River-Belgrano, Superliga: el equipo de Gallardo no pudo como local e igualó 0-0

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Rodolfo Chisleanschi
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18 de agosto de 2018  • 12:42

Las noches de lluvia tienen su "no sé qué" especial. Todo se reviste de un color diferente y cambian las percepciones. Por ejemplo, los brillos parecen acentuarse. Multiplicar los resplandores es un problema cuando se trata de conducir un auto pero puede no ocurrir lo mismo cuando se trata de manejar un equipo de fútbol o sostener un empate casi en soledad.

El agua que con ráfagas de distinta intensidad cayó sobre el Monumental, durante el River 0 vs. Belgrano 0, se ocupó de sacar lustre a esta segunda afirmación, porque permitió apreciar con más fuerza la luz de Juan Fernando Quintero, uno de los pocos jugadores de la Superliga por los que vale la pena pagar una entrada o encender la tele, aún sin simpatizar con el equipo en el que juega.

El volante colombiano ya no es sorpresa para nadie. La calidad de su zurda quedó en evidencia desde la primera vez que se calzó la camiseta de River. Su radar siempre encendido le dio más juego al conjunto de Gallardo cada vez que salió del banco durante su largo período de adaptación en el semestre pasado. Y si todavía había algún despistado, el Mundial le sirvió de vidriera para la consagración definitiva.

Pratto no pudo desnivelar en el área de Belgrano
Pratto no pudo desnivelar en el área de Belgrano

Los millonarios hicieron el esfuerzo de mantenerlo en el club y el hombre nacido en Medellín parece decidido a devolver con fútbol las ganas de que continúe en Núñez. Frente a Belgrano y bajo el diluvio, Quintero dio una lección de elegancia y clase. En un equipo que arrancó el partido con un único delantero neto -Pratto- pero con indudable afán ofensivo fue el fuego que calentó el ambiente.

Partiendo desde el centro hacia la derecha en la línea de cuatro volantes de ataque que probó Gallardo, el colombiano fue el eje del monólogo que ejerció River durante prácticamente todo el encuentro. Desde su pie izquierdo suurgieron la distribución, los pases en corto y en largo, las cortadas, los tiros libres y los córners lanzados con altísimas dosis de pimienta.

Su jerarquía le permitió a su equipo disimular las complicaciones que podría haber ejercido el clima e inclinar el campo hacia el arco de un Belgrano que opuso su capacidad para resistir y el orden de un enjambre de piernas en torno a su área. Pero sobre todo, plantó bajo los tres palos a César Rigamonti, el otro fulgor en la noche, el principal factor para sostener el cero y, de paso, robarle el papel de figura estelar al número 8 local.

Una ocasión para Quintero en el primer tiempo ante Belgrano
Una ocasión para Quintero en el primer tiempo ante Belgrano Fuente: AFP

Regresado este año al club que lo vio nacer tras cinco años de peregrinación, el hombre de la indumentaria amarilla hizo el partido de su vida y se convirtió en muralla invencible. El martilleo constante de River lo obligó a una participación permanente y respondió de un modo excepcional. La lista de sus aciertos completaron más de un cuaderno. Vuelos acrobáticos hacia ambos palos, anticipos por arriba y abajo en cada centro, seguridad para no dar rebotes peligrosos ni complicarse con la pelota mojada formaron parte de un repertorio que alcanzó la perfección.

Es cierto, a River le faltó más justeza en la pegada y socios que se acercasen al nivel de su conductor colombiano. Gallardo probó cambiando dos veces de sistema, incorporando primero al inoperante Borré y modificando el planteo a un 3-4-1-2 en la media hora final. Pero no pudo encontrar la red "Pirata".

Para el 0 a 0 caben las explicaciones más variadas. Sin embargo, esta vez pueden resumirse en una única cuestión: la estrella de César Rigamonti brilló más que la de Juan Fernando Quintero. Y ya sabemos que en las noches de lluvia el resplandor de los brillos se nota mucho más.

El resumen del partido

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