Cinco libros con un solo héroe: José de San Martín

Daniel Gigena
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20 de agosto de 2018  • 14:44

"La biblioteca destinada a la educación universal es más poderosa que nuestros ejércitos", dijo José de San Martín . Aficionado a la lectura desde niño, el héroe nacional por antonomasia leyó las obras del Iluminismo en idioma original. Las ideas de Voltaire, Rousseau, Montesquieu y Diderot ayudaron a conformar el pensamiento del líder independentista de América del Sur. A la Biblioteca Nacional de Lima, que fundó en 1821, donó gran parte de su colección de libros. Pese a que sus colegas militares del siglo XX, que persiguieron a intelectuales y destruyeron libros en hogueras, no lo imitaron, la sociedad civil honró la pasión sanmartiniana por la lectura y la difusión de la cultura. Bibliotecas públicas de Mendoza, Neuquén y Rosario, Santa Clara del Mar y La Calera, entre muchas otras ciudades del país, llevan su nombre.

¿Quién es un prócer? Es la pregunta que se hace la escritora y editora Alicia Digón, con una ficción inédita protagonizada por San Martín. "Se podría pensar que es alguien que penetró en la historia, blandiendo ese sable dorado de la inmortalidad y con ese mismo sable cortó el aire y dejó un surco que, con el tiempo y sus avatares, se fue llenando de leyendas, decires y que en ese paso dejó anécdotas, surcos", dice. Desde esa perspectiva, una patria es un conjunto de narraciones que las sociedades transmiten y recrean.

Desde el siglo XIX, San Martín es protagonista de varios libros firmados, entre otros historiadores, por Bartolomé Mitre, Ricardo Rojas, Miguel Ángel de Marco , Hugo Chumbita, José Ignacio García Hamilton y Felipe Pigna. Incluso el doctor René G. Favaloro escribió sobre el Libertador. Las páginas finales de ¿Conoce a usted a San Martín?, publicado en 1984, todavía tienen vigencia: "En este momento difícil que los argentinos estamos obligados a sobrellevar, convencido de que alguna vez la democracia podrá demostrar que los derechos civiles no bastan y que es necesario desarrollar los derechos sociales, económicos y políticos para todos y no para unos pocos privilegiados, el señor General Libertador nos dejó una posdata: 'Desde este instante el lujo y las comodidades deben avergonzarnos como un crimen de traición contra la patria y contra nosotros mismos'".

Elegimos cinco libros para recordar a uno de los padres de la patria.

Ideario de San Martín, de Pedro Luis Barcia, 2015 (Fundación Banco Santa Fe y otros)

Es uno de los títulos de la colección Idearios Argentinos que, auspiciada por la Academia Nacional de Educación junto a grupos empresarios e institutos (como el Instituto Sanmartiniano), tiene por objetivo difundir el pensamiento de figuras representativas de la historia cultural argentina. Mediante un estudio preliminar y una selección de frases y pasajes de los escritos, estas valiosas antologías sitúan en contexto a esas personalidades. A cargo del doctor en Letras y expresidente de la Academia Argentina de Letras Pedro Luis Barcia, Ideario de San Martín profundiza en la relación del héroe con la lengua. Además de repasar las formas y el tono de sus escritos (al que Barcia califica como "oscilaciones de la bilis del Libertador"), el investigador se detiene en la rica influencia de otros idiomas en su registro verbal, que incluyó latinismos, galicismos e indigenismos. Luego de advertir que San Martín no fue un escritor, Barcia inicia este interesante volumen de este modo: "Aunque la aclaración pareciera ociosa, no es inoportuna, pues la intencionalidad creativa en quien escribe condiciona y enmarca su obra. Por lo demás, la estimativa de la prosa sanmartiniana debe ajustarse a este precepto para no desencajarse y pedirle al autor lo que no se propuso, gesto extraviado que es un rasgo habitual de la crítica argentina. San Martín escribió por necesidad, funcionalmente, diría, y no por mero gusto. Su pluma se movía solo empujada por las circunstancias". Se incluyen célebres textos sanmartinianos e incluso se recuerdan anécdotas poco conocidas, como aquella en que San Martín, para divertirse, increpó a un sacerdote chileno luego de la homilía.

Yo, San Martín, de Carlos Thorne, 2011 (Huerga & Fierro)

Esta ficción histórica del escritor peruano presenta a un San Martín en primera persona. Como señala Abel Posse en el prólogo, estaba en el destino del autor de la sarcástica Viva la república componer este sentido retrato del héroe. "En el Perú alcanzó San Martín el apogeo de su gloria; allí fue reconocido y venerado como gobernante, conductor y maestro. No era solamente el militar que había triunfado con la espada; era el autor de leyes, el fundador de bibliotecas, el maestro de la comunidad", escribió la investigadora Graciela Maturo sobre Yo, San Martín. Con el uso sabio de fuentes y documentos, el novelista sitúa al héroe pocos años antes de su muerte, en 1850. Entregado a las reminiscencias, San Martín se remonta a su infancia en Yapeyú, a sus años juveniles en Francia y a los inicios de una carrera militar en España. Así se habla a sí mismo el prócer anciano y exiliado: "Tú no puedes olvidar que naciste en una reducción de indios donde los jesuitas cultivaron hermosos hierbales, huertos y muchos jardines, y que lo lograron domando la feracidad de estas tierras, merced a la disciplina que corrige las pasiones". Introspectiva y crepuscular, la voz que Thorne concede a San Martín es comprometida y profundamente americana.

La Logia de Cádiz, de Jorge Fernández Díaz, 2008 (Planeta)

Se puede decir que es la novela que recuperó el espíritu aventurero, tan característico del siglo XIX, del Libertador sudamericano. Número uno de las listas de libros más vendidos por meses, La Logia de Cádiz presenta a un San Martín en dos tiempos y en dos continentes. Cuando conduce, a inicios del 1800, a los jinetes españoles a la muerte y a la gloria en la batalla de Arjonilla. Y años después, como coronel, mientras dirige a los granaderos contra las tropas españolas. Aquel capitán y ese coronel fueron la misma persona: José de San Martín. En esta ficción basada en una rigurosa investigación, el autor se despega del género de la novela histórica y se vincula a las historias épicas de los héroes literarios. En las secuencias que narran preparativos y desarrollo de batallas, se filtra la historia de la misteriosa Logia de Cádiz, enfocada en un único objetivo: la emancipación americana. "Todo empezó cuando vi que mis hijos adolescentes y sus compañeros detestaban la historia argentina. Me impactó que se interesaran por episodios históricos de Estados Unidos y Europa, a partir de películas de aventuras producidas por la cultura anglosajona, y que desdeñaran, por aburridísimos y confusos, a los héroes nacionales. La versión escolar era tan formal y la transmisión de la épica era tan desganada que la historia argentina se había transformado en eso: un amasijo de fechas, internas políticas y héroes de bronce", confió el autor en una entrevista.

Narrar a San Martín, de Martín Kohan, 2005 (Adriana Hidalgo)

La mirada de un novelista sobre el legendario héroe de la Argentina. Narrar a San Martín es un estudio sobre los relatos canónicos desde comienzos del siglo XIX hasta el siglo pasado, escritos entre otros por Rodolfo Walsh y el Jorge Luis Borges del cuento "Guayaquil". Para Kohan, indagar en la heroicidad de un prócer supone preguntarse por los modos narrativos en que se lo representa. En ese sentido, San Martín fue piedra angular de la nación, según Sarmiento o Mitre; figura mítica, como surge en El santo de la espada, novela histórica de Ricardo Rojas (llevada al cine por Leopoldo Torre Nilsson en 1970), o de índole nacionalista, según la mirada de los historiadores revisionistas a lo largo del siglo XX. "No importa que tan distintas, incluso que tan opuestas, puedan ser estas posiciones en la política o en la historiografía -escribe el autor de Dos veces junio-. Se trate de un brote de nacionalista por derecha o de un retobamiento contra el imperialismo por izquierda, del peronismo o del antiperonismo, de la mesura aparente de la historia liberal o del revanchismo justiciero del revisionismo, no importan esas distancias porque, más allá del juego cruzado, más allá de las hostilidades y de no querer saber nada con el otro, lo más probable es que exista un punto en común, y ese punto en común será siempre José de San Martín". Kohan también escribió el cuento "Muero contento", distribuido por el Plan Nacional de Lectura, que captura los últimos minutos de vida del sargento Cabral, que perdió su vida al salvar la del jefe máximo. Ese relato se puede leer aquí.

José de San Martín. Caballero del principio al fin, de Adela Basch, 2003 (Loqueleo)

En esta simpática obra teatral destinada a los chicos en edad escolar, se presentan episodios de la vida del general José de San Martín de un modo original y dinámico. Mariela, Agustín y Pablo, una maestra y dos maestros de primaria, cuentan la manera en que prepararon una obra de teatro en homenaje a San Martín. Después de descartar un recorrido cronológico, que hubiera convertido la obra en una pieza interminable, optan por elegir distintos momentos de la vida del héroe. Como indica el subtítulo, la obra refleja valores, ideales y, sobre todo, el compromiso con la libertad y la independencia de los pueblos americanos que signaron la vida de San Martín. Aparecen también insinuadas sus dudas y conflictos íntimos. Además de celebrar una herramienta educativa que con los años fue desacreditada (el acto escolar), la obra de Basch asume un aire musical levemente rimado desde el inicio: "Hay quienes piensan que el mundo/ necesita un cambio de rumbo./ Y otros piensan que todo debe seguir siempre igual,/ y que cualquier cambio estaría muy mal./ Pero aunque a muchos no les guste,/ y a otros los asuste,/ ¡surgen ideas de libertad,/ y de que existe el derecho a la igualdad!".

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