Las damas de la corte

26 de agosto de 2018  

En el castillo de Versalles se elaboraron, entre los siglos 17 y 18, los códigos de representación social que generaron la moda tal como la heredamos, los conceptos y leyes que rigen su funcionamiento y determinan su perfil: una pirámide de jerarquías, desde cuya cúspide el monarca reina también sobre el estilo. " La provincia imita a la ciudad que imita a la corte que imita al rey", observa Vauvenargues, moralista del siglo XVIII. La ciudad es París; la corte, Versalles. Ausentes de la fórmula quedan ciertas mujeres notables de enorme peso en el ámbito de la corte, a saber las sucesivas amantes oficiales de los reyes: de Luis XIV, las más notables fueron Mademoiselle de La Vallière, Madame de Montespan, Mademoiselle de Fontanges y Madame de Maintenon. Con Luis XV determinan el andar de la época Madame de Pompadour y Madame du Barry, amigas de las letras, artes y fasto. Fuera de la influencia que pudieron haber tenido en los asuntos políticos, ejercieron un dominio efectivo en la esfera de las apariencias y en el engranaje de los roles y rangos de la vida de palacio. Modelaban la imagen de la corte, que debía ser el reflejo soberbio de la majestuosidad del rey.

La visión de Versalles debía intimidar y deslumbrar a los visitantes, de cuyos relatos, transmitidos de boca en boca nacería el mito de una potencia radiante. El manejo sabio de las imágenes, lo que cabe llamar la negociación de la estética, es un pivote esencial en la construcción de poder de la monarquía absolutista, que Luis XIV, sin haberla inventado, llevó a su punto extremo.

Códigos. Dolores del Río, ícono de Hollywood, como Madame du Barry, ícono de Versalles Fuente: AFP

Las favoritas, que actuaban en la práctica el rol de la reina, y, tras ellas, una verdadera reina, María Antonieta, irán componiendo un arquetipo femenino alrededor del cual va a girar todo el mundo de la moda de los siglos siguientes: la mujer de estilo, admirada, aplaudida, envidiada, criticada a menudo despiadadamente. Sus vestidos, arreglos y modales, y hasta sus manías son imitados hasta en sus más ínfimos detalles. Madame de Montespan, considerada una gran belleza, adulada por toda la corte, es quien define con mayor nitidez el personaje de la mujer de moda, un ideal social que ha perdurado hasta hace no mucho tiempo, estupenda en su apariencia pero también reputada por su ingenio, su vivacidad mental, su conversación. De las marquesas y condesas y duquesas y princesas y delfinas protagonistas de aquel gran vértice de frivolidad descienden las mujeres -ricas desde ya, no siempre bellas pero ocupadas en cultivar un estilo y adquirir esa pátina de información exigida para alimentar la charla mundana- que quedaron registradas en las páginas de sociales de las revistas del siglo pasado. En el París de los años de altísima frivolidad que precedieron la Segunda Guerra eran conocidas como les dames de Vogue, "en cierto sentido dictadoras de un lujoso y caprichoso modo de vida", según Bettina Ballard, redactora de Vogue, testigo de la época.

Todas ellas, a través de los siglos, debían hacer patente su posición en la cima de las jerarquías, rodeadas de un estrecho círculo de favoritxs. Sus placeres y celebraciones se hacían más deseables por ser exclusivos y sus preferencias, en ropas, comidas, lugares, lecturas, lenguaje, se convertían en reglas a seguir, que la mujer de moda y su entourage abandonaban apenas otros las adoptaban. La moda calcó los mecanismos de esa clase por y para la cual había surgido: la fascinación por las alturas sociales, los gustos basados en antojos, las predilecciones arbitrarias, el culto de la apariencia, el consumo ostensible, el vaivén de las reglas que en un tris vuelven caduco lo vigente. En efecto, no fue una fijación personal con los moños lo que llevó a Luis XIV a alentar y explotar la moda y sus vaivenes. Al contrario, la frivolidad que organizó y alentó formaban parte nada menos que de su proyecto político. Como veremos en la próxima entrega.

El autor ha colaborado en Vogue Paris, Vogue Italia, L'Uomo Vogue, Vanity Fair y Andy Warhol's Interview Magazine, entre otras revistas

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