se le reconocen innegables virtudes, pero también una cierta tendencia a la alienación. Eso es a lo que, de alguna manera, parecieran estar enfrentándose estos comediantes en sus espectáculos. Exhibiendo situaciones embellecidas por medio del humor y experiencias expuestas en su estado más crudo, abren las posibilidades de representación y muestran una paleta más amplia a la hora de enfrentarse a la realidad.

En contexto

Un antecedente cercano de esta especie de stand-up confesional, podemos encontrarlo en A speck of dust, el especial de Sarah Silverman estrenado hace poco más de un año. Allí, la comediante norteamericana introducía en su monólogo humorístico el relato de una complicación médica que tuvo con su epiglotis y que puso en peligro su vida. En esa narración, Silverman hacía convivir sin pruritos el humor con la tragedia y, como si quisiera demostrar que su relación con la comedia no se reduce al escenario sino que es indisociable de su vida, incluía imágenes de archivo donde se la veía bromeando momentos antes de entrar a la operación.

Claro que Silverman, pese a vivir en la misma época, forma parte de una generación anterior de comediantes stand-up. Una generación que tuvo a Jerry Seinfeld como figura central y que comparte con él su obsesión por el arte de la comedia. Para ellos, hacer humor no solo es bromear sobre la realidad cotidiana sino, especialmente, sobre la comedia misma: la importancia de las pausas, el carácter inapropiado de un comentario, las risas que recibe un chiste o el silencio (atronador) que los deja expuestos. La importancia que Seinfeld tuvo para el stand-up no radica, exclusivamente, en el hecho de que haya globalizado la práctica a través de su serie de televisión sino en haberla llevado a su estadio de mayor conciencia sobre sí misma.

Gadsby, en todo caso, es una heredera de los comediantes de los 80 y 90. Pese a que sus intereses circulan por otros rumbos -el feminismo, la política, la historia del arte- el camino allanado por la reflexión sobre el género es lo que posibilita la deconstrucción del stand-up que propone en Nanette. Un espectáculo que comienza usando el formato tradicional del stand-up solo para ponerlo en evidencia y cuestionar sus estrategias en una segunda parte.

Si, al igual que Gadsby, usamos la historia del arte para entender la comedia, no es extraño que a una generación de comediantes que comenzaron a girar sobre ellos mismos, le siga una generación iconoclasta que quiere hacer volar el género por los aires. Según el crítico Arthur Danto, la historia del arte puede ser concebida como una serie de eslabones que se encadenan hasta llegar a una autoconciencia que representaría el punto cúlmine del progreso del arte. Lo que sigue a esta etapa es, indefectiblemente, una fase poshistórica donde se libera la práctica de imperativos y reglas: reina un pluralismo total.

De alguna manera, eso es lo que se reconoce en esta nueva generación de comediantes que, habiendo llegado a un punto de saturación, comienzan a cuestionar las reglas, mezclar los formatos y ampliar las posibilidades del género: "Siento que llegamos a un punto máximo en el stand-up por la cantidad de horas y de gente graciosa que hay dando vueltas. Estaba buscando una manera de hacer algo que destacara un poco más y que no fuera solo yo hablando", concluye Neal Brennan.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.