Detenerse para ser más lúcidos

26 de agosto de 2018  

"No sé si en español es así. Pero el inglés tiene dos términos para la soledad, aunque mucha gente no distingue la diferencia: loneliness y solitude. Cuando experimentás lo que llamamos solitude, estás en un particular lugar de paz; cuando experimentás loneliness, estás en un espacio de ansiedad, ahí sí que estás solo. Hay que atravesar esos dos espacios para entenderlos".

Quien así habla no es ni un gurú de la meditación ni un filósofo ni un obsesivo de las vueltas del lenguaje. Es un cineasta, el norteamericano James Benning. La reflexión sobre los distintos grados de la soledad surge a partir de los trabajos que realizó sobre dos cabañas particularmente célebres en territorio norteamericano: la que perteneció a Henry David Thoreau y la que albergó a Ted Kaczynski, más conocido como el Unabomber.

Benning estuvo en Buenos Aires hace unos días, invitado por el Programa de Cine de la UTDT, que organizó una masterclass y un ciclo de proyecciones en el Centro Cultural Recoleta que concluirá el próximo viernes. Aunque poco conocido para el público masivo, Benning es un referente del cine experimental y de autor dentro y fuera de Estados Unidos: hay quien ve la huella de este realizador de 76 años en parte de la obra del iraní Abbas Kiarostami, así como en Chantal Akerman o Michael Haneke.

Hay algo de docente y de lejano cowboy en el hombre de cabello largo y canoso, camisa a cuadros y jeans que, como lo pudieron comprobar quienes lo conocieron en su paso por la Argentina, ha hecho de la imagen fílmica mucho más que simple registro o búsqueda estética. Internarse en el universo de Benning supone una experiencia contemplativa, expresiva e incluso sutilmente política. El gran tema de películas como 13 Lakes o Ten Skies, entre otras, es el tiempo y la conexión con un entorno que va más allá del paisaje. Benning trabaja con cámara fija, planos largos y el desafío de olvidarse de peripecias, narración y vértigo para concentrarse en la contemplación de, por caso, un grupo de árboles y los diminutos cambios que sobre ellos realizan la luz o el viento. "El cine es una investigación -comenta Benning- . En el cine tradicional, el que existía unos cien años atrás, las cámaras grababan cosas sobre el tiempo, reclamaban prestar atención, observar, aprender. Ser paciente".

Aunque hace rato que su filmografía está digitalizada y disponible en DVD, sus películas piden ser vistas en sala de cine. Sólo así, en esa oscuridad amniótica que el siglo XX nos supo dar, es posible escapar a la dispersión y sumergirse en la particular experiencia sensorial que propone Benning. Difícil no pensar en la juventud activista de este hombre que no medita pero que hace de la observación, el trabajo y el aprendizaje un proyecto expresivo: en un mundo donde todo lleva al vértigo y la conectividad permanente, el simple ejercicio de la detención podría ser entendido -no por nada Thoreau, Kaczynski- como un gesto político. "Me interesa la idea de la soledad. Estar en calma -explica-. Dejar los pensamientos. ¿Qué podemos aprender de esa quietud? Todavía trabajo en eso".

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