Pedir comida a domicilio fue la peor decisión para una banda de estafadores

Los principales acusados de millonarios engaños a jubilados fueron atrapados al dar a conocer su ubicación para recibir un encargo de milanesas y empanadas
Los principales acusados de millonarios engaños a jubilados fueron atrapados al dar a conocer su ubicación para recibir un encargo de milanesas y empanadas
Gabriel Di Nicola
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19 de agosto de 2018  

No lo sabían, pero la decisión de pedir la cena por teléfono fue lo que los llevó tras las rejas. Franco Toral y Lucas Roa no llegaron a comer las milanesas napolitanas y empanadas que habían encargado en un local del centro de San Fernando. Poco después de que se fuera el chico del delivery, una comisión de detectives de la policía bonaerense irrumpió en el departamento que habían comprado 35 días atrás con parte del millonario botín amasado al estafar a jubilados con el viejo y redituable "cuento del tío".

Fue a las 23.30 del 2 de agosto cuando Toral, de 25 años, y Roa, de 19, quedaron detenidos, esposados en el living del 2° B de un edificio situado en Juan Domingo Perón al 1100. Lo habían comprado por US$120.000 a fines de junio.

Los imputados no sabían que el teléfono celular de uno de ellos estaba intervenido. Los detectives policiales consiguieron la línea telefónica usada por Toral cuando, por tareas de investigación, descubrieron que se hacía un tratamiento contra el acné en una clínica sobre la avenida del Libertador, en Acassuso, en San Isidro. Había dejado como contacto su número verdadero. Fue un dato clave para los investigadores.

Toral , conocido con el apodo de "Cuty", y Roa, que hasta esta causa no tenían antecedentes penales, son dos de los tres detenidos de la banda conocida como Cara de nene. Están acusados de haber protagonizado al menos 20 estafas en la zona norte del conurbano y de integrar una asociación ilícita. Se estima que se hicieron de un botín de US$1.000.000 estafando a jubilados.

Las víctimas eran engañadas y les entregaban a los sospechosos sus ahorros ante el miedo de un corralito financiero como ocurrió en la crisis de 2001. En un solo hecho le sacaron a un hombre, vecino de Olivos, US$300.000.

Según fuentes judiciales, en cada hecho hubo una inteligencia previa. Una vez que conseguían datos sobre las familias de las potenciales víctimas, los delincuentes se hacían pasar por amigos de sus nietos y los llevaban a los bancos donde tenían sus ahorros para "cambiar los billetes".

El otro detenido es Isidro Toral, padre de Franco. Está acusado de integrar la asociación ilícita. Para los investigadores del caso tenía un rol fundamental: "Blanquear el dinero de las estafas a través de la compra de automotores e inmuebles pretendiendo darles apariencia lícita a los fondos".

Además hay un cuarto imputado que fue excarcelado en los últimos días. Se trata de un vigilador privado que cumplía funciones de seguridad en la sucursal Victoria del Banco Santander Río, donde los sospechosos tenían una caja de seguridad. Está imputado de encubrimiento.

Lo acusan de darle a la banda información sobre un oficio judicial que había llegado a la entidad bancaria con una orden para revisar la caja de seguridad que, según fuentes con acceso al expediente, estaba a nombre del padre de Toral.

Con los datos aportados por el custodio, los imputados habrían sacado de la caja de seguridad, según fuentes judiciales, US$120.000 dólares. Cuando los investigadores la abrieron solo había US$6000.

"Con el dinero retirado compraron, pocas horas antes de ser detenidos, dos camionetas Toyota Hilux por las que pagaron más de $1.000.000 cada una. Si bien la caja de seguridad estaba a nombre de su padre, Franco Toral estaba autorizado a ingresar en esa zona del banco. Por los registros se descubrieron ingresos y salidas cada 48 horas", dijo una fuente con acceso al expediente.

La ayuda de las redes

La investigación, a cargo del fiscal de San Isidro Patricio Ferrari, comenzó el 21 de junio pasado, el día que la selección argentina perdió por goleada contra Croacia en el Mundial Rusia 2018, cuando las hijas de una víctima de la banda viralizaron en las redes sociales el video del momento en que su padre, engañado por los estafadores, le entregaba US$6000 a uno de los sospechosos.

"Las cámaras del edificio de San Isidro donde vivía la víctima registraron el momento en que Toral recibía el dinero", explicaron los voceros consultados.

Ferrari tuvo la colaboración de detectives del Comando de Patrullas de Tigre, al mando del comisario inspector Lucas Borge; Jefatura Distrital Tigre y Subdelegación de Departamental de Investigaciones (SubDDI) de Tigre.

Fuentes judiciales resaltaron la tarea de investigación hecha por el personal de la policía bonaerense que logró identificar y ubicar a los sospechosos y la valiosa información aportada por la Agencia Federal de Inteligencia (AFI).

La viralización en las redes sociales del video fue el génesis de la investigación. Faltaba identificar al sospechoso de las imágenes. El siguiente paso fue pedir las grabaciones de las cámaras de seguridad de la Municipalidad de San Isidro para averiguar la marca y modelo del vehículo al que se subió Toral con el botín. La secuencia de imágenes determinaron que se trataba de un VW Golf blanco.

Y una vez más las redes sociales fueron fundamentales: la hija de una de las víctimas recibió información precisa sobre el presunto delincuente en su cuenta de Twitter. El mensajero le aportó nombre, apellido y dirección de la casa de los padres de uno de los sospechosos, con esos datos se pudo avanzar en la causa.

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