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Grandes Esperanzas

Vendía pan casero en la calle y hoy está a punto de cumplir su sueño de viajar hasta Alaska en su auto

Jimena Barrionuevo
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24 de agosto de 2018  • 08:08

La infancia de Mariano (37) transcurrió entre renacuajos de la zanja de la puerta de su casa, barriletes y los autitos que su mamá le compraba en la feria de los domingos cuando lograba separar algo de dinero. Soñana con ser camionero y conducir grandes vehículos; soñaba que, algún día, todo iba a pasar. Su padre los había abandonado cuando él tenía tan solo cinco años. Y, aunque muy a menudo la realidad lo llamaba de regreso a la dura rutina en ese barrio humilde de San Justo, que lindaba con la villa Puerta de Hierro, Mariano se aferraba a su sueño y dejaba volar su imaginación. "Mi papá nos abandonó cuando yo tenía cinco años, mi hermano enfermo de leucemia 11 y mi hermana 13. Nuestra madre luchó incansablemente para sacarnos adelante y, a pesar de que llegamos a reunir el dinero del trasplante de mi hermano, él falleció de todos modos. Era el gobierno de Raúl Alfonsín y la híper inflación no nos daba respiro. Vendíamos pan casero en la calle y mamá trabajaba limpiando casas".

Los años pasaron. El tiempo sanó algunas heridas y, empujado siempre por el espíritu imbatible de su madre, Mariano logró superar esa triste etapa de su vida. El recuerdo de su hermano fallecido le daba las fuerzas para no bajar los brazos. "Mi adolescencia y pre-adolescencia fueron muy lindas. Terminando la escuela primaria siempre estaba con mi amigo Cristian jugando y dando vueltas por el barrio, luego comencé la secundaria en el Nacional de Danzas N°1 y allí vi por primera vez a Analía, el amor de mi vida. Esa época era de festivales, teatros, bailes en escuelas en las fechas patrias. Los docentes eran como nuestros padres, pasábamos más tiempo en la escuela que en casa". En esa escuela Mariano también hizo una maestría en Danzas Folklóricas e Instrumentos Autóctonos.

Mariano llevaba en la sangre la pasión por viajar, conocer otras culturas y lugares. Cuando finalizó sus estudios, consiguió trabajo en Taragüi, Establecimiento Las Marias como supervisor regional, lo que lo llevó a cumplir su sueño de estar siempre en movimiento y en contacto con lo nuevo y diferente. La vida le estaba sonriendo. Además de tener un empleo estable, Mariano estaba a punto de formalizar la relación con su novia de ese entonces. Pero una vuelta del destino quiso que las redes sociales lo reencontraran con Analía, esa chica dulce que había sido su compañera de escuela y que lo había cautivado en la adolescencia. "En cuanto la vi en Facebook, volví a sentir eso que sentí a los 13 años. Chateamos, hablamos y nos confesamos lo que sentíamos el uno por el otro. Yo dejé todo y nos jugamos por construir una vida juntos".

Puentes de esperanza

Y así lo hicieron. Formaron una familia y fruto de su amor tuvieron a Zoe (8) y Naiquen (6). Y, en 2014 le dieron forma a otro sueño, era un sueño nómade que los quería llevar lejos. "Salimos de viaje en auto a Brasil y le dije a mi esposa: vas a ver que cuando pises la ruta no la vas a querer dejar. Ella había viajado poco y la ruta la enamoró. Y así fue que empezamos a pensar en la posibilidad de vivir viajando y educar a nuestras hijas mediante el sistema de educacion a distancia del gobierno (Sead). Lo único que teníamos en ese momento era un Ford Fiesta 97 y soñábamos con comprar un eje algun día, para fabricar un chasis en el cual fabricar una casilla rodante y engancharla a nuestra cucaracha naranja".

Los años pasaron y la rutina del trabajo, la escuela y las tareas en la casa alejaron aquel deseo del punto tangible. Pero Mariano y Analía sabían que a ellos les faltaba algo, que no se sentían completos con la vida que llevaban a pesar de tener hijas sanas, un techo donde vivir y de estar empleados. "Cada vez que veíamos una familia viajera haciendo lo que deseábamos, llorabamos de amor, de deseo por lo mismo". En esos años, sin darse cuenta, sin pensar que algún día con mucha fuerza se lo habían pedido al universo, Mariano había construido un trailer de 2.50 metros de largo 0km con una rampa que él usaba para trabajar. Además habían comprado una minivan Honda Odyssey de 6 plazas.

Mariano se define como un autodidacta y armó él solo el vehículo que los va a acompañar en su travesía
Mariano se define como un autodidacta y armó él solo el vehículo que los va a acompañar en su travesía

"Fue entonces cuando Herman Zapp de la Familia Zapp -una de las familias itinerantes más famosas, que lleva 18 años recorriendo el continente, nos invita a su casa en una de sus visitas a la Argentina para ser parte de la oganizacion de una gran juntada de viajeros de todo el pais. Nosotros los seguíamos por Facebook y no dudamos en decir que sí cuando nos contactaron para formar parte de la experiencia. Eso nos hizo despertar. Pusimos fecha de partida y vendimos todo (o casi todo) y en septiembre de este año partiremos rumbo al norte del país recorriendo todo el continente hasta llegar a Alaska si podemos y nos otorgan los visados de Estados Unidos y Canadá".

Mariano junto a Herman Zapp, referente en viajes que recorre junto a su familia el mundo en un auto de 1928. "Conocerlo fue como estar con tu estrella de rock favorita", aseguró Mariano.
Mariano junto a Herman Zapp, referente en viajes que recorre junto a su familia el mundo en un auto de 1928. "Conocerlo fue como estar con tu estrella de rock favorita", aseguró Mariano.

La travesía que se proponen no es fácil, pero tienen confianza en que van a poder lograrlo. Planean trabajar en el camino con las hornallas a alcohol para camping que Mariano tiene patentadas desde 2014 bajo la marca Ekococina. Después del secundario no continuó sus estudios pero se define como un autodidacta: aprendió herrería, diseño gráfico y diseño de productos. Analía, su esposa, es instructora oficial de zumba y tiene pensado dar clases y organizar eventos en algunos de los países que visiten. Ambos bailan tango también y tienen merchandising de su sueño -al que bautizaron " Vibrando kilómetros"- (remeras, cuadernos, libretas, llaveros, etc) que venderán en el camino. También buscan patrocinadores para que su viaje sea un poco más "liviano" en cuanto a lo económico.

"Mi mamá Ramona (67) fue la inspiradora siempre de nuestros logros y fortalezas. Nació en el Chaco en la cosecha de algodón, ya que mi abuelo era cosechador golondrina (quizás de ahí también arrastro en la sangre el deseo de moverme constantemente de lugar en lugar). Tuvo una vida dura pero nos enseñó que siempre, aunque estemos de rodillas, siempre existe un poco de fuerza para gritar desde adentro bien fuerte, ponerte de pie y responderle con otro derechazo a la vida. Ella siempre me apoyó en todas mis ideas y creo que eso es clave para formar un niño que, de adulto, no tendrá prejuicios, inferioridad o dudas con respecto a sí mismo. No existen sueños grandes, nada es imposible a pesar que salgas de abajo de todo, del hueco, del agujero. Todo depende de uno, y de las ganas, de la fortaleza interior y de la manera que tengas de despejar tu cabeza y hacerte mentor de vos mismo".

Si tenés una historia propia, de algún familiar o conocido y la querés compartir, escribinos a GrandesEsperanzas@lanacion.com.ar

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