Análisis táctico: partido en donde hay roce y a Boca lo marcan bien, pierde

Christian Leblebidjian
Estudiantes complicó a Boca con un ataque directo; así fue el 2-0 del juvenil Pellegrini
Estudiantes complicó a Boca con un ataque directo; así fue el 2-0 del juvenil Pellegrini Crédito: Captura TV
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20 de agosto de 2018  • 23:59

La frase de Leonardo Jara sonó demasiado dura para un equipo que hacía 617 días que se había adueñado del liderazgo en el fútbol argentino. "Jugamos muy mal. Jugamos a lo que quería Estudiantes. Así va a ser muy difícil ganar la Copa". El mensaje ofrece un disconformismo de arrastre, pero encierra una muy buena visión futbolera: difícilmente Boca pueda conquistar la Libertadores si cada vez que se enfrenta a un rival que le achica los espacios y le presenta un roce mayor y lo marca bien, se descontrola, pierde el eje y el partido. Aclaración: salvo alguna patada puntual que se fue un poco de los límites, Estudiantes se destacó porque jugó con el cuchillo entre los dientes y no solo marcó con tenacidad incluso desde sus mediocampistas de juego como Pellegrini y Rodríguez, sino que tuvo actitud para imponerse y tratar de desequilibrar con velocidad y la pelota parada, en la que ganó posibilidades con la inclusión de Noguera (1m92) por el lesionado Facundo Sánchez en el lateral derecho.

Fue Estudiantes, desde un 4-1-4-1, muy decidido a generar peligro con transiciones rápidas, como la que aplicó en el 2-0 de Pellegrini. Pero no es la primera vez que al Boca de Guillermo Barros Schelotto un rival que le hizo un planteo con más garra y combativo le generó dolores de cabeza. Y si esas estrategias se dan en espacios reducidos, peor para los xeneizes.

En los principales partidos en donde Boca vivió situaciones así fue en los dos cruces por Copa Argentina frente a Rosario Central (2016 y 2017), ante River (por la Supercopa 2018), Racing (en la Bombonera), en 2017 y Argentinos (en La Paternal), dos veces también, en 2016 y 2018. Cada vez que Boca se enfrentó a dificultades mayores, se le complicó, como cuando perdió 2-1 en la altura de Quito vs. Independiente del Valle en la Libertadores de 2016 luego de ir ganando 1-0. También le pasó ante Tigre en Victoria (2016) y Lanús en el Sur (2016), otra vez con Central en Arroyito (2017). ¿Hubo excepciones? Sí, se pudo imponer en esos contextos ante Estudiantes (1-0, en el último certamen) y River, cuando lo venció 2-1 en el Monumental, en 2017.

Boca no pierde porque se deja ganar las divididas o porque le falte personalidad para el choque. No saca la pierna. Ante Estudiantes cometió más infracciones que su rival (23 contra 20, según datos de Opta). Pero no le encuentra la vuelta a esos desarrollos porque carece de un plan B para llegar al gol por otras vías más directas, menos elaboradas de las que le gustan al Mellizo, para lograr saltear esa presión en zona de volantes y generar acciones de peligro en menos toques, para no dejarse avasallar cuando sus figuras están apagadas o cuando los wines o futbolistas más habilidosos no encuentran los espacios para desequilibrar con velocidad y gambetas.

Boca sigue sin resolver un viejo problema. Y el mensaje de Jara no está sacado de contexto. El lateral sabe que en la Copa, si el equipo sigue avanzando, se encontrará cada vez más con esta clase de partidos.

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