Rosalía: una superestrella pop que todavía no rompió el cascarón

Con solo un disco editado y otro en camino, la catalana de 23 años es la gran promesa hispana, con su mix de flamenco, electro y redes sociales
Con solo un disco editado y otro en camino, la catalana de 23 años es la gran promesa hispana, con su mix de flamenco, electro y redes sociales Fuente: Archivo
Alejandro Lingenti
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23 de agosto de 2018  

Hace apenas una semanas, a principios de agosto, el diario español El País publicaba una nota titulada con una pregunta: "¿Por qué Rosalía va a ser la próxima superestrella del pop?". Habían corrido apenas 24 horas del lanzamiento del tercer single de su segundo disco, el esperado El mal querer, de inminente aparición, y el tema ya cosechaba casi un millón de reproducciones, que al día de hoy se han multiplicado por diez. ¿Quién es esta chica nacida en Barcelona que les ha puesto los pelos de punta a los puristas del flamenco, al tiempo que ha conseguido consignar su existencia para millones de jóvenes que nunca lo habían escuchado con atención y despertar el interés de una industria (la discográfica) siempre ávida de nuevos negocios?

Por ahora, se desconoce si la explosión de Rosalía será fugaz, como la de cualquier producto de moda. Pero hay un argumento que genera una expectativa distinta: más allá de su activa presencia en redes sociales y las maniobras usuales de marketing de quienes la acompañan (ver recuadro adentro), hay un repertorio -el de su primer disco, Los Ángeles- que supo tender un puente sólido entre la tradición y el espíritu contemporáneo con canciones de notorio alcance masivo que no por eso dejan de estar llenas de matices muy interesantes.

"Malamente" y "Pienso en tu mirá", primeros cortes de su segundo álbum y capítulos iniciales de la crónica de una triste ruptura amorosa, profundizan, de la mano de El Guincho, la vertiente más pop de la joven de Sant Esteve Sesrovires, un municipio del área metropolitana de Barcelona de menos de diez mil habitantes donde creció escuchando tanto cantes añejos como la música de Kendrick Lamar y James Blake. Ese interés por la actualidad la conectó con Raúl Fernández Miró (Refree), catalán que produjo su disco debut y que pronto estará en Buenos Aires como parte de la banda del ex Sonic Youth Lee Ranaldo.

Con él consiguió darle forma a ese Los Ángeles con el que abordó la titánica tarea de renovar la sangre de clásicos que en su momento interpretaron grandes figuras del flamenco, como Manuel Vallejo, Manolo Caracol y La Niña de los Peines, sin perecer en el intento. Hasta un santo patrono del género como Camarón de la Isla tuvo que tolerar el desprecio de los conservadores (que siguen siendo unos cuantos) cuando se atrevió a la renovación y el cruce de influencias. Pero Rosalía tiene agallas: valiente y provocadora, cerró su primer disco con una tremenda versión de "I See a Darkness", un temazo de una figura de la escena alternativa americana Bonnie Prince Billy, que ya había aprovechado muy bien un prócer como Johnny Cash.

Ahora el plan es arrimarse todavía más a las luces coloridas del pop y el R&B, al mundo de artistas tan populares como Beyoncé y Justin Timberlake, la música que atrapó a Rosalía cuando era adolescente y cuyo influjo, se nota, dura hasta hoy. Con ese objetivo recurrió a El Guincho, músico de Las Palmas afincado hace años en Barcelona que acumuló prestigio con su original concepción maximalista del sonido, heredada de la música de club, el tropicalismo y la edad de oro de la FM. Juntos pergeñaron el estilo de El mal querer, presentado oficialmente en el marco de un festival de orientado mayormente a la electrónica (el Sónar), al que llegó con un show sorprendente en el que presentó un colorido vestuario de star pop (con varios cambios, de hecho) y coreografías desarrolladas con ocho bailarinas en escena.

El flamenco sigue estando en la base de la receta, pero el pulso bailable de los nuevos temas de Rosalía, cargados de sonidos sintéticos, delata que su intención es invertir la lógica que siempre ha primado en el género gitano: en lugar de pretender que su audiencia asuma unas reglas inamovibles, ella acomoda su estilo a las preferencias de la época. ¿Quiere decir que se ha entregado con indolencia a los mandatos del mercado? No necesariamente. La respuesta más precisa se puede ver y escuchar en el sabroso clip de "Malamente", donde las imágenes del viejo mundo de la tauromaquia y las palmas típicas del flamenco se mezclan con autos y motos de última generación y también con los recursos sonoros de la música urbana. Tradición y presente entrelazados en la obra de una artista que está lista para pegar un gran salto internacional en breve.

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