Mary Kills People: entre el melodrama y la comedia negra

Fuente: LA NACION
Ricardo Marín
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19 de agosto de 2018  

Buena / (Canadá, 2017) / Creadora: Tara Armstrong / Elenco: Caroline Dhavernas, Jay Ryan, Richard Short, Lyriq Bent, Greg Bryk, Sebastian Roberts / Señal: On DirecTV / Horario: martes, a las 22.

Aunque de hecho está incluida en el conjunto -bastante concurrido últimamente, por cierto? de las series sobre gente que arma un negocio ilegal, pero con una motivación atendible, la idea de base de Mary Kills People es interesante. Se trata de contar lo que ocurre con una pareja de médicos que se asocian para practicarles eutanasia a pacientes terminales que desean dejar de sufrir y poder morir dignamente. La manera en que trata la serie este tema difícil resulta aceptable, aunque el resultado general de la propuesta deja al final cierta insatisfacción. ¿Por qué? Por la variedad de tonos que ofrece alternadamente sin el predominio de ninguno de ellos. En ciertos momentos responde a las características de una comedia negra; en otros, a un melodrama denso; más tarde, tiene rasgos de una historia de espías en clave paródica; luego salta a un drama familiar; de allí a un policial y en el medio presenta escenas típicas de las historias románticas.

Así enumeradas todas estas variaciones parece que cada episodio fuera un cambalache fastidioso. Sin embargo, no es así. El programa resulta entretenido. Los personajes son simpáticos y las situaciones en que se ven envueltos son atractivas. Las complicaciones que deben superar resultan efectivas para mantener en vilo a los televidentes durante extensos fragmentos de cada episodio. El esbozo que demuestran los dos primeros capítulos acerca de la historia que traen los protagonistas de su pasado promete un desarrollo cautivante en el futuro. Sin embargo, con todos estos elementos en juego el tema de la práctica de la eutanasia casi queda relegado a un segundo plano y cada caso adquiere el peso de una anécdota contextual. La originalidad que parecía proponer la premisa como tratamiento dramático de una problemática ética muy compleja se diluye. Lo que adquiere espesor en este nuevo esquema es un popurrí de características pertenecientes a variados géneros del entretenimiento, divertidos pero carentes de originalidad.

Finalmente, este esquema trae aparejado además un segundo inconveniente. Los casos de suicidio asistido que muestra el relato son resueltos muy compasivamente. Sin embargo, ese cuidado para no herir sentimientos se esfuma a gran velocidad cuando los protagonistas se sumergen, con el paciente muerto segundos antes, en situaciones muy ajenas a las que acaban de vivenciar. El escape ante una situación de peligro o un comentario humorístico se convierten en el correlato con que se clausuran situaciones trágicas. El estado de ánimo despreocupado y hasta risueño que transmiten los protagonistas en cada una de estas resoluciones contradice el sentimiento piadoso que sostienen como causa generadora de la actividad que realizan.

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