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Directa relación con el desarrollo

Adrián Ventura
Adrián Ventura LA NACION
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21 de junio de 2000  

El desempeño de la Justicia tiene una relación directa con el desarrollo de la economía.

Muchas veces se habla de la necesidad de contar con jueces independientes y eficaces para que la democracia sea sólida y los ciudadanos puedan reclamarle a aquellos que hagan respetar sus derechos frente a terceros.

Pero existe otra visión, menos difundida pero igualmente importante: la incidencia que la calidad del Poder Judicial tiene en el desarrollo del mercado.

El Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia (Fores), que dirige el doctor Germán Garavano, joven pero conocido especialista en temas de administración de Justicia, concluyó una encuesta entre 200 empresas de diversa actividad que facturan más de 5 millones de pesos -el 30 por ciento factura más de 100 millones-.

De ese informe surgen importantes resultados sobre el funcionamiento de la Justicia:

  • El 56 por ciento de las empresas considera que el funcionamiento de la Justicia es regular y el 32 por ciento que es malo.
  • Sólo el 4 por ciento lo considera bueno.

  • Las principales quejas se dirigen a las excesivas demoras de los juicios (75 por ciento) y a los altos costos de litigar ( 69 por ciento), mientras que el 60 por ciento de los empresarios considera que los jueces son imparciales, aunque no los respaldan tanto en cuanto a su previsibilidad.
  • El 93 por ciento de los empresarios considera que el mal funcionamiento judicial tiene incidencia en la economía del país y el 57 por ciento, que repercute directamente en sus empresas.
  • Y el 64 por ciento sostiene que el mejoramiento de la Justicia es uno de los factores que podría desembocar en un aumento de las inversiones.
  • Como se ve, hablar de temas como las relaciones de la Justicia con la calidad de la democracia y con el desarrollo del mercado no son cuestiones abstractas, que sólo interesan a los estudiosos.

    Si un país cuenta con un Poder Judicial sólido, las empresas tendrán más garantías para aumentar sus inversiones, lo que puede también repercutir en un crecimiento de la demanda de trabajo; y los bancos tienen mayor seguridad para prestar dinero más fácilmente y a tasas más bajas, sabiendo que podrán recuperar más ágilmente sus créditos si los deudores no les pagan.

    Un país que parece eternizarse en la categoría de los "en vías de desarrollo", donde la demanda de trabajo no repunta y que tiene dificultades para insertarse en la economía mundial en forma competitiva, debería pensar más seriamente en esas conclusiones.

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