Hice 132 km del Camino de Santiago y estas son mis recomendaciones

Si te picó el bichito de convertirte en peregrina, te pasamos la posta del camino, una guía bien práctica para empezar a caminar. Fuente: OHLALÁ! Crédito: Revista Lugares
27 de agosto de 2018  • 16:18

Hace exactamente un año, hice el Camino de Santiago con tres amigas. No tenía ninguna expectativa, sin embargo, se convirtió en el mejor viaje de mi vida. Creo que lo que más me conmovió fue esa mezcla de movimiento, amistad, naturaleza y mística.

El espíritu de cada peregrino queda atesorado entre los robles, los manzanos, los riachos, los puentecitos mágicos, entre las piedras de las construcciones medievales, y lo revivís cada vez que, al cruzarte con alguien, decís al unísono: "¡Buen camino!".

Esta nota es un rejunte de recomendaciones, que se sumaron a las primeras que tuve en mis manos, las que escribió mi papá, que había hecho el Camino antes. Incluso desoímos algunas de sus recomendaciones paternales, solo de rebeldes, pero en el segundo tramo aplicamos todas al pie de la letra. Porque "caminante, no hay camino, se hace camino al andar", y el que sabe, sabe.

Crédito: Sole Simond y Kenta Delger

La previa

Cada camino se hace a medida, nosotras recorrimos 132 km. No todas estábamos entrenadas y llegamos igual, así que no tengas miedo, solo seguí estas instrucciones para disfrutar la travesía. Lo primero es que planifiques tu viaje según tus fechas y disponibilidad: www.caminodesantiago.gal/es.

Comienza el recorrido

Suponiendo que tu viaje por España tuvo otras escalas, estás cargando con una valija grande. Por eso, conviene llegar con el avión a Santiago, donde podés dejar el equipaje en consignación en el hotel donde te vas a alojar al final del Camino. Ahí vas a armar una mochila o bolso (tamaño carry on) con lo mínimo para todos los días de recorrido y, más liviana, vas a tomarte un micro hasta el pueblo donde arrancás (idealmente no llegues un domingo, porque no hay buses internos, en ese caso vas a tener que tomarte un remís).

Seguí las flechas es la consigna, y no hay manera de perderte. Crédito: Sole Simond y Kenta Delger

¿Qué llevo conmigo?

Muchos caminantes, en plan mochileros, llevan la mochila con ellos. Sin embargo, hay taxis que por ?3 o 5 por bulto te la llevan al próximo destino. ¿Qué debe tener? Un par de cambios de ropa además de la puesta. No te olvides: una capa de lluvia (por si llueve), una toalla de acampe (esas de secado rápido), sombrero (la gorra está OK, pero ¡ponete protector solar en la nuca!), anteojos para sol, protector, un kit de belleza con lo necesario. Si tenés bastones de trekking, podés llevarlos, pero si no, te buscás un palo tipo hobbit en el camino, ¡incluso se venden por ?1! Quizá tengas temperaturas de entre 13 y 16 grados a la mañana temprano: por eso, conviene llevar una primera piel o buzo polar. No pesa, y te lo sacás en cuanto sube el calor.

Lo que nadie te dice es que lleves unas ojotas para descansar los pies en el final de cada etapa, un par de soleritos para cambiar la energía cuando llegás y salir a recorrer cada pueblo. Y, para cuando terminás finalmente en Santiago, que es una súper ciudad, algo con onda, porque te juro que la onda trekking no te la bancás más.

Alojamiento y comida

Un buen desayuno a mitad del día te vuelve a llenar de energía. Crédito: Sole Simond y Kenta Delger

Reservá todo de antemano, así caminás tranquila. Los albergues de camino (espacios tipo hostel con muchas cuchetas, baños unisex compartidos, etc.) cuestan ?10 aproximadamente por persona. Pero si viajás con amigas, conviene contratar hoteles de 2/3 estrellas donde, por ?50/60, pueden alquilar una habitación para 4, con baño privado y, a veces, desayuno incluido. Clave: que el hotel de Santiago sea cómodo, con buena infraestructura, porque es preferible gastar un poco más allí, adonde vas a llegar agotada (a veces con dolores musculares o ampollas) por los más de 100 kilómetros de caminata. Todos los albergues donde paramos tenían cocina, así que casi nunca comimos afuera, sino que comprábamos lo necesario en cada pueblo y cargábamos el aceite de oliva, por ejemplo. ¡Ah! En casi todos había lavarropas, y lavábamos; con tanto calor, se seca en un par de horas.

Rituales

El ritual más conocido es cargar piedras que representen los buenos deseos de las personas que querés o a veces algo que necesitan dejar atrás, la idea es que las cargues por todo el trayecto en la mochila y encuentres un lugar especial donde dejarlas en el destino final.

Además, no te olvides de pedir en el primer pueblo tu pasaporte del peregrino, donde podés ir recopilando sellos de cada pueblo. Así, al llegar a Santiago, vas a poder pedir tu Compostela, que es un certificado de que sos una auténtica caminante.

Justo a la mitad del camino, el sendero se vuelve amarillo, como una epifanía del Mago de Oz. Crédito: Sole Simond y Kenta Delger

Primeros auxilios

En la primera farmacia a mano comprate parches para ampollas (Urgo o Compeed), ¡es mejor prevenir!, y vaselina en crema. ¿Para qué? Justamente para evitar ampollas. Antes de salir, envaselinate bien los pies, ponete las medias y atate bien las zapatillas: esto evita el roce. Si te lesionás o no te sentís bien en pleno trayecto entre una etapa y otra, no pasa nada: pedís un taxi (los encontrás en cada pueblito que atravesás, que son varios, no solo los de los puntos de llegada) y así esperás al grupo en el siguiente destino.

A caminar

En temporada alta, verano, hay cientos de personas. Como cada etapa te va a llevar entre 4 y 5 horas, te conviene salir al alba. Levantarse antes de las 6, desayunar bien, ir al baño (así me lo escribió mi papá, jajaja) y salir. Si arrancás antes de las 7, vas a llegar a destino entre las 11 y las 12. Hace calor, pero ya estás por llegar. En cambio, si caminás al mediodía, te vas a insolar.

Las primeras etapas del trayecto son cansadoras para las rodillas. Mucha subida y bajada. Por eso, es clave hidratarse bien, elongar y descansar a mitad de camino con un buen segundo desayuno con café con leche, tostadas y huevos.

Kit del caminante

Siempre podés estirar, descansar las piernas, parar a comer algún snack. Crédito: Revista Lugares.

Buzo polar: para cuando salís temprano.

Remera: para cuando te agarra el calor del mediodía.

Rompeviento: camperita liviana.

Rompeviento: camperita liviana.

Medias de running: sin costura y reforzadas.

Zapatillas ya usadas: sin capellada, ideales las que son de tejido elástico que se adaptan al pie.

Mochilita: llevá una botella de agua (igual encontrás agua y comida por todo el camino), la toalla (porque a veces el taxi con el bolso llega un poco más tarde y vos ansiás darte un baño no bien entrás al cuarto), la plata y documentos, algo para cambiarte, el protector solar y las ojotas. Si sabés que va a llover (los pronósticos son muy fiables), cargá también la capa de plástico.

Solo nos queda decirte: ¡ánimo y buen Camino! .

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