3 escapadas medievales para hacer desde Madrid

Segovia, una de las escapadas medievales que no te podés perder si vas a Madrid. Crédito: Gentileza Prensa
3 de septiembre de 2018  • 14:03

Es difícil pensar en querer salir de Madrid cuando a simple vista, es una ciudad que lo tiene todo: noche, historia, arte, una identidad gastronómica fuertísima y naturaleza. Sin embargo, quienes la visitan a menudo, o se quedan por mucho tiempo, pronto descubren que su encanto no sólo radica en la ciudad en sí, sino en su proximidad a otros lugares tan asombrosos como lo es la misma capital española.

A sólo una hora de Madrid, con conexiones vía trenes y autobuses que lo hacen muy fácil, se pueden conocer ciudades mágicas. Estas son las tres ciudades más cercanas, accesibles y sorprendentes.

Toledo

Toledo Crédito: Gentileza Prensa

El mejor plan es visitarla muy temprano en la mañana. No sólo para aprovechar bien el tiempo sino fundamentalmente, para disfrutar bien su luz. Toledo es un cuadro digno de observar desde muchos ángulos. En la era Instagram, su fama salta ya no de boca en boca, sino de "cuenta en cuenta". Para comenzar a mirarla (¡y fotografiarla!) en su esplendor, lo ideal es bordear la carretera que la circunda siguiendo el curso del Río Tajo. En esta ruta sinuosa se encuentran varios miradores con estacionamientos diseñadas exclusivamente para detenerse a mirar desde lo lejos. Este camino esconde algunas de las mansiones más caras de Castilla - La Mancha, propiedades que rondan el millón de euros en promedio. Una vez dentro de Toledo, cruzada su muralla medieval a través de la Puerta de Bisagra, los campanarios de la Iglesia de los Jesuitas presentan otros de más encantadores miradores de altura. Entre las paradas obligatorias en Toledo se encuentran la Mezquita del Cristo de la Luz, que fue construída en el siglo XX y convertida en iglesia en el XII tras la reconquista cristiana y la catedral de Toledo, la segunda catedral gótica más importante de España.

Agendalo: dicen que nadie vistió realmente Toledo si se fue sin probar alguno de sus platos característicos. Podés elegir la perdiz estofada, el arroz a la toledana (con congrio, setas, manteca de cerdo, pollo y calamares, ajo y sal y especias como azafrán y pimienta) y el mazapán de Toledo (con azúcar, almendra y huevos).

Toledo Crédito: Gentileza Prensa

Segovia

Segovia Crédito: Gentileza Prensa

La primera carta de presentación de Segovia es un espectacular acueducto que los romanos levantaron en el siglo II d.C. (ver arriba) para transportar las aguas del manantial de la Fuenfría. No sólo se trata de una enorme obra de ingeniería sino que posee además, la belleza de un monumento histórico. Esa primera vista, funciona de perfecto anticipo de lo que te espera: un viaje en el tiempo. Dentro de las paradas que todos aman de Segovia está El Barrio de los Caballeros, una de las partes más antiguas de la ciudad, que data de cuando los nobles medievales construyeron sus palacios en la parte alta, tras reconquistar la ciudad.

Esta zona parece un cuento de hadas. Hay enormes palacios con escudos nobiliarios reales, conservados a la perfección. Para comenzar a callejear por este barrio lo mejor es descender desde lo alto del acueducto hasta la plaza de Conde Cheste, uno de los epicentros del pueblo. Segovia contiene uno de los monumentos más visitados de la zona de Castilla y León, como El Alcázar, una verdadera fortaleza romana construída en el siglo III, y la Catedral más grande de España pero es también un destino que aman quienes practican senderismo. Sus alrededores están repletos de bosques, caminos floridos y ríos. No por nada Segovia es considerada uno de los rincones más románticos de España.

Agendalo: el Palacio de la Granja de San Ildefonso, la antigua residencia de verano de los reyes, está a tan solo 13 kilómetros de Segovia y vale la pena visitarlo. Los jardines que lo rodean son uno de los mejores ejemplos del diseño de jardines de la Europa del siglo XVIII, de hecho, cuenta con ¡21 fuentes monumentales!

Segovia Crédito: Gentileza Prensa

Ávila

Avila Crédito: Gentileza Prensa

Se dice por Europa que Ávila es el mejor recinto amurallado del mundo. Con un perímetro de 2516 metros de forma casi rectangular, es de las pocas murallas en el mundo que está completa e intacta desde la época y que cuenta además, con cuatro postes altos que permiten mirarla completa. Ese panorama, de hecho, es la mejor manera de empezar a recorrer Ávila: brinda una impresión inmediata de su dimensión y majestuosidad. A partir de ahí, es interesante descubrir la historia que la ciudad misma te cuenta. La Puerta del Alcázar es la más importante de la muralla y la que más cerca se encuentra del castillo. Esta puerta servía para que los soldados pudieran proteger al rey de los enemigos. Desde ahí tiraban líquidos calientes y piedras. Detrás de ella, está el centro neurálgico de la ciudad, La Plaza del Mercado Grande o Plaza de Santa Teresa, donde se celebran fiestas y mercados. En el centro de la ciudad, la Catedral de Ávila te va a arrancar más de un suspiro: es la primera catedral gótica de España y está declarada Patrimonio de la Humanidad.

Avila Crédito: Gentileza Prensa

Agendálo: dicen que en pocos lugares de España la fruta es tan deliciosa como en Ávila, asi que averiguá qué te ofrece la temporada y no dudes en elegir entre los Melocotones de burgohondo, manzana reineta del Barco de Ávila, cerezas del Valle de Tietar o los higos de poyales.

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