Comodoro Py: veinte días de adrenalina y tensión en las entrañas de la Justicia Federal

La investigación sobre los sobornos transformó el edificio de Retiro en el centro de atención del poder

Iván Ruiz
(0)
20 de agosto de 2018  

"Sí, disculpen..., ¿para arrepentirse es por acá?", bromeó un abogado habitué de los pasillos de Comodoro Py cuando apenas empezaba el caso de los cuadernos . Fue casi como una premonición, porque ese camino que llega hasta el despacho del juez Claudio Bonadio se convirtió en una procesión que transitaron -con distintos rezos- políticos, empresarios, abogados, periodistas y curiosos.

Euforia. Adrenalina. Ansiedad. Expectativa. Fueron solo algunas de las sensaciones que se les escaparon a los protagonistas de esta apasionante trama: el juez, los fiscales y los imputados, personajes que apenas se dejaron ver, que hablaron con cuentagotas y que se escondieron durante estos últimos 20 días.

Comodoro Py puso quinta a fondo. A un ritmo difícil de seguirle el paso: tres indagatorias en simultáneo, otros dos detenidos que eran trasladados, algún fallo de la Cámara, cuatro o cinco abogados que negociaban la confesión de su cliente y otro ejército de letrados que deambulaba por el edificio para colarse en el expediente de oro. Todo en una sola jornada.

Otros, en cambio, prefirieron no aparecer. Porque los cuadernos de las coimas les pueden subir el precio, pero también convertirse en una mancha que quedará para siempre. ¿Qué hizo el resto de Comodoro Py? Los más laboriosos intentaron quedarse con información que fortalezca sus investigaciones. "Acá, debajo del escritorio, guardo los pochoclos", confesó un juez.

Fueron días que empezaron más temprano y terminaron más tarde de lo habitual. Como el lunes que Ángelo Calcaterra, primo del Presidente, se convirtió a las 7.30 en el primer arrepentido del caso. Como el último viernes, cuando José López -que se quedó hasta las 21- volvió a sorprender con su declaración a pesar de que ya habían pasado una decena de confesores.

Si hasta caminar el edificio se había vuelto un obstáculo. "Señor, por acá no puede pasar porque el piso está cerrado", dijo un agente que había "cerrado" el 5° piso por la presencia de un arrepentido.

Palabras, pocas, pero muchas sonrisas o entrecejos arrugados guiaban algunas de las negociaciones. Cuando el éxito estaba lejos, los abogados ofrecían un diálogo abierto y respuestas en voz baja. Pero si la negociación ya había dado los primeros pasos, solo llegaban lacónicas respuestas por WhatsApp. La sonrisa espontánea se convertía en el moño tras el cierre del acuerdo, que le garantizaba el éxito de sus gestiones. Los cuadernos también incluyeron un nuevo diccionario de palabras vinculadas al mundo de los arrepentidos. Se hizo habitual, por ejemplo, hablar de "homologar el acuerdo" y de "negociar" con un fiscal, una palabra usada históricamente con un acepción negativa en los tribunales. "¿Esto es un Lava Jato a la Argentina? ¿Vos me estás hablando en serio?", cuestionó un fiscal ante la pregunta de este periodista. Y agregó: "Es la misma historia de siempre: en Comodoro Py se investiga al que ya dejó el poder".

Por: Iván Ruiz

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.