Frío fuera del agua: Michael Phelps ayuda a Tiger Woods, pero duda del sentido de su vida

Crédito: Captura TV
Sebastián Fest
(0)
19 de agosto de 2018  • 22:53

Debería vivir eternamente feliz por las 28 medallas olímpicas que cuelgan de su cuello, pero a Michael Phelps le sucede exactamente lo opuesto: son logros que le sigue pesando demasiado. Así, el deportista más exitoso de la historia olímpica es hoy toda una paradoja. Oficia de consejero informal para ayudar a otras grandes estrellas a salir de la depresión, pero no puede evitar la suya propia. Saca del pozo a Tiger Woods y a Grant Hackett y se hunde periódicamente en profundos y personales abismos.

"Me gustaría dejar una marca, me gustaría ser capaz de salvar una vida. Para mí, eso es más importante que ganar una medalla". La frase de Phelps llegó este fin de semana durante una entrevista con la CNN a exactos diez años de la cumbre de su carrera, las ocho medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. "Dos o tres semanas atrás atravesé una fase depresiva que me asustó bastante. Y eso es algo que seguirá pasando en mi vida, pero cuánto mejor me conozca a mí mismo y sepa por qué me pasa esto, mi vida será mejor".

Sombría como suena la frase, Phelps está viendo a sus 33 años una luz que no se adivinaba antes en su túnel. Esa luz pasa por ayudar a los demás. Lo hizo en septiembre de 2017 con uno de los mejores amigos que le dejó la natación, el australiano Hackett. Si tras el retiro Phelps se hundió hasta ser primera plana de los tabloides británicos con una foto en la que se lo veía fumando marihuana de una pipa de agua o bong, lo de Hackett años atrás fue incluso más fuerte. Dos veces oro en los 1.500 metros, ídolo absoluto del deporte aussie, Hackett se emborrachó en la casa de sus padres y generó un violento escándalo. La televisión lo mostró esposado y llegando a la estación de policía. Horas después fue liberado sin cargos, pero no volvió a casa. Neville, su padre, convocó a todos los canales implorando por ayuda: "Grant, decinos dónde estás. Te queremos, queremos ayudarte".

Phelps estaba en París con Nicole, su esposa, pasando el Día de San Valentín. Le llegó un mensaje de texto y no podía creer lo que estaba sucediendo. "Tenemos que convencerlo de que venga a casa con nosotros", repetía una y otra vez, según contó Nicole un año atrás al New York Times. Además del escándalo por la pipa de agua, Phelps había sido detenido en dos ocasiones por exceso de velocidad. Quería y entendía a Hackett, cinco años mayor y con el que se cruzó por primera vez en octubre de 2000, durante los Juegos Olímpicos de Sydney. Tras una catarata demensajes de texto de Phelps, Hackett accedió a visitarlo en Arizona para jugar al golf en una cancha en la que pasaban muchas horas en soledad. Phelps llegó a anotar 84 golpes y Hackett, un golfista ocasional, bajó por primera vez los 100. Por las noches hablaban una o dos horas acerca de su salud mental, se desafiaban en sus propias y oscuras profundidades. Hackett, que triunfo en la natación pese a tener un pulmón disminuido y sufrir mononucleosis, había saltado con éxito del deporte a la vida de retirado. Lideró fondos de inversión, cursó un master y se atrevió con transmisiones de televisión. Paralelamente se cebaba con el alcohol y las pastillas para dormir. Su familia lo abandonó, pero Phelps estuvo ahí para ayudar. Lo mismo hizo con Woods tras el arresto por conducir bajo los efectos de la marihuana y cuatro tipos diferentes de medicamentos.

"Entendí aquello como un enorme grito pidiendo ayuda", dijo Phelps. Y así fue que se convirtió en sostén y consejero de hecho del ex número uno del golf, que este año recuperó parte de su brillo. Ahora es Phelps el que vuelve a necesitar ayuda. No es atrevido apostar a que Hackett y Woods ya acomodaron sus agendas para ir a visitarlo.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?