Reseña: El arte de la ficción, de James Salter

Reflexiones tardías de un valiente idiota
Pedro B. Rey
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26 de agosto de 2018  

James Salter (1925-2015) fue piloto y combatió en la Guerra de Corea. Cuando renunció a las fuerzas aéreas de su país con la idea de volverse escritor fue a contárselo a un antiguo teniente coronel al que apreciaba. Su exjefe lo sorprendió con una frase perfecta : "Valiente idiota", le dijo a modo de contradictorio aliento. Salter recuerda la anécdota que lo lanzó al páramo de la literatura en El arte de la ficción, que reúne tres conferencias que dio en una universidad hacia el final de su larga vida. Son palabras conversadas, casi una distraída charla TED sin caminatas ni estridencias.

El gran narrador estadounidense -autor del ya clásico Juego y distracción (1967) y la exacta y tardía Todo lo que hay (2013)- comenta al pasar el lento armado de sus libros, pero se centra más en sus lecturas. El arte de la ficción podría llevar un subtítulo génerico, "Consejos a un joven novelista", si no fuera porque no hay más recomendación que prever que la aventura de escribir es un proceso algo árido, o que no hay que temer, al comienzo, mimetizarse con un estilo ajeno. El estilo ( "la voz", prefiere) es a su entender la clave de todo. A Salter se lo podría calibrar como mediador entre Hemingway y Flaubert. Del primero saca su talento elíptico; del segundo, la pasión por le mot juste. La mitad de los autores que cita son franceses (de Céline a Sartre), lo que lo vuelve un raro espécimen americano. El contrapunto lo marcan, entre otros, Isaak Babel, Borges (apenas) y algunos de sus connacionales: Theodore Dreiser, Saul Bellow y -en una anécdota in absentia- un tal Kerouac, que iba a su mismo colegio. Breve, brevísimo, pero imperdible

El arte de la ficción

Por James Salter

Salamandra. Trad.: Eugenia Vázquez Nacarino 112 págs./ $ 289

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