El homenaje a las víctimas del atentado en Barcelona logra una tregua política

En Las Ramblas, familiares recordaron a los muertos en el atentado de hace un año en Barcelona
En Las Ramblas, familiares recordaron a los muertos en el atentado de hace un año en Barcelona Crédito: Matthias Oesterle/DPA
Tras el clima de crispación de hace un año, el gobierno catalán recordó junto al rey Felipe a los muertos
Silvia Pisani
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18 de agosto de 2018  

MADRID.- Hubo mensajes y hasta un enorme cartel en Barcelona que declaraba persona no grata al rey Felipe VI. Pero lejos de la crispación y de los silbidos del año pasado, Cataluña pudo evocar a las víctimas del atentado terrorista de Las Ramblas en un clima de mayor armonía, a pesar de las fisuras del conflicto separatista.

Parte de la distensión respondió al clamor de las víctimas, que días antes objetaron el provecho partidista del aniversario. "Pedimos que, por un día, los políticos dejen de usar nuestro dolor para luchar por el poder", clamaron.

La consigna derivó en un acto sobrio y breve: no más de media hora; sin discursos políticos ni institucionales y sí, en cambio, con música y poesía.

Cientos de personas, hartas de la crispación independentista, rodearon al rey, pero, sobre todo, a los familiares de las víctimas del atropello masivo de hace un año, en un ataque que dejó 16 muertos y un centenar de lesionados.

Ahora se sabe que la autoría respondió a un comando autónomo, integrado por jóvenes captados por un imán de la localidad de Ripoll, cerca de Barcelona, que los llevó al fanatismo violento. No se comprobaron lazos con ninguna célula del exterior.

El ataque se llevó a cabo con una camioneta blanca que logró recorrer más 500 metros por Las Ramblas, el popular paseo en el centro de Barcelona que, a plena luz del día, lucía atestado de personas.

Luego hubo otra muerte en la localidad de Cambrils, donde fueron abatidos otros miembros del comando que habían logrado escapar. En aquel entonces, en una Cataluña crispada por el conflicto separatista, el repudio popular al atentado dio paso a fuertes expresiones y silbidos contra el rey y contra el gobierno de España.

Nada de eso se vio ayer, a excepción del cartel contra el rey, cruces aislados entre ciudadanos e intentos de autoridades independentistas por politizar la situación. Ya sea con sus lazos amarillos o con la apelación a familiares de líderes encarcelados.

"El rey de España no es bienvenido en los países catalanes", rezaba, en inglés, una enorme lona colgada de los balcones frente a la Plaza Cataluña, donde se instalaron las autoridades. Tenía, además, una imagen de Felipe VI cabeza abajo. Imposible no verlo. Otro cartel, igual de grande, censuraba la venta de armas de España a Arabia Saudita. Lo hacía con un dibujo de Felipe en un abrazo con el rey saudita Salman.

El presidente del gobierno autónomo catalán, el independentista Joaquim Torra, expuso al rey al presentarle especialmente a la mujer del exconsejero de seguridad Joaquim Forn, preso por rebelión durante la fallida declaración de independencia.

"No soy yo quien debería estar hoy aquí", dijo la mujer. El rey la escuchó y le dio la mano. Como a todos los demás. También asistieron representantes de los equipos de emergencia y seguridad que trabajaron sin descanso tras los atentados.

"La unidad de toda la sociedad española nos hace fuertes contra el terror y la barbarie. Este 17 de agosto y siempre estaremos en Barcelona junto a las víctimas, solidarios con su dolor, unidos en el recuerdo. Firmes ante la sinrazón del terrorismo", expresó en Twitter el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez.

Roger Torrent, presidente del Parlamento regional, se presentó con un lazo amarillo en la solapa, el símbolo con el que el separatismo hace presente a los dirigentes presos por el fallido intento independentista de octubre del año pasado. Se sumó así, junto a Torra, al puñado de funcionarios que no acató el llamado a no exhibir símbolos partidarios.

Las Ramblas, el corazón de la ciudad, se cerraron parcialmente durante parte del día para dar lugar a que los familiares de los fallecidos pudieran recordarlos y dejar sus ofrendas. Fueron allí los momentos de mayor emotividad. Velas, lazos, muñecos de peluche, fotos y flores. Nada bastaba para evocar a los que se llevó el atropello brutal.

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