Novak Djokovic, de estar groggy a volver a ser un peligro para todos

Fuente: AFP
Sebastián Torok
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20 de agosto de 2018  • 23:59

Una cuarta rueda en el Abierto de Australia. Una derrota ante el 109º del mundo (Taro Daniel), en el debut en Indian Wells. Otra caída en la presentación en Miami. Apenas una tercera ronda en Montecarlo. Caída frente al 140º del tour (Martin Klizan) en el primer desafío en Barcelona. Y solo una segunda rueda en Madrid. Hasta principios de mayo, el futuro de Novak Djokovic era una incógnita. Afuera del top 15 por primera vez en once años, su falta de pimienta asustaba. Operado del codo derecho, fuera de ritmo y sin confianza, el serbio titubeaba en cada court de tenis que pisaba. Los rivales se aprovechaban de lo poco que quedaba de la leyenda. Sin embargo, los grandes campeones tienen memoria. Pueden demorar más o menos tiempo, pero, por lo general, vuelven a hallar el camino (y si no lo hacen, se retiran, algo que aquí no parecía estar evaluándose). Cuatro meses después de aquella amarga despedida en el Masters 1000 de la capital española, Djokovic recobró la presencia en lo más alto del tour.

Semifinales en Roma, cuartos de final en Roland Garros, final en Queen's, título en Wimbledon, 8vos de final en Toronto y trofeo en Cincinnati. Un récord furioso de 27 victorias y solamente 4 derrotas. Con el plus de haber alcanzado, este domingo en el séptimo Masters 1000 de la temporada, el único torneo de esa categoría que le faltaba. El balcánico ascendió directamente del número 10 del ranking al 6 (con 4445 puntos). A una semana del arranque del Abierto de los Estados Unidos, último grande del año, quedó a 1055 puntos del tercer escalón (actualmente propiedad de Juan Martín del Potro), a 2635 del número 2 (Roger Federer), y a 5595 unidades de la cima, propiedad de Rafael Nadal. Pero, claro, Djokovic no defiende puntos hasta el final de la temporada. Sumará todo, ya que no actuó durante el segundo semestre de 2017 por la lesión en el codo que terminó llevándolo al quirófano a principios de año.

Nº 1 de ATP por primera vez en julio de 2011, Djokovic ya parece dispuesto a volver a desafiar a Federer y Nadal, los referentes que, según él mismo, lo han hecho perfeccionarse como tenista. "Roger y Rafa han sido parte integral e importante de mi vida, de mi carrera y de mi evolución", describió el ganador de 13 Grand Slam. "Ellos me hacen jugar mejor al tenis. Me hacen mejorar. Me hicieron pensar en lo que tengo que hacer para tratar de ser el mejor del mundo. No haber jugado con Roger durante más de dos años (NdR: se rompió esa racha el último domingo, en Cincinnati) fue realmente extraño. Fue inusual ya que jugamos muchas veces", amplió Nole, que posee historial a favor frente al suizo (27-25) y también ante Nadal (24-22).

Cero puntos por defender en el US Open, cero en Pekín, cero en Shanghai, cero en Basilea, cero en París-Bercy y cero en la Copa de Maestros de Londres (Nole ya está tercero en la carrera al exclusivo torneo que reúne a los ocho mejores del año). Sin dudas, el jugador que volvió a recurrir a su mentor, el entrenador Marian Vajda, desde abril pasado, tiene todo para terminar 2018 muy arriba.

Nadal, por ejemplo, debe defender 2000 puntos por el título en Flushing Meadows, 600 por la final en Shanghai, 180 por los cuartos de final de París Bercy y 500 por el campeonato en Pekín. Federer tiene que revalidar 600 puntos por las semifinales del Masters de Londres, 360 por los cuartos de final del US Open, 1000 por el título en Shanghai y 500 por el trofeo en Basilea (tiene cero puntos por París-Bercy).

Del Potro, en tanto, debe defender 720 puntos por las semifinales del Abierto de los Estados Unidos, 360 por las semifinales de Shanghai, 180 por los cuartos de París, 300 por la final de Basilea y 250 del título en Estocolmo.

A Djokovic se lo ve feliz y en plenitud física. Está más seguro dentro de la cancha. Volvió a confiar en sus virtudes tenísticas. Le sobran experiencia y oficio. Sabe el respeto que provoca en los adversarios (incluso, en Federer y Nadal). Todo ello genera un combo explosivo que encumbra al serbio como un peligro para todos.

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