El nuevo dólar, con un impacto dispar en las economías regionales

La cosecha del maní sufrió una baja del 40%

El movimiento del tipo de cambio alienta a varias producciones; sin embargo, los altos costos y la caída de cosechas no permiten mucho entusiasmo

19 de agosto de 2018  

CÓRDOBA.-Todas las economías regionales, sin excepción, venían reclamando una mejora del tipo de cambio que les permitiera ganar competitividad y dinamizar las exportaciones. Sin embargo, lo abrupto del proceso, más allá de los beneficios, generó algo de incertidumbre interna. Los efectos, por el impacto de la sequía, también fueron más limitados de lo esperable.

Hoy el tema muestra un mapa con claroscuros: las más beneficiadas son las economías de la zona pampeana y aquellas con bajos costos dolarizados, que son las menos.

Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), entiende que no alcanza con un mejor tipo de cambio para exportar más. Se debe, además, mejorar la inversión, la innovación, reducir las cargas impositivas y las regulaciones.

El cluster manicero -altamente competitivo y con productores primarios integrados a la industria- no pudo aprovechar totalmente el mejor tipo de cambio porque su cosecha cerrará 40% por debajo (340.000 toneladas menos) de la anterior, según cálculos de la Bolsa de Cereales de Córdoba. Javier Martinetto, presidente de la Cámara Argentina del Maní, apunta que siempre un dólar más alto "ayuda" a las exportaciones. Aclara que en el sector las materias primas están dolarizadas y se compensan con los costos logísticos, donde predomina el peso. "El problema es que esto nos encontró con una cosecha muy mala; no tenemos mercadería disponible. Si se mantiene, vamos a capitalizar la devaluación el próximo año".

Desde la Federación Económica de Mendoza, Alberto Carletti señala que en la vitivinicultura el efecto es dispar: "Hay una respuesta inmediata en el vino a granel, que estaba con muy poca actividad, pero que también tiene menos valor agregado; en cambio, el embotellado requerirá de más tiempo porque implica un trabajo de mercado".

El directivo puntualiza que la apreciación del tipo de cambio -que no fue por "estrategia económica"- también tiene efectos negativos, como la baja del consumo interno de vino. "Hay señales de alarma por sobrestock; entonces, se busca aprovechar las operaciones a granel".

En segmentos como la horticultura y la fruticultura, las cosechas son de noviembre a marzo, por lo cual se dieron con un tipo de cambio atrasado. "El productor cobró esos valores en cuotas y el perjuicio fue muy grande; quedaron totalmente retrasados con el agravante de tasas al 40% con las que no se puede producir", agrega Carletti.

Grafica que por la situación de quebranto, una cantidad significativa de pymes arrastra problemas de orden fiscal y no acceden a los beneficios de la ley para el sector o a créditos subsidiados del Banco Nación.

De cada 100 dólares que mueve el comercio internacional, la Argentina capta solo 40 centavos (20 si el foco se pone en productos industriales). Los expertos sostienen que hay que sumar acuerdos de libre comercio: los que hoy se tienen alcanzan a países que representan 9% del PBI mundial, mientras que Chile suma 70%. "Hay que mejorar nuestro mapa de destinos. No abastecemos a 20 de los 30 principales importadores del mundo", remarca Elizondo.

La cadena citrícola tiene dos realidades: la de los frutos dulces (naranjas y mandarinas), que va mayoritariamente al consumo interno, y la de los limones, que apunta a las exportaciones y que es la beneficiada por la devaluación. José Carbonell, presidente de la Federación Argentina del Citrus, dice que la mejora del tipo de cambio es relativa, porque la mayoría de los insumos está en dólares.

"Obviamente mejoró la ecuación, pero agroquímicos, fertilizantes, combustibles y embalaje están dolarizados, fruto de la cultura bimonetarista de la Argentina, y esos costos crecieron fuertemente". Este año la cosecha de limones fue buena; el noroeste está acercándose a la capacidad productiva de 2013 cuando hubo un pico y después empezó a caer por condiciones climáticas.

En cambio, la producción olivícola pasa un año de baja producción; la cosecha en La Rioja rondará las 30.000 toneladas para la aceituna de mesa y las 15.000 para el aceite de oliva. Es menos de la mitad de 2017. A ese punto se le suma que, por un acuerdo entre el Mercosur y Egipto, las aceitunas de ese origen coparon el mercado brasileño, principal destino para la Argentina.

El titular de la Cámara Olivícola Riojana e integrante de la Federación Olivícola Argentina, Julián Clusella, advierte que la devaluación es un "arma de doble filo", porque cayó el consumo interno y porque costos como el energético -representa 30% de los de producción de aceitunas- crecieron 400% desde diciembre.

En La Rioja el sector es electrodependiente porque perforan pozos de riego; el costo de la energía alcanza los US$600 por hectárea. Los productores impulsan la creación de un Registro Nacional de Regantes Electrodependientes, para conseguir una tarifa diferenciada. Clusella indica que también el impacto de la logística subió: pasó del 12% al 18% sobre el total de las operaciones al exterior. "Podríamos aprovechar el mejor tipo de cambio con los envíos a Brasil -describe-, pero Egipto "inundó" ese mercado con productos de baja calidad y muy bajos precios, lo que reduce nuestros valores".

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