Secretos de la arquitectura porteña: la galería Bond Street

23 de agosto de 2018  

Dónde queda

Es vecina de la descuidada Galería Santa Fe como un espejo de la desolación frente a la vitalidad de la juventud. La Bond Street queda al 1670 de la avenida Santa Fe y cuenta con otra entrada a la vuelta, sobre la calle Rodríguez Peña.

Por qué la elegimos

Porque es una de las pocas galerías que conserva la mayoría de sus locales alquilados gracias a una estética alternativa renovada de manera constante por tribus urbanas juveniles, que evitan la muerte lenta que atraviesan hoy otras estructuras porteñas de este estilo. Inaugurada en 1963, con más de medio siglo de historia, la Bond Street continúa siendo la catedral de los espíritus rebeldes y outsiders.

El dato

Después de pensar algunos nombres en francés, paradójicamente la galería fue llamada así con el propósito de imitar el glamour de la Bond Street londinense, pero algo no salió tan bien de acuerdo con lo esperado.

Fuente: Brando Crédito: Claudio Larrea

Funcionan. Aunque parezca mentira, las dos escaleras mecánicas de la galería que conectan la planta baja con el subsuelo funcionan, y su mecánica es lenta con sus cientos de intervenciones, pero te llevan de un piso a otro. Bien por ellas.

Fuente: Archivo Crédito: Claudio Larrea

Street Art. Desde la entrada, la galería se encuentra intervenida por toda clase de gráficos, ilustraciones y dibujos, que logran inquietar e intimidar a más de uno de los novatos y distraídos visitantes que recibe el lugar a diario.Es la meca de los tatuajes, del piercing, de la moda y de la música alternativa, del fetichismo retro y del cómic, además de contar con locales que son templos para skaters y ciclistas junto con todo lo que trae consigo la cultura cannábica.

Fuente: Brando Crédito: Claudio Larrea

Arquitectura oculta. Para descubrir el estilo de esta galería hay que estar atento a los detalles que remiten a la década de su inauguración, los 60, con pisos y solados de mosaicos graníticos y juntas doradas, y carpintería de bronce en los marcos de los locales, en las vidrieras de los locales, que en muchos casos están pintados de colores e invisibilizados.

Fuente: Archivo Crédito: Claudio Larrea

Marca de época. Al igual que en muchas de las galerías de estos años, su funcionamiento está basado en sucesivas plantas que se separan de la cota de vereda mediante medios niveles. Cada piso tiene sus pasarelas, las cuales están delimitadas en ambos laterales por los locales. La vinculación vertical está dada por una serie de escaleras; su silueta impúdica y sus barandas de vidrio y pasamanos de bronce exponen detalles de calidad de la arquitectura de época. En el centro, una triple altura nos permite observar la dinámica de la circulación. La tipografía en cursiva dorada con bordes negros tiene más de 50 años y es la original.

Fuente: Archivo Crédito: Claudio Larrea

Arte urbano. Sin duda, el mayor valor de la Bond Street, junto con el valor simbólico de ser la meca de la cultura alternativa porteña, son las piezas de arte urbano que hay en sus pasillos.

Fuente: Archivo Crédito: Claudio Larrea

Hay grafitis e ilustraciones que parecieran esconderse detrás de otros más nuevos, mientras que sobre algunas de las placas del mármol que recubren las paredes de la galería aparecen obras completas como altares de colores saturados a los que dan ganas de dejarles flores y velas a modo de ofrenda.

Fuente: Archivo Crédito: Claudio Larrea

A mediados de los 80, el legendario periodista Alfredo Rosso inauguró una disquería, que tuvo entre sus clientes al Indio Solari y a Skay Beilinson, de los Redondos.

La luminaria. A excepción del cielorraso del último piso -donde hay conos sustraídos del techo que simulan esferas con luces empotradas que generan una iluminación mínima y difusa-, no quedan artefactos de luz originales, de su primera época de funcionamiento. Hoy reinan las luces de neón y los tubos de luz blanca.

Fuente: Archivo Crédito: Claudio Larrea

Elegido por:

Rodrigo Ruiz Medina y Clara Miguens

Juntos conforman el Estudio RM2, especializado en planificación urbana y diseño del espacio público. Rodrigo Ruiz Medina es arquitecto y Clara Miguens es licenciada en planificación y diseño del paisaje. Se desempeñan como consultores y asesores en proyectos de espacio público de distintas escalas y temáticas. Sus trabajos en el sector privado van desde viviendas unifamiliares hasta desarrollos de proyectos urbanos a escala barrial. Participan de concursos nacionales e internacionales y obtuvieron premios en varias oportunidades.

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