El unipersonal de Wainraich

Ricardo Marín
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18 de agosto de 2018  

Frágil. Autor e intérprete: Sebastián Wainraich. Vestuario: Mariana Arzola. Luces: Juan García. Escenografía: Lola Quirós. Música: Leandro Aspis y Charly Valerio. Producción: Juliana Orcaizaguirre y Lucas Wainrach. Producción ejecutiva: Vanina Gibert. Dirección: Flor D'Agostino. Teatro: Liceo Comedy, Rivadavia 1499. Funciones: viernes y sábados, a las 22. Duración: 80 minutos. Nuestra opinión: muy buena

Aunque se pueda prestar a confusión, dado que su intérprete es un profesional reconocido del género, Frágil no es un espectáculo de stand-up. Es un unipersonal que no se limita a presentar a alguien sobre el escenario para hablarle al público sobre cuestiones graciosas. En esta obra, Wainraich actúa una historia, sin otro colega que lo acompañe, pero asistido por un diseño de iluminación y una escenografía que intervienen en el juego escénico. Además el protagonista se cambia en escena la ropa que trae puesta y saca de la valija que lo acompaña detalles de indumentaria que le dan el aspecto adecuado a los personajes en que se convierte.

En su engañosa soledad, Wainraich hace gala de una sorprendente versatilidad. Crea, al calor del monólogo que va desgranando, los personajes que interpreta, sin abandonar nunca el escenario y sin ocultarse del público. Las composiciones de estas criaturas las hace de cara al espectador y con este recurso consigue complicidad total con ese público que observa encantado cómo cada uno de los personajes invade la personalidad del actor, lo posee, lo utiliza para materializar su discurso y luego lo abandona. Un artificio que en su dinámica casi podría interpretarse como una suerte de homenaje particular a Fernando Peña, con quien tanto aprendió el protagonista de este espectáculo en los años que trabajó con él.

La obra recurre muy poco a la actualidad para fabricar humor. Cuando lo hace, utiliza tópicos relacionados a la farándula o a la actividad mediática, con un impecable manejo de la ironía. La línea temática general que recorre toda la obra se ocupa del paso de los años, de la vida, de los distintos acontecimientos que llenan esos momentos y que compartimos la mayoría de los seres humanos; está sustentada en textos inteligentes que logran un muy buen maridaje entre humor y drama, y consiguen llevar al espectador a escenarios profundos y a la reflexión, con un muy buen manejo de los cambios de climas.

Otro mérito que tiene la puesta de Frágil es el de no basarse solo en el talento de Wainraich en escena. La propuesta sale de la posible tentación de quedarse en esa zona de confort y acompaña el trabajo del protagonista con una puesta de buen nivel, que incluye un eficiente trabajo escenográfico, un destacado diseño de luces y un diseño sonoro de excelencia, además de un trabajo de dirección muy prolijo, detallista y acertado.

Un punto objetable que tiene la propuesta, en general, es que en algunos fragmentos abreva en contenidos anteriores de trabajos de Wainraich, lo que desluce y vuelve tediosos a esos pasajes. Aunque la presencia de los mismos no arruinan en absoluto el brillo de un espectáculo con méritos suficientes para superar con creces un balance en el que se incluyan esos defectos.

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