"No me banco a mi cuñado pero tengo que disimular frente a mi hermana"

Crédito: Ilustración de Erivil.
Denise Tempone
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21 de agosto de 2018  • 11:23

Aman a una misma persona con el alma, pero hasta ahí llegan las coincidencias. A veces, sus decisiones pueden "salpicarte" y el rol que cumple dentro de la familia, ser desconcertante, pero una cosa es segura: va a ser parte de tu vida por muchos, muchos años más. Abrochate el cinturón, porque vas a tener que aprender a pilotear algunas situaciones.

¿Por qué te saca?

  • Se las sabe todas (o cree sabérselas): no importa si es el asadito del domingo o el bautismo de tu sobrino, cualquier tema se convertirá en una masterclass. Puede que tire datos de fuentes incomprobables, que asegure haberlo estudiado "en la facultad" para concluir que "así son las cosas".

Piloteala: si tenés templanza, sabrás retirarte del juego, no ser oyente ni disputarle el rol de autoridad y simplemente zafar. Pero si tenés predilección por ubicar charlatanes, este desafío será karmático. Si es el hermano de tu chico, tal vez puedas reírte más fácil, pero si es tu hermana la que eligió un marido así, las ganas de decirle "avivate, nena" serán imparables. La idea de "desenmascarar" su ignorancia es tentadora, pero a veces es preferible contenerse.

  • Está en la vereda de enfrente de las cosas cruciales: no hace falta que seas una fervorosa militante en alguna causa: las cosas que creemos suelen filtrarse en lo que hacemos, en cómo vivimos y juzgamos. Por ejemplo, si sos vegetariana y tu cuñado arranca con bombardeos de preguntas y ridiculizaciones cuando decidís sentarte a la mesa con tu ensalada, tofu y chía en lugar de entrarle a un asado.

Piloteala: aunque el diálogo y la tolerancia tienen una fama preciosa, se necesitan dos para que se den y eso no siempre pasa. Con cuñados "inquisidores" de la vida ajena, peor aún. La única clave es administrar los encuentros a lo mínimo y lo más descontextualizados posible. Por ejemplo, encontrarse en restaurantes puede ser una gran manera de evitar que los aires se caldeen demasiado. En general, todos nos rescatamos mucho más cuando estamos en público.

  • Es machista: entre tu cuñado y tu chico, el código es "piratón"; él le pregunta delante de todos si vio "lo buena que está tal", insiste en "salir de caravana" y es el encargado de la catarata de videos porno en el chat de amigotes. Si el machista es la pareja de tu hermana, la experiencia probablemente será el triple de enervante. Es difícil no ponernos en su lugar. Y las cosas empeoran por el contexto. Con la desnaturalización del machismo, es muy difícil no tentarse de sermonear a tu cuñado sobre conceptos como "respeto", "cosificación" y "microviolencia". ¿Tiene sentido?

Piloteala: quizá tenga sentido charlarlo con tu cuñado o ponerle los puntos con algún chispazo que transmita tu posición. Pero quien debe realmente estar enterado de lo que pensás no es tanto él, sino tu pareja o tu hermana, en cada caso. Después de todo, ellos son las personas de tu vida.

  • Es un borrado: es la silla vacía en las reuniones, el llamado que nunca llega en los cumpleaños y la eterna pregunta del "¿en qué andará?". Y se complica más cuando la ausencia te pega a vos: colaborás con tu hermana en la crianza de sus hijos o tenés que ayudar a tu pareja a hacerse cargo de tus suegros porque a nadie más "le pinta".

Piloteala: cuando se convierten en una fuerte desilusión con la que hay que lidiar, hay formas de colaborar. Si es el caso de tu hermana, apoyarla para que pueda asumir la falta y rearmar su vida con una compañía real es tan necesario como ayudarla a resolver lo práctico.

  • Es un barrilete (y no cósmico): "¿Y ahora en qué se metió?". La familia vive en un estado de alerta constante alrededor de su figura. Nada en él es predecible: desde cómo se traslada (¡en moto de carrera!) hasta cuánto dura en un trabajo (¡nada!) y la gente con la que se relaciona (¡danger!), todo en la vida de tu cuñado los mantiene en vilo. Todos giran a su alrededor para ayudarlo con deudas, sacarlo de apuros legales, ubicarlo en la tierra del sentido común o, al menos, no ser "salpicados" por sus insólitas salidas.

Piloteala: ¿hasta dónde podés no meterte? ¿Cuánto podés mantenerte como espectadora? Esa es la brújula que mejor funciona para entender cuál debe ser tu actitud dentro de la dinámica familiar. Si los problemas que él trae no te afectan directamente, entonces reservate opiniones y limitate a dar consejos cuando las personas involucradas te lo pidan. La sangre fría no tiene la mejor prensa, pero eso no significa que a veces no sea la mejor opción.

¿Blanqueamos la mala onda o "polite hasta la muerte"?

Siempre es una buena decisión dejar sentada tu posición, pero la forma de hacerlo tiene grados y matices. Las explosiones en los núcleos familiares no suman, pero la delimitación de ciertos límites sí. Dejar en claro lo que pensás y lo que sentís sobre ciertos temas es importante para que los otros sepan adónde se meten y a quién acudir en caso de que necesiten cierta afinidad. En general, cuando se trata de temas "piloteables", lo mejor es no poner en la mesa la cuestión de lo poco que te bancás a tu cuñado y apelar siempre al humor. Pero esta regla tiene una excepción: cuando tu hermana o tu pareja sufren, claramente por causa de su comportamiento. En ese caso, manifestar tu diferencia y darles apoyo es fundamental.

Experta consultada: Lucila Goldin. Psicóloga. lucilagoldin@fibertel.com.ar .

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